De mi Diario : Semana 39 / 2020

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Weiß/Colonia, 20.9.

Pasada la medianoche : Acabo de ver The Program [El ídolo], sobre la carrera delicuencial de Lance Armstrong y cómo el periodista David Walsh, del Sunday Times, logró desenmascarar a ese ídolo con pies de barro. El 24.7.2005 consigné en este diario tres cosas que me llamaban particularmente la atención en el Tour de France, y una de ellas era que en siete años no habían logrado descubrir cuál o cuáles son los estimulantes que tomaba Armstrong. Y el  9.7.2009 di cuenta de mi regreso a la pasión por el Tour «como todos los años menos el pasado, cuando la discusión acerca del dopaje me quitó las ganas. Pero aquí está la pasión, de nuevo, y no tiene que ver nada con el retorno de Lance Armstrong a la carrera, excepto quizás el deseo de que no la gane, es un tipo que me resulta particularmente antipático y además estoy convencido de que se dopó siete años consecutivos. Otra cosa es que se pueda (o se quiera) demostrar, hay demasiados intereses en juego». Pero se pudo demostrar. Lo único bueno de esta peli que acabo de ver es la formidable interpretación de Ben Foster en el rol de Armstrong. Pero la verdad es que de un Stephen Friars uno espera mucho más que un simple documental para la TV.

En la cauda de comentarios a mi columna en EE, dos que no pueden ser más disímiles; Uno: «Una columna muy panda, superficial e inane. Siempre usted que se proclama ciudadano del mundo recalca que vive en Europa y a pesar de eso, sigue escribiendo “en base a” en lugar de “con base en”. Un largo bostezo de aburrimiento». Y dos: «Cuán ameno su estilo de narrar, Señor Bada. Y asi, placenteramente, termina la lectura luego de pasearse uno por la letrina de tanto opinador de pueril retórica y recurrentes bulos. Todo un bálsamo sus textos».

Anahí me escribe desde mi Güeno Saire querido que yyya no volveré a ver, y me cuenta que hoy paseó hasta el río, con mascarilla. Le contesto: «Y sí, el río. El Rhin está al final de mi calle, pero  mis achaques motóricos (la espalda) y respiratorios (me quedo sin aliento al más mínimo esfuerzo) impiden que me acerque a él con la frecuencia que querría. Te envidio que podés acercarte al de la Plata, pero en realidad no te lo envidio mucho porque he vivido ocho meses en Olivos y nunca miré a ese río como tal: un río, para serlo, debe dejar ver la otra orilla, si no es un gran lago, un mar, pero nunca un río. Yo sólo tuve sensaciones de río, en aquellos meses, las veces que fui al Tigre, cuyo delta me recordaba mucho el de mi Huelva».

Weiß/Colonia, 21.9.

0:30 am : Acabo de desprender, haciendo el mínimo ruido posible, una capa de hielo de ± 1 cm en el piso del alveolo congelador de mi nevera. Con razón no cerraba bien la puerta. Dejo para mañana la tarea de sacar la capa del techo, que ahí de repente haré más ruido, sobre todo si la capa se cae sin que yo pueda frenar la caída. Existe una especie de placer infantil, hasta pueril, en esto de llevar a cabo trabajos manuales a los 81 años. A la vejez, viruelas.

Acerca del callejero onubense : Lo que me parece absolutamente obsceno es que han llamado “Poeta Jesús Arcensio” a una calle que no merece tal nombre, entre dos paredes ciegas de dos grandes edificios, una calle (callejón más bien) de una sola manzana y sin una sola ventana. Dicho de otro modo: La descripción de un polvo bien echado por Lady Constance Chatterley con su guardabosques es algo que resulta pudoroso al lado de tamaña obscenidad.

La relectura del primer tomo de la obra de Gibbon sobre la decadencia y ruina del Imperio Romano me supone, en primer lugar, un reajuste de los parámetros lectores –casi como hacen los científicos al enfocar mejor sus microscopios– para adecuarme al léxico y la prosodia del castellano de la primera mitad del siglo XIX, eso aparte de la peculiar ortografía de don José Mor de Fuentes (precursora de la de Juan Ramón). Y están luego, además, las conversiones monetarias dentro del texto, no en una nota a pie de página, como por ejemplo en este caso: «obtuvo de la munificencia de Adriano tres millones de dracmas (como medio millón de duros) para la construcción de un nuevo acueducto». ¿Sabrán las nuevas generaciones que un duro era el nombre popular de una moneda de cinco pesetas?

Acabo de ver una de Samuel Fuller que no conocía, Pickup on South Street [en español Manos peligrosas], uno de esos milagrosos films noire de la serie B, con un reparto de lujo: una muy convincente Jean Peters y una fenomenal Thelma Ritter (nominada para el Oscar como mejor actriz de reparto), y un inesperado Richard Widmark en un rol todavía más inesperado: el de carterista en el Metro. Cómo será de buena esta peli que le cayó requetemal al innoble John Edgar Hoover. Pelis como esta se pueden degustar como si fueran un buen trago de Fernet Branca: saben amargo, sí, pero calientan el ánimo. ¡Y pensar que a RW tan sólo una vez lo nominaron para un Oscar, nada menos que por su primera peli, como actor de reparto en El beso de la muerte, y nunca le concedieron el Oscar honorífico que merecía su carrera! Pero peor le fue a SF, a quien la Academia ni lo premió ni tan siquiera lo nominó, nunca. ¡Qué acémilas!

Weiß/Colonia, 22.9.

En La Modicana, hoy, fetuccine con setas para Diny & Carlitos, tartar de atún fresco para Ulli, espaguettis con gambas para mí, Me sirve la persianita una ración tan grande, pero tan grande, que después de comer ⅓ del plato quedan ⅔ que Carlitos manda empacar para la cena de esta noche en su casa. Y esta vez, no me acuerdo más del punto de partida, hablamos casi todo el tiempo de escultura. Ulli me descubrió la obra de Mary Bauermeister, a quien desconocía uno por completo, y eso a pesar de que fue un tiempo la mujer de Karlheintz Stockhausen, pero no, no la conocìa, y ahora, después del desasne a cargo de Ulli y todo lo que he podido ver acá con la ayuda de Miss Hortensia Google, me siento bastante fan suyo. Por dicha pude revancharme con Ulli dándole a conocer la persona y la obra de nuestra querida, inolvidable Helen Escobedo, siempre tan presente en nuestro altar de dioses lares y penates. Lo que se me olvidó contarle a Ulli es la colaboración que tuvimos Helen y yo a propósito de mi transliteración (no es el verbo correcto, pero sí el que más se le acerca) de un poema de Christian Morgenstern. Mejor así, así ya tenemos hilo para enhebrar la charla del próximo martes.

Weiß/Colonia, 23.9.

1:45 am : Estuve viendo Secret in Their Eyes [El secreto de una obsesión] pero ni modo, en algún momento se me desvió la atención, seguramente descabecé un sueñecito de unos minutos y ya no pude seguir la trama. Lo he dejado por imposible. Pero sí quiero escribir aquí lo mucho que admiro a Julia Roberts, que en esta peli está en el polo opuesto de Pretty Woman, y parece como si actuara diciendo entre líneas: «Pa que se enteren de que además de joven y glamorosa, también soy madura y una buenísima actriz».

Viene Rebeca a casa, tempranito, y arranca el zafarrancho de limpieza en la cocina. Mare mía de mi arma, es increíble la cantidad de cosas que se van almacenando con el tiempo en cada una de las habitaciones. En la cocina, en concreto, no me extrañaría que salieran a luz raciones de galleta del Pequod. Me hace recordar la frase inicial de Moby Dick, «Call me Ishmael!» y la que creo que sea su mejor traducción, nada de «¡Llamadme Ishmael!» ni nada por el estilo, sino más bien «Digamos [o Pongamos] que me llamo Ishmael»..

Donde la pedicura, y la conversación se tercia sobre cine, es una gran admiradora de Antonio Banderas desde que lo vio en La casa de los espíritus. Y de allí, porque ella, viviendo en la RDA, asistió a la llegada de mucho chileno exiliado, saltamos a una peli de la que recordamos todo, todo, todomenos el título; al llegar a casa lo he buscado en la ficha de Ben Kingsley en www.imdb.com; es La muerte y la doncella. Un título, como la peli, imposible de olvidar. Hasta hoy, en que lo olvidé. Debe ser cosa de “la viejez”, como la llama Diny.

A Luis Miguel, que hoy cumple 64 otoños (literalmente), le he regalado mi aproximación al castellano de la canción “Cuando cumpla sesenta y cuatro” de Los Beatles: «Cuando me haga viejo y pierda el pelo dentro de muchos años / ¿me enviarás aún tarjetas por San Valentín / y una botella de vino en mi cumpleaños? / ¿si no he llegado a las tres menos cuarto / atrancarás la puerta? / ¿Me necesitarás, me alimentarás aún, / cuando cumpla sesentaycuatro? // Tú también te harás vieja / y si me dices esa palabra / podría quedarme contigo, / podría arreglarte los fusibles / si te quedas sin luz en casa, / me tejerías un pulóver junto a la chimenea, / los domingos temprano saldríamos de excursión, / cuidaríamos el jardín, lo desbrozaríamos, / ¿que más puede desear uno? / ¿Me necesitarás, me alimentarás aún, / cuando cumpla sesentaycuatro? // Todos los veranos alquilaremos una casita / en la isla de Wight, si no es muy cara, / seremos tacaños y ahorraremos, / los nietos cabalgando tus rodillas, / Vera, Chuck y Dave, / envíame una postal, dime qué piensas, / aclara tu punto de vista, / di claramente lo que opinas cuando hablas. / Tuyo sinceramente, ya me marcho, / dame una respuesta para el formulario, / sé mía para siempre. / ¿Me necesitarás, me alimentarás aún, / cuando cumpla sesentaycuatro?»

Ha muerto Juliette Gréco. La noticia aparece en la pantalla y me quedo sin saber qué hacer un  par de minutos, hasta que abro Youtube y busco su interpretación de “Déshabillez moi”, entre sus canciones la mía predilecta. ¡Qué mujer y qué voz! Hace tiempo que dije, medio de chiste, medio de veras, que la única aportación seria de Sartre a la cultura francesa fue descubrir a la Gréco en un tugurio del boulevard St. Germain de la posguerra. Ahora, me he programado una docena de sus canciones para oírlas por los auriculares y despedirme así de ella. Que estará por llegar donde San Pedro y se va a sorprender cuando él le dé la bienvenida arrastrando las erres: sé de buena tinta que lo hace así desde 1963, desde poco después de que llegase allá Edith Piaf.

Weiß/Colonia, 24.9.

2:00 am : Acabo de ver La séparation, que es un formidable tête–a–tête entre  Isabelle Huppert y Daniel Auteuil, mi actor preferido entre los franceses, una vez muertos Jean Gabin y Philippe  Noiret. Voy en busca de datos a la ficha de la peli en www.imdb.com y descubro con sorpresa que no se ha estrenado en España, sólo en Argentina y Colombia como países de habla española. ¡A saber cuánta chatarra estratosférica habrán estrenado ese año en el Reyno Desunido de la ex Gran España! Pobres hijos, como diría Cortázar. No he encontrado ninguna crítica en español en los extensos dominios de Miss Hortensia Google, pero sí una francesa que sintetiza de un modo admirable lo que pienso acerca de esta peli: «Después de media hora, la historia comienza a patinar seriamente, atrapada por su dispositivo programático. Las palabras de Pierre son sólo un eco del “No sé si debo hablar, si debo callarme”, como si fuera admitiendo una especie de fracaso del guion: las frases se convierten en parloteo. El talento de los actores no padece por ello, según la fórmula establecida: Isabelle Huppert y Daniel Auteuil son capaces de hacer existir unos personajes cuya artificialidad es sin embargo evidente».

Todo el día dedicado a darle el toque final a mi texto sobre la batalla de Salamina, para Nexos. Es uno de los textos míos en el que he puesto más carne en el asador. Y quedo muy contento con lo que me salió del caletre. La neurona y media que aún tengo activas me han respondido. Lo voy a celebrar con un par de tragos de un Single Malt que compré el martes en Aldi, en una oferta. Cheers, Leónidas! Cheers Temístocles! Cheers, Field Marshal Montgomery!

Weiß/Colonia, 25.9.

1:45 am : Pasaron una peli sobre Lou Andrea–Salomé, que ya la vi la primera vez que la dieron por TV y no me gustó, o mejor dicho, me disgustó. Lo que sé acerca de ella no tiene nada que ver con la marisabidilla de esta peli. Lo que sí está conseguido es la iconografía: Nietzsche es Nietzsche y Rilke es Rilke, ambos de los pies a la cabeza.

Salí de safari por la Selva Negra de Twitter y me encontré con un trino de una doctora de apellido flamenco diciendo acerca de Jacques Brel: «Como belga, nunca he oído hablar de él». Me hace recordar una de las estadísticas más divertidas que conozco de la historia de este medio de manipulación aritmética. En una encuesta llevada a cabo en 1973, en Brasil, con 200 personas, acerca de personalidades relevantes de la actualidad, aparecía un dato fascinante: el 0,5% desconocía quien era Pelé. Ahora bien: si Pitágoras no miente, el 0,5% de 200 es uno: quiere decir que alguien, una persona, un carioca, tal vez una carioca, en Río, en 1973, no sabía quién era Pelé. Siempre tuve la curiosidad de saber quién sería esa persona: ¿un sordomudo, un ciego, uno de los contadísimos brasileños que aborrecen el fútbol? ¿O no será ese 0,5%  la prueba definitivamente documentada de la presencia de vida extraterrestre en nuestro planeta?

Weiß/Colonia, 26.9.

0:30 am : Dead Man Down [La venganza de un hombre muerto] ya la vi cuando la pasaron hace un año aproximadamente. Y no vale la pena, pero quise verla de nuevo para salir de dudas sobre el motivo de la presencia en el guion del papel que interpreta Isabelle Huppert, y por qué ella se avino a interpretarlo. Y sigo con las dudas. Pero de todos modos siempre me gusta ver a Naomi Rapace, una de mis musas escandinavas, y aunque en esta peli no funciona la química con Colin Farrell, borda su papel pero no puede salvar la peli ella sola. Aunque buena actriz, no es Ingrid Bergman.

Leyendo el Kölner Stadt Anzeiger mientras desayuno me entero de que hoy es el Día Europeo de los Idiomas y el diario le dedica media página a una joven que domina cinco (además de su alemán nativo habla inglés, francés, esperanto y chino, y puede hacerse entender en otros siete, entre ellos el indonesio y el suajili). Pero eso no es nada comparado con el repertorio de un griego al servicio de la Unión Europea, que domina 32 idiomas, entre ellos 21 de los 24 que son oficiales en los países de la comunidad: los tres que no son el lituano, el gaélico y el maltés. Me pregunto en qué lengua soñarán, ¿o serán más bien pesadillas políglotas las que tengan?

Desde Envigado, desde Otraparte, me dan la sorpresa y la alegría de mandarme la grabación de la conferencia que di allá el 3.7.2008, presentándome Héctor, como también lo había hecho el día anterior en un aula (o en el paraninfo) de la Eafit, la gran Universidad medellinense. Lo que me llama la atención es que el micrófono debìa de ser 100% unidireccional, porque el público se rio de buena gana con algunas de mis frases, pero sólo se le escucha en los aplausos al final.

Andrés subió a su cuenta Twitter mi sarcasmo de que «la única aportación seria de Sartre a la cultura francesa fue descubrir a Juliette Gréco en un tugurio del boulevard St. Germain de la posguerra» y Zoé me escribe desde París: «Ay, qué bueno es eso de Sartre!!! Me has hecho el día». Me siento poco menos que un boy scout después de su buena acción de la jornada.

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Ricardo Bada
Ricardo Bada (Huelva/España, 1939), escritor y periodista residente en Alemania desde 1963. Autor de numerosísimos libros, desde La generación del 39 (cuentos, Nueva York 1972) a El Canto XXV (novela breve, Copenhague), es o ha sido colaborador de medios como Revista de Occidente, ABC y Cuadernos Hispanoamericanos (España), El Espectador y El Malpensante (Colombia), Nexos, La Tempestad y La Jornada (México), La Nación (Costa Rica)…

2 COMENTARIOS

  1. ¡Cómo admiro tu sesera, amigo!!! Ya quisiera llegar a los 80 con la décima parte de tu rapidez mental, tu memoria y tu energía. Te confieso con que las referencias de cine no me engancho porque mi cultura cinéfila es menos que nula. Pero con la música es distinto; mi cultura sigue siendo casi nula, pero tus referencias despiertan mi curiosidad. Esta vez, por partida doble. Esa traducción de la letra de Los Beatles me mató, como decimos acá en Argentina, es muy tierna… Conocía la canción pero como no sé inglés, era una canción más de las tantas hermosas de Los Beatles. Gracias a vos, ahora se convirtió en algo especial. Y qué decirte de Juliette Gréco… ahí nomás fui a Youtube y escuché la canción. ¡Qué voz, qué presencia esa mujer, una diosa!!! Obvio que busqué la traducción al español de la letra. ¡Bellísima! Me impactó el contraste entre la letra de la canción, la sensualidad de sus gestos, su voz… y la ropa sesentosa que tenía puesta. Y pensar que las jóvenes se creen que inventaron la pólvora porque andan con las tetas al aire… Y esta señora, así con su vestidito serio, le mirás la cara y parece una pantera en celo. Conclusión: que esta página de tu diario me dejó dos regalos musicales para atesorar, para revalorizar los años vividos y las locuras hechas, y para compartir con amigos. ¡Gracias por eso!

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