De mi diario / Semana 40 / 2019

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Weiß/Colonia, 29.9.

2:30 am : Después de darme el gusto de ver Denial [Negación] por tercera vez en una semana, me di también el de volver a ver Vacaciones en Roma, pero esta noche en la versión italiana. Y me volví a acordar de mi idea de escribir un guion con la secuela, ambientada 25 años después. En el país de Ann, la princesa, hubo una revolución que depuso a la monarquía, y Ann vive ahora en Roma, en el exilio, separada de un marido al que nunca quiso y le impuso la Corte. Joe, por su parte, se quedó viudo y se entera por una revista, en el consultorio de su oncólogo, de que Ann vive en Roma. Sola. Cómo seguir, ah, eso ya no lo sé. Pero pensaré en ello.

Leyendo el Kölner Stadt Anzeiger, recordé esta mañana que hay una escena de Denial donde su abogado [Richard Rampton, encarnado por un fenomenal Tom Wilkinson] le cita a Deborah Lipstadt [Rachel Weisz] lo que Antonio le  dice a Tasso en la 3.ª escena del acto II del drama de Goethe: «El cobarde sólo amenaza donde se cree seguro». Y lo recordé leyendo las amenazas que barbotea the fake president contra la persona que filtró su nauseabunda maniobra electorera implicando en ella al recién elegido presidente de Ucrania. Pero pienso que en este caso no sirven las sentenciosas palabras de Antonio; the coward fake president amenaza aquí y ahora justamente por todo lo contrario: por falta de seguridad.

También leyendo el diario durante el desayuno, y al ver la publicidad de una casa de muebles, me acordé de que la semana pasada olvidé consignar un dato que leí en una de las columnas: que el nuevo catálogo de Ikea ya no incluye armarios para libros. Lo que me pareció, dicho sea de paso, un argumento en favor de los libros. ¿A qué libros conscientes de ser regios vehículos de la cultura les gustaría estar embutidos en un armario de los de quiero–y–no–puedo de Ikea?

Veo una vez más la última peli de Romy Schneider, La passante de Sans–Souci [Testimonio de mujer], donde también actúa su madre, Magda, como en la primera donde apareció Romy y que protagonizaba Magda: Wenn der weisse Lilie wieder blüht [Lilas blancas], es decir, que su madre estuvo presente en las fechas liminares de su hija como actriz. Me parece un dato curioso y señalable. En cuanto a su doble papel en La passante de Sans–Souci, nuestra Romy, nuestra inolvidable Romy, estuvo comestible a besos en ambos. Pero sigo creyendo que su prestación máxima, su do de pecho, lo dio en Lo importante es amar, un film que pocas, rarísimas veces lo pasan por la TV, tengo que comprar el DVD.

Weiß/Colonia, 30.9.

0:20 am : Segundo episodio de la serie policial neocelandesa Auckland Detectives. Es mejor que el anterior, y parece que el tercero y último, que pasarán el próximo domingo, es el mejor de todos. Por alguna razón que no sé explicar, me interesa todo lo que tiene que ver con esas antípodas nuestras. También con Australia, aunque no tanto. A Katherine Mansfield la releo fascinado siempre. De Patrick White creo que no voy a releer nada a no ser A Fringe of Leaves [El taparrabos], que todavía no está traducida al español y es tal vez su mejor novela.

Donde la pedicura, con Saskia. No es precisamente un servicio barato, son 90,76 € cada vez, pero he constatado que el seguro de enfermedad + la subvención estatal me devuelven hasta el último céntimo, porque cuenta como una prestación médica, y la verdad es que prefiero que me atiendan en un consultorio de dermatología que no en el de un simple callista.

Esta noche, para la cena, los primeros mejillones de la temporada. Cocidos por Diny al vino blanco. El único problema es que sólo tenemos una lupa en casa. Los vendedores de mejillones deberían incluir una lupa gratuita en cada bolsa. O presionar a los mejilloneros para que dejen de criar mejillones tan minúsculos que parecen destinados a la exportación al País de Liliput, obligarlos a críar unos que hicieran honor al apetito de los gigantes del Reino de Brobdingnag. La madre que los parió, digo a los mejilloneros, no a los liliputienses ni a los gigantes. Y por cierto, recuerdo aquí de memoria aquel epigrama de Tito Monterroso donde asegura que los enanos disponen de un sexto sentido que les permite reconocerse al primer golpe de vista.

Weiß/Colonia, 1.10.

2:40 am : Empecé a ver una peli francesa que me aburrió, L’amant d’un jour, y cambié al DVD de My Fair Lady y luego la Emma con Kate Beckinsale. Su Emma es harto más convincente que la de Gwyneth Paltrow, a quien se la ve como una mujer hecha y derecha, hasta aparenta más de los 24 años de la actriz; mientras que la de Kate –a pesar de sus 23– tan sólo aparenta, si acaso, los escasos 20 de Emma. Hay austenitas que piensan que la mejor versión de la novela es una miniserie de la BBC, del 2009, con Romola Garai en el papel protagonista, pero no la conozo y es hora de que vaya conociéndola, sin perder de vista que Romola ya contaba 27 años cuando interpretó el papel. Se impone un viaje a Saturn, por más que me empute viajar al centro.

A las 13:22, cuando ya me disponía a llamar a Carlitos para saber a qué se debía su retraso en pasar a recogerme, me llamó él para decirme que tiene un problema con su auto y debemos dejar nuestro almuerzo en La Modicana para el viernes. Como ya estoy vestido para salir a la calle, salgo a la calle, tomo el bus y me voy al Bistro Verde, porque he visto en la carta que hoy ofrecen sopa de papa con medallones de salchicha ahumada, que es la que más me gusta pero a Diny no, de manera que pocas son las veces que la trae a nuestra mesa. La sopa de papa es una exquisitez de la cocina renana. Además de papa vienen en ella cebolla, zanahoria, perejil, apio, puerro, angélica silvestre, crema fresca y mantequilla, todo licuado en el pasapurés, con lo que resulta un caldo espeso y resucitamuertos. Acompañado de un buen pan moreno y una copa de Grauer Burgunder de Baden, fresco y liviano, para contrapesar lo pesado de la sopa, y en un ambiente rústico como el del Bistro Verde, es una pura delicia. Son 16 € con la propina, que de manera generosa e involuntaria subvencionan los KVB [Transportes públicos de Colonia] con dos viajes gratuitos en el bus a Rodenkirchen, ida y vuelta, 6 € en total. ¡Viva la Pepa!

Weiß/Colonia, 2.10.

Todo el día dedicado a adelantar tareas fijas de esta semana y la próxima, a fin de disponer del mayor tiempo posible para dedicarlo a mi texto sobre Eunice Odio. Requetebién recuerdo cómo es que conocí su obra. Fue en octubre de 1984, en San José de Costa Rica, donde pasé un mes grabando en Radio Universidad unos programas sobre atención primaria en salud que la OMS le había encargado a la Deustche Welle. Mi colega Isabel Cristina Arroyo Calvo, que pautaba conmigo la producción, me preguntó después de pasar a recogerme en el aeropuerto y llevarme al hotel, qué era lo que conocía de la literatura costarricense y con harta vergüenza tuve que confesarle que tan sólo Mamita Yunai, la novela de Carlos Luis Fallas. Una hora más tarde me trajo al hotel un alto de libros cuyos autores me eran por completo desconocidos: sobre todo Ana Istarú, quien ya entonces se convirtió en una de mis mejores amistades, una con la que años después vivimos horas inolvidables en París y en Bruselas, y las dos veces que se ha hospedado en nuestra casa; pero también el malogrado Jorge Debravo y Marjorie Ross, con quien andando el tiempo anudé una gran amistad epistolar, y además Joaquín Gutiérrez (¡que novelaza su Puerto Limón!), Yolanda Oreamuno, Eunice Odioy todavía recuerdo que al leer este nombre pensé que con toda seguridad se trataba de un seudónimo. Pero no, no lo era, y su poesía me subyugó desde la primera lectura. Y sigue haciéndolo.

Extraviado en la bandeja de spams encuentro un email de Joaquín Mattos Omar enviándome desde Caimanópolis su columna de esta semana en El Heraldo. Habla en ella de un poeta de los más singulares que ha dado Colombia, Raúl Gómez Jattin. Y me ha traido al primer plano de la memoria uno de sus poemas emblemáticos: «Si las nubes no anticipan en sus formas la historia de los hombres / Si los colores del río no figuran en los designios del Dios de las aguas / Si no remiendas con tus manos de astromelias las comisuras de mi alma / Si mis amigos no son una legión de ángeles clandestinos / Qué será de mí».

Weiß/Colonia, 3.10.

1:00 am : Tercera o cuarta vez que veo El paciente inglés, y cada vez descubro algo nuevo, ya visto, sí, pero no registrado en este diario ni en mi memoria. Por ejemplo, unos segundos en los que se puede ver a Juliette Binoche (con la cámara en picado a través de las ramas de un árbol) saltando a la rayuela. ¿Por qué me pasaron desapercibidos las veces anteriores?

Una vez más no nos llegó el Kölner Stadt Anzeiger, la requetecontrarremilputísima madre que requetecontrarremilparió al repartidor de los días festivos. La solución de continuidad de los ritos cotidianos es la obra de un malaje, no se merece otro nombre ni otro trato.

Hoy es festivo en Alemania, creo que se llama oficialmente “Día de la Unidad Alemana”, o algo por el estilo. Lo que sí constato es que incluso a niveles oficiales se habla de la reunificación de Alemania, algo que huele tan mal como la Dinamarca de Hamlet. Acá no hubo reunificación de ninguna especie, es decir, no se restituyeron las fronteras de 1939, sino que se unieron las dos Alemanias surgidas de la derrota. Cuando yo llegué a Alemania en 1963, la reunificación era parte alícuota del discurso derechista y revanchista. Es un matiz diferenciador que entonces era importante señalar, pero entretanto parecería que no. Y pensándolo bien ni siquiera es que se uniesen esas dos Alemanias sino que la occidental, como bien decía Mario Benedetti, incorporó a su territorio un país del Tercer Mundo. Que eso, y no otra cosa, era la RDA.

Conocía ya, desde 1984, la poesía de Eunice Odio, pero ahora estoy descubriendo su prosa, muy en especial su correspondencia, de la que Marjorie (los dioses ticos la bendigan) me hizo llegar dos epistolarios: el que tuvo con el gran poeta y promotor cultural venezolano Juan Liscano, y el que tuvo con Rodolfo Zanabria, el pintor mexicano que fue su último compañero sentimental. En el primero se incluyen también unas cartas suyas al poeta mexicano Carlos Pellicer, que son una joya, por sobre todas una que me voy a tomar el trabajo de transcribir para incluirla en mi antología de páginas predilectas, en mi blog de El Espectador. Este descubrimiento me salvó el día, que amaneció gris pizarra y se mantuvo en sus trece hasta ahora, que ya son las 7 pm.

En la página dedicada a Juan Liscano en Wikipedia se nos dice que falleció el 17.2.2001. Pero a la derecha aparece una foto suya rotulada así: «Juan Liscano en ¿2007?», y la interrogación me parece bien oportuna, porque si murió en el 2001, debe tratarse de una foto de su fantasma.

Weiß/Colonia, 4.10.

2:00 am : Estoy volviendo a ver, un capítulo por noche, la versión de Pride and Prejudice, de la BBC 1995, con Colin Firth y Jennifer Ehle. Jamás ha habido una pareja que pueda superarlos,  CF es Darcy y JF es Lizzy Bennet, pero es que no son sólo ellos quienes bordan sus papeles, los demás, en especial David Bumber como Mr. Collins, brillan también con luz propia. Una serie golosina.

En el foro de mi columna de hoy en EE me dejaron un lindo comentario muy personalizado, y dos más de los eternos sabelotodos que alardean de conocimientos y le echan en cara al pobre columnista que se olvidó de esto o de lo otro. Les he contestado cumplidamente, para que les pique y que se arrasquen. Qué manada de pelotudos, Virgencita de la Cinta, mi patrona.

A Carlitos se le olvidó que habíamos quedado en ir hoy a La Modicana, ya que no pudimos ir el martes. Así es que cuando lo llamo –como lo hago siempre– para recordarle que me tiene que pasar a buscar a la 1, primero me dice que sí, pero luego se acuerda de que como se olvidó de nuestra cita, Uli se ha llevado el auto. «Mi gozo en un pozo», así decía la abuela Remedios, la bella y sabia. Y me fui de compras a Rodenkirchen, porque por la avería del coche el martes y el olvido carolingio de hoy no fuimos al Aldi para la compra semanal, y en consecuencia este home sweet home se encontraba, al día de la fecha, dolorosamente deswhiskyzado. Bada retro!

Weiß/Colonia, 5.10.

0:30 am : Segunda temporada de Countdown Copenhagen, una de las mejores series policiales escandinavas, esta vez danesa, aunque con coproducción alemana. Ya la primera temporada fue muy buena, pero esta creo que la sobrepasa. La primera la transmitieron en ocho semanas consecutivas, lo que es un matanervios para los espectadores cuando la serie trata de un solo caso. Esta vez lo han hecho mejor: hoy han pasado los primeros cuatro episodios y pasarán mañana los cuatro restantes. Un fin de semana de luxe.

En el cuaderno dedicado a Viajes y Vacaciones, del Kölner Stadt Anzeiger, la primera página está dedicada a las Seychelles, “Un frágil paraíso en el océano” reza el titular. Y la entradilla nos dice: «Agua potable y corriente, apenas criminalidad, ninguna especie animal depredadora, cero malaria: Para ser un país africano, las Seychelles son, en el Océano Índico, por completo hermosamente no–africanas». Lo de «ganz schön unafrikanisch» en el original suena todavía peor que en mi traducción, y dice mucho más acerca del periodista mismo y de lo que piensa acerca del África, que lo que admite la political correctness. Miro su nombre al pie del artículo y veo que se llama Weißenborn, es decir “nacido blanco”, y tal vez eso lo explique todo.

Resulta fascinante leer en paralelo la correspondencia cruzada entre Astrid Lindgren y Louise Hartung, y el epistolario de Eunice Odio a su compañero sentimental Ricardo Zanabria. En la primera asistimos a una apasionante partida de tenis entre una lesbiana enamorada (Louise) y una heterosexual 100% (Astrid), que se quieren entrañablemente sin que intervenga en ello el elemento sexual. En las cartas de Eunice, como que sólo conocemos las suyas, asistimos a un duro entrenamiento de pelota vasca, donde el frontón (Ricardo) es mudo. Con aquel diálogo la atención va de un extremo al otro de la cancha, con estos monólogos de Eunice mantenemos la vista fija en ella y vemos cómo se desnuda espiritualmente de una manera que a veces produce escalofríos. Es lo que también pasaba con las Cartas a Ricardo (otro Ricardo), de Rosario Castellanos, una de las joyas más refulgentes de la literatura mexicana, no escasa en ellas.

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