De mi Diario / Semana 39 / 2016

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La nostalgia es una gaveta que mejor no abrimos nunca porque nunca podremos llegar a cerrarla solos.

 

Weiß/Colonia, 19.9.

0:20 am : Arne Dahl y el Grupo A de la policía de Estocolmo, un dúo imbatible. Gracias a los dioses los tenemos de nuevo en la programación. Por cierto, ¿le habrán encontrado ya un dios, o bien una diosa, a la TV? Apostaría por Hermes.

 

Vía email, me piden de la oficina de turismo de Berlín, afiliada a la NSA, que les cuente mis impresiones del viaje a la capital. Respondo lo siguiente: «Berlín de siempre me ha parecido provinciana, y creo que lo es, una aglomeración de aldeas con ínfulas colosalistas. Se nota hasta en las porciones que sirven en los restaurantes, platos dignos del hambre de Gargantúa y que espantan y le quitan a uno las ganas de comer. Amén de ello, las personas con dificultades de locomoción como yo, p. ej., padecen la existencia de un sistema de trenes de superficie y subterráneos cuyas estaciones carecen en una inmensa mayoría de ascensores, y las que poseen escaleras mecánicas lo general es que las tengan sólo entre dos de los tres niveles… además de estar muchísimas de ellas fuera de servicio. Y en lo que se refiere al aeropuerto de Schönefeld es INFAME, dentro de él uno se cree en un aeródromo no ya del Tercer Mundo sino del Quinto Patio; no volaré jamás a él en todo lo que me resta de vida, suponiendo que alguna vez regrese a Berlín, lo que no deseo, ni creo, ni espero. Amén».

 

Le he dado un repaso a los diarios acumulados mientras estuvimos en Berlín, y en la edición del fin de semana encuentro una entrevista a toda plana con Oliver Stone. El pobre hombre tuvo que filmar casi toda su peli sobre Snowden fuera de los Estados Unidos, ese país campeón de los derechos humanos, entre ellos el de expresión. Y Stone filmó gran parte de esa peli aquí, en Alemania, concretamente en Múnich. Ahora vino al estreno alemán del film y la entrevista no tiene pierde. Por ejemplo al hablar de la desilusión que Obama ha supuesto para él: «Hubiera debido emplear mejor los primeros cien días de su presidencia. Y también pararles los pies a los republicanos. En vez de eso trató de atraerlos, con la consecuencia de adormilarse una y otra vez. Fue un gran error. Yo hubiera deseado algo del espíritu de Roosevelt. Él dijo de los republicanos: “Pueden odiarme cuanto les guste». Y también dijo: “Los Bancos y Wall Street pueden odiarme tranquilamente”. ¡Eso sí que son declaraciones de guerra!»

 

Frank Nägele, uno de mis columnistas preferidos, publicó en el diario mientras estábamos en Berlín un texto hablando de la situación actual en Alemania, con especial hincapié en el tema de los refugiados y dice que hay una gran diferencia con la situación de hace casi un año: «Del estado de excepción hemos pasado al de permanencia, que paulatinamente pierde su histeria porque nadie puede estar histérico a lo largo de 24 horas, siete días y doce meses. Ni siquiera la ciudadanía alemana», remata, irónica y acertadamente. Y al final de su columna cita a un grande entre los grandes, Karl Kraus: «La vida sigue adelante. Más de lo que está permitido».          

                                                                                          

Weiß/Colonia, 20.9.

A veces me quedo muy desconcertado con las reacciones de los lectores de mi diario. Hay ocasiones en que me escriben agitando el botafumeiro y entonando panegíricos dignos de la pluma de Pìndaro y a mí me parece que no es para tanto, y hay ocasiones como esta, en que me parece que la cuadré bien cuadrada (sobre todo teniendo en cuenta que lo que hice en los días berlineses fue apuntar nada más que palabras–clave, como en Huelva cuando viajamos con Oskar para la Semana Santa), y una escueta reacción es: «Bueno tu registro de la semana y en especial los días berlineses». A los lectores no hay manera de ubicarles el baremo del gusto.

 

A La Modicana con Claudia, ya regresada de Colombia. Es una alegría tenerla de regreso en Colonia, y ahora va a ser por un tiempito largo porque su próxima performance tendrá lugar en Bonn. Eso nos hace esperar que almorzaremos varios martes en su compañía, y en verdad que es un gusto platicar con ella, siempre tan llena de ideas novedosas, de ingeniosidades inéditas.

 

De las cosas que olvidé anotar en Berlín: una luna llena que parecía un queso al alcance de la mano; los carteles anunciando la opereta Frau Luna o el comentario que dejé en el registro del hotel acama, donde nos alojamos: «Lo único que en verdad no nos gustó es la falta de educación de la gente joven que se alojaba al mismo tiempo que nosotros y que se divertían apretando todos los botones del ascensor, de tal manera que muchos viajes en él se convertían en una tortura. Claro está que no es culpa del hotel, pero sí podría su direcciòn llamarles la atención a esos jóvenes tan «graciosos» con algún cartel ad hoc». ¿Graciosos? ¡Hijueputas!

 

Recuerdo asimismo ahora, la alegre sorpresa de Elsye Suquilanda, a la puerta de La Rayuela, cuando le elogié a Esther El éxodo de Yangana, una de las mejores novelas escritas nunca en América Latina, y tanto ella como don Ángel Felicísimo Rojas infelizmente desconocidos en el resto del continente. Elsye, tocada en su amor a la patria ecuatoriana, le prometió a Esther que se la prestaría, espero que lo haga, y sé que a Esther le va a impresionar el ritmo épico de esa prosa anterior y pionera del realismo mágico. Tuve la suerte –para mí todo un honor– de cartearme con don Ángel, en sus últimos años, y de que me enviase una grabación de su voz para el Archivo de la Palabra en la Radio Deutsche Welle. Allí debe seguir como uno más de los tantos tesoros que dejé como recuerdo de mi paso por sus estudios y dos de sus redacciones.

 

Me escribe Beatriz desde Berlín para decirme que quiere disculparse por no haber asistido a mi charla sobre Mafalda, «a pesar de que te había confirmado mi presencia. Bueno, imagino que, como decías, te habían anunciado muchos amigos y conocidos tuyos que llegarían a La Rayuela y así no has tenido que notar mi ausencia. De todos modos va mi disculpa». Le contesto: «No problem, Beatriz. Verdad es que eché de menos tu presencia. Pero no menos verdad es que si hubieses acudido a lo mejor (a lo peor) no te habría reconocido, porque tan sólo nos hemos encontrado una vez en la vida y mi memoria visual es igual a cero. Piensa que reconozco a mi esposa sólo porque la veo a díario, con eso te lo digo todo».

 

Weiß/Colonia, 21.9.

2:25 am : Terminan de pasar Las vacaciones de Monsieur Hulot. Creo que quienes vivimos en este país todavía no hemos terminado de darnos cuenta de qué bendición celestial es poseer un sistema de TV público tan barato y tan bueno. Pero no faltará quien se queje: las dos patas en que se afirma el homo sapiens alemán son la queja y una póliza de seguros omnincluyente (si fuese legalmente posible se asegurarían hasta la inmortalidá). Por lo demás, vuelve a quedarme claro que tanto Monsieur Hulot como el cartero de Jour de fête, y este aún más, ambos son, no una caricatura, sino una personificación del general De Gaulle, en todo lo que tuvo de ridículo, es decir, de humano. Hasta el black out de decirle a Malraux, en relación con Sartre, que a un Voltaire no se le fusila. Y es que no tenía la más puta idea de quién fue don Paco María Arouet, y todavía menos de quién era el enano colgado de las faldas de la Beauvoir, que esa sí que sí era digna de Voltaire y un par de pesos pesados de la misma categoría. De lo único de que De Gaulle tenía idea es de lo difícil que es gobernar a un país con equis clases de distintos quesos. Pobre imbécil, lo mismo podrían haber dicho sus colegas suizos, españoles, italianos, etc. etc. Su mérito, si acaso, consiste en haber sido el primero en reconocerlo públicamente.

 

A las 9:00 am visita del Dr. Ruppert, que llega en moto de su turno en la clínica donde gana el sueldo fijo para el pan nuestro de cada día. Mientras me extrae sangre para el control regular de cada tantos meses, Diny le pregunta si mi cansancio y apatía de estos últimos tiempos no se deberán quizás a una diabetes. El Dr. hojea concienzudamente mi fólder con el contenido de diez años (nos conocimos el 11.6.2006, cuando hicimos venir un médico de urgencia, y fue él, quien me diagnosticó un feroz ataque de gota), y tras repasar mi historial tranquiliza a Diny, ni sombra de diabetes ni nada en el hígado sino la evidencia de que bebo whisky asiduamente.

 

Weiß/Colonia, 22.9.

2:00 am : Una vez más la impresionante producción de Bernd Eichinger sobre la sedicente Banda Baader–Meinhoff, y antes la peli Los hombres que miraban fijamente a las cabras, con la que me parece que la producción de Eichinger tiene un canal de lectura subrepticio.     

 

Hoy me desayuno con un neologismo, nada menos que “autoenanización”, creado por el redactor–jefe del diario en el título de su editorial sobre la política municipal en esta ciudad de mis culpas y pecados: «Selbstverzwergung der Kölner Politik». Todo un hallazgo, Herr Pauls.

 

Una hora larga perdida buscando el grabado de don Paco Amighetti que quiero regalarle a mi melancólica querida para que alhaje alguna de las paredes de su nuevo apartamento. Lo escondí tan bien que no hay manera de encontrarlo, y tengo que hacerlo de aquí al martes, cuando venga Marta a almorzar con nosotros en La Modicana y se lo puedo entregar para que lo lleve consigo a Tenochtitlan. ¡Oh máquina de los dioses, ayúdenme en la búsqueda, yo les imploro!

 

Pasaron Jimmy P., una peli que me encanta. Y que creo que no tuvo el éxito que se merece, en su ficha no consta que haya sido estrenada ni en España ni en América Latina (excepto Brasil), aunque participó en el festival de cine de Sevilla del 2013. ¡Y es una peli tan buena, con unas actuaciones tan portentosas como las de Benicio del Toro y Mathieu Amalric, las dos columnas donde se asienta todo el metraje!

 

Weiß/Colonia, 23.9.

¡¡Encontré el grabado de don Paco!! ¿Dónde? Pues en este mismo despacho y hasta empacado ya como para enviarlo en condiciones de seguridad para su integridad física. Se trata del # II de una serie de XV, de 1968, titulado “Priscilla”, en blanco y negro. Una auténtica joya.

 

Ángeles sube a su cuenta de Twitter un trino alemán traducido por mí que alcanza varias docenas de “Me gusta”:

 

Viene Julio para leer de su libro En contra de la música en la tertulia literaria La Ambulante. Carlitos fue a buscarlo a la estación para traerlo a casa, donde dormirá esta noche. Llegaron a las 5 pm, casi simultáneos con Diny, de vuelta de su “día de la plancha” en lo de Montse. Estuvimos tomando café y platicando, más que nada acerca de Julio Camba y de la problemática de la jubilación en términos económicos, haciendo tiempo antes de partir rumbo a la Allerwelthaus, donde se aloja ahora –desde hace años– la tertulia. Llegamos allá y la casa está cerrada y las llaves de que dispone Carlitos no valen, pero él sabe de un café en la esquina donde siempre guardan un duplicado de la llave actual. Por fin conseguimos entrar y organizamos la sala de reuniones desplazando las mesas dispuestas como para una ronda de especialistas y formando un semicírculo de sillas de tres filas frente a la mesa a la cual se sentarán Julio y el infatigable Walter, director de la tertulia y que lo va a presentar. Por mi cuenta es esta la sexta vez que Julio lee en la tertulia. Llega José Incurato con el vino argentino y las empanadas que son la gasolina que mueve el motor tertuliano. Y la tertulia echa a andar a las 8:15 pm y Julio nos lee de su libro, tres fragmentos, luego viene una pausa para avituallarse y descansar, y en la continuación el diálogo con el público, una veintena de personas. El diálogo es muy movido y exige de Julio la mayor contención, en especial con una tertuliana que ni entiende ni quiere entender lo que Julio le explica, yo la habría mandado al diablo hace largo tiempo, pero Julio –pedagogo al fin y al cabo– dispone al parecer de unas reservas inagotables de paciencia. No es Carlitos quien nos trae de vuelta a casa, sino Claudia, que ha venido por primera vez a la tertulia y vive en Bayenthal, mucho más cerca de Weiß que Carlitos, quien además mañana tiene compromisos familiares que le obligarán a viajar a lo que él llama Obergrausen [circa Superhorror] en vez de Oberhausen [circa Anidar, vivir arriba]. Y a pesar de que llegamos a casa a las 11 pm, Diny sigue levantada esperándonos, Julio es uno de los pocos amigos míos que soporta. Platicamos hasta medianoche los tres, y cuando Diny se retira seguimos Julio y yo una hora más, él con su buen tinto argentino (que le compré en la tertulia a don Incurato) y yo con mi whisky. Acaba Julio de irse a dormir y me he sentado a la compu para escribir lo que antecede. Espero que no se me haya olvidado nada importante.

 

 

Weiß/Colonia, 24.9.

2:30 am : Yendo de camino a la tertulia, Julio me preguntó si sabía algo de nuevo acerca de NC, le contesté que hace como diez años que no la veo, que sé que se casó y que tiene un hijo. Por pura curiosidad, al buscar la fecha en que fui por última vez a la tertulia, veo en este diario que fue hace más de nueve años, el 27.2.2009, y que allí me encontré casualmente con ella, quien andaba entonces pasando una mala etapa de su vida: «Acudo a la tertulia La Ambulante, por primera vez desde julio 2005. Pero la de hoy era una ocasión especial, porque la tertulia la inauguramos el 27.2.2004, hace exactamente cinco años, y en ese momento no hubiéramos apostado un solo € a que la empresa iba a cumplir un quinquenio. Mi flaca querida ha acudido también. En la pausa entre el recital de poesía y el concierto de charango, me abraza largo y me pregunta que por qué no rejuvenezco veinte años y me caso con ella. Pobrecita mía, es su manera de decirme que está atravesando un momento muy difícil, que se siente muy mal».

 

A las 8:30 am me levanté para desayunar con Julio, que quiere regresar temprano a casa, y tras el desayuno y despedirnos, vuelvo a la cama. Cuando salgo de ella, recién al mediodía, Diny me lee de la página de gacetillas en la revista quincenal TV Movie, con la programación de la tele, y lo que me lee es una frase de Scott Eastwood: «Si dormir fuera una disciplina olímpica, yo ganaría la medalla de oro». Diny comenta: «Es algo que también podrías decir tú».

 

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