De mi Diario / Semana 42 / 2016

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La intrahistoria, de la que tanto y tan bien hablaba Unamuno, es aquello que no pocas veces hace soportable la Historia.

 

Weiß/Colonia, 9.10.

11:50 am : Llama Rebeca, acaba de aterrizar. Pobrecita mía, lo que habrá tenido que madrugar para estar en Faro una hora antes de la partida.

 

Para que no tenga que cocinar hoy, invito a Diny a almorzar en La Modicana. Llegamos y está a tope, hay una celebración de cierta importancia (¿tal vez unas bodas de oro?) con buffet y mesa para regalos, unos ± 30 invitados, pero también tres mesas más ocupadas en el trecho cercano a la calle. Tiene razón Carlitos, cuando La Modicana se llena de gente es otra, no es la nuestra.

 

Repartí entre varios amigos un viejo texto mío sobre Brecht, que acabo de canibalizar en la mejor tradición de don Raymond Chandler, y XC me escribe desde Cámaralentolandia: «Pues sí que me pinchaste el globito con este artículo. Tenía otra idea de Brecht, pero eso sucede a menudo con los escritores, como vos lo has señalado con frecuencia, que persona y personaje van cada uno por su lado y ni se encuentran ni se parecen. Tu párrafo final me pone a rascar la cabeza porque, digo yo, no es posible que un autor sea a la vez buen lírico y buen épico?».

 

Le contesto: «Querida, el amigo Brecht, como persona, era un hijueputa de marca mayor. A vos, feminista, se te sublevaría el alma entera al saber cómo trató a sus mujeres. Pero vayamos al tema que te dejó pensativa. Es evidente que un poeta épico puede escribir poesía lírica, y de hecho existen sonetos muy buenos de Dante y de Camões, pero nadie los recuerda sino como autores de La Comedia (lo de “divina“ es un invento de Bocaccio) y Os Luisadas. Y si metemos en el género épico la narrativa, pocos, por no decir ninguno, son los grandes novelistas que hayan dejado una obra lírica que, de lejos, iguale en calidad a sus novelas. Unamuno es una de las pocas excepciones. Más no sé qué decirte en este tema».

 

11:45 pm : Terminan de pasar In the Electric Mist [En el centro de la tormenta, la titularon en España], una peli que siempre veo porque no me pierdo ninguna de Tommy Lee Jones ninguna de las veces que las pasan. Pero además en este caso es una peli de Bertrand Tavernier, a quien admiro, y a quien en este centro de la tormenta le ha salido casi un Faulkner en imágenes. Uno ve la peli y le parece estar leyendo Intruder in the Dust.

 

Weiß/Colonia, 10.10.

Hasta las 4 pm componiendo la columna para este viernes, en El Espectador. He partido de una idea que se me ocurrió la semana pasada, viendo la peli Belle, y se me plantó casi exigiéndome que la escribiese, ya, cuando vi un email de mi fiel lector en Caimanópolis [=Barranquilla], el ingeniero Whelpley, que después de leer mi diario en Fronterad, en especial esa entrada sobre Belle, me anima a escribir la columna aduciéndome los ejemplos del Inca Garcilaso, de Juan Latino y de los japoneses a quienes (me dice él) les levantaron un monumento en un pueblo de la provincia de Huelva. No fue así, sino en la de Sevilla, en Coria del Río, y del tema ya estuve conversando hace un tiempo con Oliver, cuando vino a almorzar con nosotros en La Modicana. La columna creo que me salió redonda, sólo no quedé 100% satisfecho del remate, pero bueno, como hubiera dicho Osgood Fielding III: «NoBada is perfect!»

 

Yendo de safari en busca de material para The Twitter’s Digest, he ojeado este trino:


 

Vamos a ver qué conejo se saca de la chistera la Academia Sueca el próximo jueves. Leo en una revista mexicana que Javier Marías se encuentra entre los favoritos. Y la verdad es que en vida de Philip Roth, si no se lo conceden a él, se lo pueden conceder a cualquiera. Hasta a Cees Nooteboom, aprovechando que la Feria del Libro de Fráncfort, la semana próxima, va a estar dedicada a la literatura en idioma neerlandés, en los Países Bajos y Flandes. Desde el punto de vista de la industria editorial, sería una decisión congruente. Aunque lamentable para la pobre literatura neerlandesa, cuyas cumbres (Couperus, Vestdijk, Louis Paul Boon, Hugo Claus, van het Reve, Hermans, Mulisch) se quedaron sin las mieles de Estocolmo, para que venga luego a libarlas un segundón. Aunque uno, como Saramago, que se mueve mucho para que lo vean.

 

Weiß/Colonia, 11.10.

0:15 am : Terminan de pasar Citizenfour, que no conocía. Me parece muy bien que le dieran el Oscar al mejor documental. Pero como documental no pasa de medianito tirando p’abajo. Todo su valor reside en lo que supimos [apócope de “supusimos”] sin necesidad de verlo.

 

En La Modicana con Marta. De repente se me ocurre que deberíamos estarle agradecidos a la burrocracia alemana por el hecho de obligar tácitamente a Marta a quedarse todo un mes entre nosotros. Es casi como volver a los viejos tiempos, cuando venía contratada para dictar cursos a los grupos de colegas latinoamericanos en el Centro de Formación de la Deutsche Welle, eso que ahora rimbombantemente llaman Academia.

 

Me escribe mi ex yerno para preguntarme si le puedo recomendar poetas españoles nacidos después de 1968, y aunque mi desconocimiento de la materia es grande, sí que puedo darle norte de dos poetas de cuya calidad respondo y que caben dentro de ese nicho cronológico: Rosana Acquaroni y mi paisano Miguel Mejía, que ahora vive en Sopot, en Polonia, y acaba de publicar un volumen de poemas de Tadeusz Dąbrowski traducidos por él («al final / de este poema al cielo iremos, si no falla // la traducción). Luego, incidentalmente, dialogamos vía email Pepe y yo acerca de mi diario y me dice que leerlo es para él una constante tentación de escribir el suyo. No me ruborizo sino que me caliento al rojo vivo, porque no sabe el mundo lo que se está perdiendo por no escribir él su diario. Ese sí que sería uno que valdría la pena leer. Le ruego que, atendiendo a lo que postulaba Oscar Wilde, deje de resistirse a la tentación.

 

Weiß/Colonia, 12.10.

Casi la 1:00 pm : Diny almuerza mientras yo desayuno. Un rato más tarde, buscando material para mi envío finisemanal de tuits alemanes, encuentro este, que retrata la situación :


 

(Traduzco : «Alguna vez en la vida ser como aquellos que a mediodía te saludan diciéndote “Guten Morgen!”». Lamentablemente en español no existe ese “¡Buena mañana!” del alemán).

 

10:00 pm : Acaban de pasar Marie–Octobre [Cena de acusados], de Julien Duvivier, con un reparto de lujo en el que brilla como protagonista femenina Danielle Darrieux (¡en Google me entero de que aún vive y tiene 99 años!)  La acción me recuerda un poco el tema de The River Line, la novela de Charles Morgan que en castellano se tituló Camino secreto y que el propio Morgan adaptó para el teatro en 1952. Morgan fue uno de los grandes amores de mi juventud, le dediqué un homenaje encubierto en mi cuento “Macho dulce”. Y desde luego Camino secreto es una novela que vale la pena volver a leer, lo haré la semana próxima. Y buscaré la peli que hicieron en Alemania, en 1964, con el título Kennwort: Reiher [Santo y seña: Garza], basada en ella. La vi cuando su estreno y nunca más. Si la memoria no me falla, es buena.


Desde hace un par de meses, Diny me deja siempre un cuenco con fruta en la nevera, para comer cuando me dé hambre por la noche. Dependiendo de la estación son cerezas, peras, piña, mango, granadas, manzanas, kiwis… Esta noche han sido higos chumbos. Mi fruta preferida y la más difícil de conseguir. Si no fuera por lo manoseado que está el símil, me atrevería a decir que los higos chumbos me hacen el mismo efecto que las magdalenas a Proust. Lo que pasa es que soy un altruista y no le infiero al mundo la atrocidad de siete volúmenes de apretada prosa.


Weiß/Colonia, 13.10.

Coincide que me levanto de la cama con la llegada de Oskar a casa, algún negocio se trae entre manos con la abuela. Primero que nada, abro la estafeta y me encuentro un email donde Kathya me pide un artículo sobre la muerte de Dario Fo. Luego abro la página web de El País para ver si ya tenemos nuevo Nobel de Literatura y me encuentro la transmisión live desde Estocolmo con la designación de Bob Dylan. Doy un grito de alegría y corro al comedor a darle la noticia a Diny y Oskar. Pero Oskar no sabe quién es, le digo que este premio es a nosotros, él fue nuestra voz en los 60 y los 70, y entonces Oskar quiere oírlo, busco un CD suyo, lo pongo a toda madre, «la respuesta, amigo mío, está soplando con el viento». ¡Qué alegría tan grande, y en un día 13!


Desde el desayuno (al mediodía) hasta las 7:15 pm trabajando en mi artículo sobre Dario Fo para Nexos. Cuando tengo listo el borrador llamo a mi deuda estherna para leérselo, pero nadie atiende al teléfono, debe seguir tomando el sol en el Báltico. Leo el borrador en voz alta y sí, suena. Sigue una hora con el cepillo, la gubia, el formón, la lija y la lima. Por último, decido que ya, y que así, y se lo mando a Kathya, a las 8:29 pm.


11:15 pm : Mi artículo aparece en la página web de Nexos. Lo leo, ya publicado, y me voy a la cama con la seguridad de que se me deslizó un error. Pero por más vueltas que le doy al asunto no soy capaz de localizarlo. Le dejo el trabajo a mi consejero nocturno, un árabe pacienzudo y de ojos avizores siempre alerta que responde al nombre de Al Mohada.


Weiß/Colonia, 14.10.

Me despierto a las 12:21 am y voy (vengo) derecho a la compu. Busco la última frase de mi artículo sobre Dario Fo, ahí está el error, le mando un email urgente a Jorge Landa para que lo corrija y me responde a los 3’, con el error ya corregido, así es que le escribo: «¡¡¡Ahora ya sé quién le inspiró a los cartoonistas gringos la figura de Speedy González!!!»

 

Enrique ha leído en Nexos mi necrológica de Dario Fo, me agradece que mencione su nombre y añade: «“Por amor a la precisión”, como diría Octavio Paz, rescato de la memoria los detalles en los que se dio mi encuentro con el inolvidable italiano. Efectivamente, asistí como miembro de la radio alemana Deutsche Welle a la Buchmesse, dos o tres días después de que se diera a conocer la concesión del Nobel de Literatura a Fo. Era un viaje de instrucción, sin encargo definido, y por eso yo iba “desarmado”. Caminando por los pasillos de la enorme feria literaria, en algún momento alcancé a ver una pequeña multitud. Más allá del muro de espaldas humanas, aparecía sentado el inconfundible escritor. El flamante Nobel de Literatura 1997. Evidentemente, mi primer instinto fue procurarme un aparato con el cual pudiera yo grabar. Según recuerdo, acudí al pabellón de Deutsche Welle en la feria, y me prestaste la grabadora que, previsor como siempre, tú llevabas. Ya con ella, regresé a donde estaba Fo y pedí una entrevista formal. La encargada de prensa se negó, aludiendo razones de tiempo. Un colega de la radio pública alemana escuchó el diálogo y me ofreció darme un espacio al final de los diez minutos que tenía asignados. ¿Me interesaba? ¡Claro que sí! Así que cuando lo llamaron, él hizo que lo siguiera ante las miradas atónitas de otros reporteros. Incluso, ya sentados mi colega y yo, la encargada de prensa tuvo a bien regar en mi pantalón el contenido de un vaso de agua. Y según recuerdo, fue el propio Fo quien me pasó un trapo para secarme. Después, mi colega hizo su trabajo y, conforme a lo acordado, me cedió el turno. Así fue como le pude hacer en diálogo directo seis o siete preguntas a Darío Fo, una entrevista completa, para luego correr a transmitir algo en el informativo del mediodía. Fo me contestó todo lo que le pregunté, amabilísimo en su “itañol”, finísimo en su trato y mordaz en sus palabras. Hicimos con ese material un programa especial en la serie Artes y Letras, en Deutsche Welle. La entrevista completa salió publicada en México, en la sección cultural de El Financiero. El encabezado se refería precisamente a la reivindicación de la labor dramatúrgica como parte de la literatura. Por todo lo anterior, el diálogo con Darío Fo es hasta hoy uno de los puntos culminantes en mi modesta trayectoria periodística, a diferencia de cientos de frías y aburridas conferencias de prensa que a lo largo de casi 30 años he olvidado por completo. En este oficio, como sabes, los mejores recuerdos se forjan a codazos». Es verdad, a codazos y a vasos de agua derramados en nuestros pantalones. La intrahistoria, de la que tanto y tan bien hablaba Unamuno, es aquello que no pocas veces hace soportable la Historia.

 

Leyendo la correspondencia de las hijas de Marx llego al momento de la muerte de su madre, y en un apéndice vienen las palabras que Engels pronunció ante su tumba y por ellas me entero de que nuestro tan admirado Alejandro de Humboldt fue comisionado por el rey de Prusia para obtener del gobierno de París que Marx fuese expulsado de Francia; y lo consiguió, a fe mía, porque poco después la familia Marx tuvo que exiliarse a Bruselas. Las palabras textuales de Engels fueron: «With regret I have to state, that a man like A. v. Humboldt so far demeaned himself as to cooperate in inducing the government of Louis–Philippe to expel Marx from France». Hay que ver, ese ángel, el barón de Humdoldt… Ay. Si hubiese tenido la oportunidad de contárselo a mi abuela Remedios, tan bella como sabia, quién sabe si no habría comentado: «O sea, que no le bastaba con ser de la cáscara amarga».

 

Weiß/Colonia, 15.10.

Hoy, en la sección de esquelas del diario, la de un señor bajo cuyo nombre dice escuetamente “Knochenbrecher”, es decir “Quebrantahuesos”. ¡Y yo que creía que los quebrantahuesos eran un ave carroñera!

 

Oskar pasa a mediodía por casa para engullir una montaña de milanesas. Lo malcriamos a este querido niño, pero es tan afectuoso, nos quiere tanto, se siente tan bien en esta casa ¿por qué, pues, no malcriarlo? ¡Ni que fuese un pecado, carajo!

 

En una carta de Eleanor Marx a Jenny, el 15.1.1882, desde la isla de Wight, tras contarle una y mil desgracias domésticas y personales: «Me asombro a veces de ver cómo he sobrevivido a todo esto. Realmente creo que gracias a mi largo trato con los gatos, entretanto poseo nueve vidas, como ellos». Me lo tenía que haber imaginado, que los gatos británicos, harto mejor alimentados que los españoles, disponen desde hace siglos de dos vidas más que los nuestros.

 

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