De mi Diario : Semana 43 / 2021

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Weiß/Colonia, 17.10.

1:56 am : Terminé la lectura de la séptima entrega de la saga de Sebastian Bergman, y según acaba queda claro que deberá haber, al menos, una octava. ¿Alcanzarán mis plazos, como diría nuestro gran Gonzalo, para poder leerla? Chi lo sa!

¡Marjorie tenía que ser! Al abrir este mediodía mi estafeta virtual me encontré flor de email suyo: ​«He estado busque y busque información desde que me mandaste el mensaje con el enlace a la eutanasia de “Martha Sepúlveda”. Seguro te habrás extrañado de que no hubiese saltado afectada personalmente (y no solo humanamente, como persona decente, ante tal horror), siendo así que aunque nunca la vi personalmente, era en verdad mi amiga. Es que, no sé ahora exactamente por qué, desde el 2010 he estado segura de que nuestra Marta Sepúlveda Góngora había fallecido. No sé quién me lo comunicó –alguien debe haberlo hecho–, pero lo supe de seguro. Aunque no encontré aún documentación que lo compruebe, lo que sí es cierto es que esa persona que ha estado luchando por su eutanasia se llama Martha (con “th”) y de segundo nombre “Lyria”, que nunca supe que llevara nuestra Marta. Tampoco es Góngora, apellido que para la nuestra era vital, al punto de escribir “Los secretos de las Góngora“. Esta tiene un hijo y la nuestra dos hijas. La imagen tampoco me parece la misma, aunque la que te adjunto de la nuestra es del 2008. La de Martha, es actual. Y por ninguna parte dice en los reportajes de la eutanasia que ella sea escritora ni poeta, lo que hubiera sido recogido por la prensa, sin duda. Mi conclusión es que no son la misma persona. Y que la nuestra, efectivamente, murió en el 2010, porque no hay nada de ella en la red posterior a esa fecha. Y ella amaba las redes. Decirte esto me pone triste, porque es como si se nos muriera de nuevo ahora, pero al mismo tiempo me alegra que no tuviera que pasar por esta ordalía». Le respondo: «¡Tenías que ser vos! Debo decirte que desde el mero principio me extrañó la “h” de Martha, que no aparece para nada en la correspondencia que mantuvimos, y lo de Lyria lo atribuí a que raras veces llamamos a las personas por sus dos nombres, si los tienen, pero lo de los hijos era un dato que desconocía; sabía, sí, que era madre, pero no de cuántos hijos, ni que eran dos, e hijas. Y de todos modos tenía que ser la autora de El secreto encanto de la KGB y de La herencia del asesino quien olfateara la presencia de un gato escondido. Yo por la foto no pude deducir nada porque mi memoria fisionómica es del orden del cero coma cero cero, hasta el punto de poder afirmar que si reconozco a Diny es porque la veo a diario, y esto no es un chiste. Además, a Marta sólo la vi una vez en mi vida, en Medellín, julio 2008, hace más de trece años. ¡Enhorabuena, Mrs. Holmes!»

Después de leer mi blog en Fronterad, Manu deja un comentario diciendo que una amiga suya hablaba siempre de «la Iglesia Católica, Apostólica y Marrana». Firmo y rubrico.

Me encanta la columna de Héctor hoy en EE. Me ha hecho recordar una anotación mía en este diario, allá por mayo del 2004, en mis madriles de mi alma, ay: «Calle de las Huertas, una de mis preferidas: la han convertido en zona peatonal y han incrustado citas y versos en el suelo: de Galdós, Echegaray, Lope, Calderón, Quevedo, Góngora, Bécquer, Espronceda…, y descubro esta atrocidad:
“¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla y se respira
mejor?”
Me imagino a Zorrilla temblando de santa indignación en su tumba».

Weiß/Colonia, 18.10.

2:00 am : Comenzó una nueva temporada de la serie policial neocelandesa Brokenwood, y después he vuelto a ver un viejo episodio de la saga del comisario Beck. Buenísimas las dos series. Este primer episodio de la austral comienza como termina la sinfonía del golpe de timbal de Haydn, con un golpe también: el detective–jefe Mike Shepherd festeja su cumpleaños con sus dos ayudantes y la forense, cuando a pocos metros del picnic que celebran se estrella en el suelo un paracaidista a quien no se le abrió su paracaídas, y da la casualidad que es el ex de su mano derecha, la detective Kristin Sims. La intriga está garantizada hasta el penúltimo minuto.

En el KStAnz hoy una esquela fúnebre con un epígrafe en inglés, los versos 11 y 12 del soneto CXVI de Shakespeare: «El amor no se altera en breves horas y semanas / sino que perdura hasta el fin de los días». Es uno de los más hermosos que pergeñó don Guillermo, a quien los dioses tengan en su gloria.

Mi Jorge canario (tengo otros: mexicano, cubano, colombiano, uruguayo), después de leer un blog mío en EE me envió un precioso librito suyo sobre las vidas y obras paralelas de Katherine Mansfield y Alonso Quesada, un escritor grancanario muerto muy joven pero que por lo que leo en el preñado ensayo de Jorge era bastante homologable con nuestra querida neocelandesa (creo que el gentilicio correcto es con “z”, pero la corrección me importa un bledo). Ya he puesto una pica en Flandes [=Gran Canaria] para que me consigan sus dos libros de cuentos sobre la colonia inglesa en esa isla, que me parece harto semejante a la que teníamos en Huelva en tiempos de la Rio Tinto Co.

Me escribe Elena para decirme cómo se ha reído leyendo el episodio con mi pedicura rusa, y que ha tomado nota para leer Contrapunto. Le contesto ipso fuckto recomendándole que inicie sus lecturas de Huxley con Un mundo feliz. Me responde que lo hará porque, dice, le gusta mucho leer novelas históricas. Me deja perplejo con ese adjetivo aplicado a la obra de Huxley, pero lo pìenso y me digo que así es, el tiempo no perdona: lo que para mí era contemporáneo, para mi sobrina es histórico.

Weiß/Colonia, 19.10.

2:00 am : Primero estuve viendo L’affaire Saint–Fiacre [Maigret en el caso de la condesa], 1959, de Jean Delannoy, con Jean Gabin como protagonista, sin duda el mejor Maigret que conozco. Hago mío un comentario en la ficha de www.imdb, la Biblia de los cinéfilos: «Cada vez que la película aborda los temas proustianos de la juventud perdida y la nostalgia es una verdadera obra maestra. [] Me hace añorar una que se hubiera centrado por completo en el regreso de Jules Maigret al pueblo de su infancia. Disfruté enormemente de esta, pero tenía el potencial de ser una obra maestra si no hubiera sido arrastrada por el misterio de un asesinato corriente».

Hoy en La Modicana, Ulli repitió la “ensalada de otoño” del pasado martes y que más bien parece una “ensalada de las cuatro estaciones”, Diny repitió lasaña, Carlitos repitió linguinis con ragú de jabalí, y yo no repetí, tuve un plato de espaguettis con pescado à la siciliana, y come que te come, a lo tonto a lo tonto, me zampé todo el plato. Hasta yo mismo me asombré, máxime al ver que Diny le dejaba la mitad de su lasaña a Carlitos, para la cena de esta noche. Lo que más me importa registrar es que la signora y la persianita (secundum Carlos), a una pregunta mía, me aconsejaron unánimes acerca del mejor médico de cabecera –en Alemania se dice Hausarzt [=médico de la casa, de la familia]– de los alrededores, un tal Dr. Schröder, a cinco paradas de bus desde mi casa. Va siendo hora de que tenga un sucesor mi buen Dr. Ruppert, que quién sabe dónde andará con su familia y su casa rodante, en ese primer año de jubilado, que quiere pasar visitando todo lo que pueda del mundo. Feliz él.

Intenté platicar por teléfono con Susanita en Londres. Pero que si quieres arroz, Catalina. Así es que le escribo pensando que regresan el domingo a mi Güeno Saire que ya no volveré a ver: «Lo intentaré un par de veces antes del 24. Ocurre por otra parte que me dijiste que llamase a partir de las 10 p.m. hora inglesa, que aquí son ya las 11.00, y en Alemania hay una ley no escrita que casi prohibe llamar a nadie a esas horas a no ser al 112, a la pasma y las amistades o parientes muy cercanos. Anoche, valiéndome de esas excepciones te llamé a las 11:30 casi con miedo de que me mandases a freír espárragos. Quiero decir con esto que debo hacer un vencimiento interior para telefonear después de las 10.00 hora continental, a lo que se une que desde las 9:45 es cuando empiezan a pasar las pelis interesantes, así es que se me olvidaría hacerlo, y cuando terminase una peli sería ya harto tarde, incluso para Brexitland. Besos, y sí, ojalá nos hablemos antes de que ustedes regresen a Kirchnerland. Manolito el delalmacén [sic]».

Weiß/Colonia, 20.10.

Estuve viendo hasta las 3:15 am un episodio de la saga del inspector Banks, contraviniendo mi norma de irme a dormir antes de las 3:00, pero hacía tiempo que no veía ningún episodio de esa saga, donde a pesar de la pelotudez humana del inspector, sus dones como detective son innegables.

Al filo de despertarme de la siesta he tenido una alucinación, vi a Dieter, grité su nombre y el grito me despertó; al lado de mi cama había una masa de sombra, no amenazadora sino sugestiva, como si Dieter hubiera venido a buscarme y llevarme con él. Abrí bien los ojos, le di la espalda, me acurruqué con la manta, conté hasta diez. Menos mal que la puerta del dormitorio estaba cerrada y Diny no oyó mi grito, aunque de todas formas creo que sólo grité en el sueño, no en voz alta. Me levanté un par de minutos después y vine directo a la compu para consignar el hecho como pan recién salido del horno.

Weiß/Colonia, 21.10.

2:30 am : A punto de irme a la cama, después de un buenísimo episodio de la serie sueca [Katarina] Huss, que me reafirma en mi opinión de que es mejor que la de su famosa madre Irene, en la misma brigada criminal de Gotemburgo, mientras escribo estas letras cae la lluvia y la escucho en la ventana de este cuarto. Los dioses todos la bendigan, ahora y en la hora de nuestra muerte. Ojalá y que llueva mucho el día en que me muera y hasta mis propios hijos renuncien a un entierro. Me temo que no voy a tener tanta suerte. Pero desde ya me apena el llanto de mis nietos. Si es que me lloran. Ojalá no, si recuerdan lo que tanto les he dicho: que se alegren cuando me muera, porque habré dejado de sufrir.

Hoy, en la sección Barrios del KStAnz, una página entera dedicada a Karl–Heinz Thielen, uno de los héroes locales de Weiß (hay varios más), puntero derecho del 1. FC Colonia de los tiempos gloriosos, donde jugó 395 partidos y anotó 144 goles. Vive en nuestra misma calle, y por esta semblanza vengo a enterarme de que nuestro recoleto Pflasterhofweg, que concluye en el Rhin, es el primer topónimo histórico que se conoce del barrio, o sea, es la calle con más solera de todo Weiß. Ole con ole y olé.

Le conté a José Luis, hasta Managua, que quiero ir publicando los manuscritos inéditos en mi poder, enviados por sus autores para la contratapa “Mi libro favorito” en el suplemento Culturas16, y me comenta: «Me alegra saber que vas a rescatar esos textos. En la Centroamérica de aquellos años era una delicia encontrar a un amigo –generalmente español– que trajera las revistas españolas o periódicos que estaban entonces en boga. Recuerdo Diario16 como uno de las mejores. Ahí podíamos encontrar una forma de periodismo que distaba milenos luz del nuestro, acartonado, romo, estragado y estereotipado por la retórica revolucionaria, aunque con pequeños oasis literarios. Debo reconocer que nos peleábamos por El País por razones menos nobles que el amor a la literatura. Su textura suave y su cualidad de no manchar lo convertían en un mejor sustituto del inexistente papel higiénico que los tabloides nicas, que dejaban el culo negro y no eran tan manejables ni tersos».

Weiß/Colonia, 22.10.

2:00 am : Como no había nada que me interesase en la TV le hinqué el diente al cuento “Un pequeño héroe”, de Dostoievski, recién publicado por Manese en la colección Penguin alemana, y me llevo la sorpresa del siglo. ¡Este no es mi Dostoievski que me l’han cambiao! ¡Si parece Alfred de Musset!

El KStAnz advertía ayer de que había para hoy amenaza de huracán. Diny, que salió a hacer compras muy de mañana, me cuenta que el viento soplaba con tal fuerza que detenía a la gente en la calle, pero luego, como de costumbre en Weiß, las cosas no pasaron a mayores. Donde sí parece que pasaron fue, con nada menos que un tornado, en Lobith, muy cerca de varios pueblos donde vive cantidad de miembros del clan Hansen. Diny los llama por teléfono a todos. Algunos parece que ni se dieron cuenta del alboroto meteorológico. Alabado sea el santìsimo sacramento del altar.

Itziar publicó en El Trujamán un interesante y divertido artículo acerca del cunnilingus, la felicito y le mando el archivo con el mío sobre el clítoris, aparecido en el 2014 en SoHo, México, y ella sube a su cuenta de Twitter ese texto tomado de la red Taringa, donde no se nos da ningún crédito ni a mí ni a SoHo, y aparece además firmado por un anónimo Freedom1211. Si no es esto piratería vergonzosa y  hasta puede que punible, no sé yo de qué otra forma calificarlo.

Le escribo a Blancanieves en Belgrado: «Tus últimos envíos los he gozado como se merecen, en especial los del Niño Miguel y su LP de 1978. Las grabaciones son impecables.Yo te mando esta vez una interpretación por Franco Bongelli de la primera parte de “The Köln Concert” de Keith Jarrett, que es una obra maestra, insuperable, en el arte de la improvisación (¡qué no daríamos por disponer de registros de las improvisaciones de Mozart y Beethoven, maestros consumados en ese arte!), pero que si se transcribe al pentagrama la pueden interpretar otros pianistas, y Franco Bongelli no es manco: hay que afinar mucho el oído para no confundirlo con el original, casi solo faltan aquellas exclamaciones con que KJ se jaleaba y que nos hacían sonreír en silencio, cómplices y solidarios, esa inolvidable, mágica noche del 14 de enero de 1975, para la música a la sombra de la catedral».

Weiß/Colonia, 23.10.

2:00 am : Leo otro cuento inesperado de Dostoievski, el primero que publicó, a los 25 años, y le hinco el diente al nuevo libro suyo (esta vez en colaboración) que me mandó Juan Villa desde su Almonte. Devoré casi 80 páginas de un tirón y podría seguir, pero hoy me toca madrugar. Y hay más días que ollas, así dice el dicho decidero (© by Unamuno), de manera que al catre, un–dos ¡march!

Walter hizo una escapada desde Viena (adonde se mudó al jubilarse) y nos reunimos con él y con Ulli & Carlitos para almorzar en el chino de Rodenkirchen. Sabrosa la comida, como siempre ahí, y tanto las señoras como Walter despachan luego unos postres pantagruélicos y de aspecto barroco, mientras que Carlitos recibe migajas del mismo que le pasa Ulli y yo me limito a un delicioso aguardiente de bambú venido directamente del congelador. Conversación ininterrumpida sobre mogollón de temas, entre ellos mi sorpresa por el descubrimiento de un Dostoievski risueño. Le entrego a Walter un libro para Julio y él me regala dos de sus últimos publicados, con cariñosas dedicatorias autógrafas. Nos despedimos con un abrazo y creo que ambos con el deseo de reencontrarnos pronto.

Repasando las anotaciones de esta semana antes de subirlas a Fronterad caigo en la cuenta de que no debí despedirme de Marjorie el 17 diciéndole «¡Enhorabuena, Mrs. Holmes!» sino «¡Enhorabuena, Mrs. Ashdown!» Es el nombre que adopta la espía alemana Ilse von Hoffmannstahl cuando se hace pasar por esposa de Holmes y ambos se registran en el hotel escocés como Mrs. y Mr. Ashdown. Así puede verse en la gran peli de Billy Wilder La vida privada de Sherlock Holmes, que termina cuando su hermano Mycroft le escribe para decirle que IvH fue descubierta por el contraespionaje japonés, juzgada y fusilada pero haciéndose pasar por Mrs. Ashdown. Ay Sherlock, Sherlock, ¿qué las das?

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Ricardo Bada (Huelva/España, 1939), escritor y periodista residente en Alemania desde 1963. Autor de numerosísimos libros, desde La generación del 39 (cuentos, Nueva York 1972) a El Canto XXV (novela breve, Copenhague), es o ha sido colaborador de medios como Revista de Occidente, ABC y Cuadernos Hispanoamericanos (España), El Espectador y El Malpensante (Colombia), Nexos, La Tempestad y La Jornada (México), La Nación (Costa Rica)…

2 COMENTARIOS

  1. Sé de que hablas, Manu. El día del entierro de mi padre fue el Corpus Christi del año 1978, con un sol de justticia acribillando a la multitud que se arracimó en la Plaza Niña, de Huelva. Sé que hiere. Me duele todavía la cicatriz cada vez que lo recuerdo, y lo recuerdo cada vez más, conforme avanzo con el calendario. O él conmigo, a rastras.

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