De mi Diario: Semana 4 / 2013

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Weiß/Colonia, 20.1.

Solo en casa el día entero, cosa rara los domingos, pero sonó el teléfono a las 8 am y era Montse. Se fue Frank a esquiar en Davos, como todos los años por enero, y Montse se quedó con los tres  niños, que los dos mayores duermen hasta decir basta, pero a Henri, a los tres años, no hay quien lo retenga en cama pasadas las 7, y Montse amaneció con jaqueca, vómitos, colitis, la Biblia en pasta, así es que como Diny es la farmacia de guardia, salió para allá (son 10 minutos en el bus) y allá va a quedarse todo el día. Me preparo un desayuno de puta madre, con huevo en copa, y el huevo resulta ser de dos yemas, lo cuezo en el egg coddler con chorizo picadito, y le añado al ágape dos tostadas con paté de Rügen, una con paté crudo, la otra con paté fino, mientras sigue cayendo la nieve que no ha parado de caer desde que me levanté a las 8:38. De morir, que sea así, con la satisfacción del comer y el beber cumplidos. Qué coño el deber. El deber El deber los que deban, que yo no lo debo nada a nadie (sino a mi padre) y es mucho lo que me deben.

 

Weiß/Colonia, 21.1.

1:45 am: Apago la luz del salón y todo el apartamento está a oscuras menos mi cuarto de trabajo al fondo del corredor, alumbrado fantasmalmente por la pantalla del monitor. Es una brasa de tenue luz engastada en negro, y dentro de ella titilan los títulos dorados en los lomos de los  libros como pececitos rojos haciendo pausa en un acuario. Punto, y tiro la toalla, la esponja y hasta el taburete. He intentado acercarme de alguna manera a los prodigios de descripción de Faulkner cuando define los elementos que componen la escena extrayéndolos/excavándolos de la sombra, desde la sombra; en esos momentos, Faulkner es el Rembrandt de la escritura, no hay en toda la literatura universal (por lo menos la que yo conozco) nada lejanamente homologable.

 

Ana por fin de regreso en Barcelona, y desde allí me escribe un  email donde me llama «querido Hermes». Le contesto apostrofándola como «mi querida Palas Atenea. Y que Barcelona te sea propicia. Un amigo argentino hijo de catalanes, en Buenos Aires, diciembre 2001, al enterarse de que amo Madrid por encima de todas las demás ciudades, me dijo muy metido en su papel de cataládescendiente: “Madrid es España, Barcelona es Europa”. Y aquí tu afrodescendiente le contestó: “Mirá, che, dejate de engrupir; Barcelona es una ciudad provinciana que parecía europea porque la obligaban a hablar en castellano”. Pobre, no le dio un infarto porque Dios es grande en el Sinaí, como argüiría el finado don Emilio Castelar».

 

Hoy, para decirlo a la franchute, es mi día à detectives. Primero rastrear si a lo largo de los años me han puesto al menos tres veces la vacuna contra el tétanos. Mi buen Dr. Ruppert me pide los certificados, antes de encasquetármela de nuevo, porque me asegura que si ya me vacuné tres veces en esta vida no necesitaré ninguna más hasta mi próxima reencarnación. Y este revolver papeles viejos es un viaje al pasado corriendo el peligro de tropezar con bombas de espoleta retardada, pero al fin detecté un certificado del 9.X.1975 (¡qué romana la Dra. Humbert!) y otro del 12.5.97, y ¡oh Madre del Amor Hermoso!, una escueta anotación del 31.7.1980 en mi Libro de Memoria Diaria: «Inyección antitetánica». Después de lo cual me tocó investigar dos cartas y cinco tarjetas postales de Zenobia y Juan Ramón Jiménez a Claribel Alegría, de las que poseo fotocopias, ¡y hasta un sobre con la primorosa escritura de JRJ, que me lo regaló Claribel por haberle custodiado esos tesoros!  Al cabo de un par de emails de ida y vuelta con Carmen, entre Weiß y Madrid, hemos conseguido homologar lo que yo poseo con lo que ella guarda en sus archivos, y le escribo que «me siento alegre como un chiquillo con zapatos nuevos. (La gente joven quizás diga “con Pumas nuevos”). ¡Qué bueno es trabajar con gente como tú, Carmen!»

 

Weiß/Colonia, 22.1.

2:30 am: Han pasado seguidas, en dos canales distintos, The Trap [La trampa] y The Indian Fitghter [Pacto de honor]. La trampa es una balada primitiva, ruda, sin concesiones a ninguna clase de sentimentalismos, y Rita Tushingham y Oliver Reed una pareja que es todo un acierto de casting. A Rita, desde The Knack, la tengo en un altar. Y luego Pacto de honor, un western que me parece todavía no valorado como se merece: una de las mejores reflexiones sobre la convivencia y el enfrentamiento entre los colonos blancos y la población indígena en Estados Unidos, ya pasada la guerra de secesión, cuando se produce la conquista del Oeste. No logro encontrar en el estante de mis libros de cine y teatro las memorias de Kirk Douglas, El hijo del trapero, y hasta me parece recordar vagamente que se las regalé a alguien, no sé más a quién; pero estoy seguro de recordar bien que en las páginas dedicadas al rodaje de Pacto de honor, don Kirk le dedicó un sabroso párrafo a otro rodaje al que se dedicaron él y Elsa Martinelli durante las pausas del cinematográfico. Algo de ello se transmite al material filmado. Lo que me resulta curioso es que la pluma viperina de Kenneth Anger no menciona el episodio en ningún momento en los dos tomos de su imperdible Hollywood Babilonia. A lo mejor estaba cabreado porque don Kirk se le adelantó como chismoso. Porque lo cierto es que no lo nombra para nada en esos dos paradigmas de pláticas de porteras, sirvientas y correveidiles. Y es hora de dormir.

 

11:05 pm: La degradación y reducción del cuerpo a mero soporte físico del cerebro es algo que se lo puede permitir un Stephen Hawking; yo, no.

 

Weiß/Colonia, 23.1.

La lectura despaciosa de Borges (unas diez páginas por día) me va permitiendo descubrir datos inesperados. Por ejemplo su admiración por Eric Linklater, coincidente con la mía, si bien la mía se reduce a la lectura de Juan en los Estados Unidos y Magnus Merriman y, mucho más tarde, Juan en China, que fue una desilusión. Pero ahora, gracias a Borges, y a Bioy, sé que hay por lo menos otra novela suya en castellano, El señor Bygulla, y he localizado el único ejemplar que se encuentra en www.iberlibro.com e inmediatamente le eché mano: sobre todo porque en Borges, Bioy me cuenta que la contraportada la escribieron él y su amigo. Viva el lujo y quien lo trujo.

 

Otro aspecto interesante de la lectura de Borges tiene que ver con algo que me preocupa desde que empecé a llevar este diario: mi/su conexión con la actualidad. Recuerdo que cuando Carlos Edmundo de Ory publicó los tres volúmenes de su diario, una de las cosas que me los hicieron ilegibles fue la absoluta y exclusiva referencia a él mismo, a lo que él hacía y lo que le pasaba. A Carlos Edmundo lo quise mucho y lo admiré aún más, pero esas dosis masivas de ego no las pude soportar, sobre todo porque a veces dolía pensar en una fecha crucial de la Historia y no ver ningún reflejo en su diario. Pero ahora me estoy dando cuenta de que en ese aspecto yo me comporto igual; si bien es cierto que el periódico (mi único cordón umbilical con el día–a–día de la humanidad) me informa cada mañana de lo que ha sucedido en el mundo, son raras las veces que me detenga a comentar aquí algunos hechos que los historiadores considerarían dignos de sus reflexiones. Y me he preguntado por qué. Y me he respondido, al cabo de pensarlo un par de veces, un par de muchas veces, que mi diario no es el diario de la humanidad sino de uno de sus miembros, y como tal selectivo. Me interesan bastante más las peripecias de lo que Unamuno llamaba “la intrahistoria” que aquellos datos que quedarán en los anales incluso por la vía de las Gacetas del Estado. Creo (¡creo!) que no llegaré al extremo de Carlos Edmundo y pasar por alto un 11 de septiembre de 1973, pero no pondría mi mano en el fuego.

 

Un tuitero sube a su cuenta este trino: «Óremo y Tejilúa se amaron tanto aquella noche que el amanecer los halló con los nombres revueltos. Fue cuando Shakespeare los convenció». A mi parecer, el exceso de ingenio, cuando no es consecuente y no se domina la expresión idiomática, se puede desmontar fácil. Este tuit hubiera debido ser otro: «Oremo y Tejílua se amaron tanto aquella noche que el amanecer los halló con los nombres revueltos. Justo entonces los descubrió Shakespeare». [Los descubrió, carajo, no los convenció. ¿Convencerlos de qué?]

 

Weiß/Colonia, 24.1.

1:05 am: Zack and Miri Make A Porno [¿Hacemos una porno? se llama la versión española]; es la segunda vez que la veo y sí, es muy divertida, y un par de gags son de lo mejorcito que recuerdo en esta clase de comedietas, pero lo único de veras rescatable es la belleza de Elizabeth Banks, esa cara suya es lo único que se nos queda en el disco duro.

 

Durante la siesta, sin que sepa encontrar la razón para ello, me encontré en la feria del libro de Bogotá 1998 y entrevistado por Óscar Collazos para un canal de TV. Lo que sí sucedió en la realidad pero no sé por qué ahora me regurgitó de la garganta profunda de la memoria. (Estoy haciendo literatura, mierda). Y lo que ahora reflotó es aquel momento cuando la entrevista, por deseo del camarógrafo, la trasladamos del estudio al exterior, al recinto de la feria, y él iba por delante de nosotros y en un momento noté cómo su cámara enfocaba mis zapatos y le comenté a Óscar, a micrófono abierto, que el camarógrafo era un fan de Elvis Presley, y Óscar que por qué yo lo decía, y yo que porque se había enamorado de mis zapatos azules de gamuza, que eran los que calzaba en ese momento. Tampoco sé si tal fragmento llegó a emitirse, pero al levantarme de la siesta, hoy, he buscado en el armario ese par de zapatos y me los calcé y he comprobado que son mucho mejores que las pantuflas para tenerlos puestos mientras escribo: me abrigan los pies por completo y son menos posesivos que los mocasines que calzo cuando el frío es intenso pese a la calefacción, y los primeros que lo sufren son los pinreles. Gracias, Elvis.

 

Weiß/Colonia, 25.1.

Leo en el diario una entrevista con Jussi Adler-Olsen, el autor de la serie policial danesa que protagoniza el comisario Carl Mørck. Me sorprende lo que confiesa, de que no puede escribir si no es con los auriculares puestos y oyendo música, no importa cuál, «puede ser Mozart, música del cine, Hendrix, da lo mismo. La cuestión es que sea un solo CD como cinta sinfín, todo el día. Sin auriculares no funciona nada, y si algún día me quedo sordo, no podría escribir más». Además, dice, tiene sus tics. Escribe siempre sentado a la misma mesa con una compu portátil de 1992 y un software antediluviano, el Wordperfect de 1997. Y por último, siempre deja de escribir media página antes de lo que podría, de tal manera que al día siguiente retoma el hilo en ese punto y es como si lo rehilvanase a partir del día anterior. Y bueno, cada cuál se acostumbra a sus manías. Y el tipo me cae bien porque también confiesa que no ha leído a sus colegas de la Escandinavia criminalística, «ni a Larsson, ni a Mankell, ni a Nesbø. Intencionadamente ha sido así, siempre tuve miedo de que me “inspirasen”. Pero todos tenemos los mismos héroes, son los hijos de Sjöwall/Wahlöö, que en los años 70 reinventaron la novela policial con su realismo social y su contenido político». Es cierto, más o menos; y si digo más o menso es porque todos estos Wallanders e tutti quanti son los hijos, más que de Sjöwall/Wahlöö, del comisario Beck.

 

3:46 am: Hora de afeitarse, ducharse y esperar la llamada de Bertalicia en el país de las Lucías avisándome de que salen de la autopista y enfilan derechito hasta esta casa, debo bajar hasta la calle para señalizarles donde deben aparcar y conducirlos aquí, a las cinco, cuando lleguen, ya será de noche.

 

Weiß/Colonia, 27.1.

2:30 am : Llegaron Bertalicia en el país de las Lucías y Emmanuel, antier viernes, casi una hora antes de lo previsto, y desde entonces no hemos parado ni un instante. Espero que mi memoria me permita reconstruir, la tarde de este domingo, cuando partan de regreso a Valenciennes, la bella peripecia del fin de semana que hemos compartido. Pero sé, lo sé desde ya, que aunque mi reconstrucción sea fidedigna no resistiría la prueba de fuego del contraste con la realidad. ¿Y? Pues que se joda la realidad. Y es hora de ir al catre, para levantarse temprano y seguir gozando de la compañía de esta pareja tan, tan entrañable.

 

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