De mi Diario / Semana 44 / 2016

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«El caldo de una sopa italiana de pescado, la esencia de doce clases de pescado, que es el número de los apóstoles de Jesús».

 

Weiß/Colonia, 23.10.

Alfonso me escribe que está leyendo una novela de GB y le contesto que GB es «uno de esos autobotafumeirados que se lo tienen creído, es absolutamente insoportable a causa de su ego, que parece importado de la Argentina. Ojono escribe mal, incluso diría que cuando acierta es bueno. Pero he renunciado a leerlo porque lo conozco demasié como persona y pertenece al género vomitable. Y no soy el único bípedo implume a quien se lo parecesé de un lugar donde temen que aparezca por allá porque de lo único que habla, y habla mucho, es de su obra y de la gran mierda que es todo el resto. Si fuese amigo tuyo, siento lo que precede, pero no le quito ni una coma». Alfonso me responde: «No había leído nada de él, no le he visto nunca. Me parece que ha hecho una gran novela sobre un asunto atroz». Y yo: «Pues tanto mejor para ti si es una gran novela y a él no lo conoces nunca. Saldrás ganando por partida doble».

 

El Premio de la Paz de los Libreros Alemanes es el más alto galardón intelectual que se puede alcanzar en este país y se entrega tradicionalmente en la cuna de la democracia alemana, en la iglesia de san Pablo, de Fráncfort, el domingo de la semana en que tiene lugar la feria del libro. He asistido dos veces a la ceremonia, por motivos profesionales: en 1980, cuando se le entregó a Ernesto Cardenal, y cuatro años más tarde, a Octavio Paz. Esta vez la galardonada es una periodista alemana, Carolin Emcke, y ha revolucionado el modo de recibir el galardón. Según confesión propia, sigue la entrega del premio desde 1982, por TV, y desde el 2010 en la propia iglesia de San Pablo. Hoy era ella la protagonista, y al subir al estrado desde el cual iba a pronunciar su discurso de agradecimiento, y ya de frente al público, se saltó a la torera toda la parafernalia de la salutación habitual y dijo: «Waw! ¡De modo que así es como se ve desde esta perspectiva!» Y luego pronunció un discurso magistral, no recuerdo ninguno tan bueno como este desde que Neil Postman inauguró esta misma feria en 1985 con su programático «We amused ourselves to Death [Nos divertimos a muerte]». Una actividad en la que somos ya medalla de oro, dicho sea de paso.

 

Weiß/Colonia, 24.10.

Me cuenta José María que encontró en Scarefacebook una traducción bien españolizada del poema «Señores de la Guerra», de Bob Dylan, «con sus “vosotros, vinisteis y habéis” bien remarcaditos, por lo que me dije que deberíamos tener una traducción más universal para los hispanoparlantes. Te adjunto una aproximación mía, mucho más coloquial y amable, a ver qué te parece». Le contesto: «Bueno, a mí no me tienes que convencer porque yo sólo uso el “vosotros” cuando estoy en España y con mi familia, a quienes les extrañaría enormemente que los tratase de usted; si bien, todo hay que decirlo, me parece que la desaparición del “vosotros” es un empobrecimiento de la lengua, del mismo modo que el “vos” es un enriquecimiento». 

 

Le escribo a Julio, que ya regresó de Madrid, donde comió en La Daniela y conoció a Yina y Yamila: «Tu paisano Vargas Llosa estuvo acá en Colonia y pronunció ayer una conferencia en la WDR. Por supuesto, no fui, y hasta no sé si hubiese ido de continuar yo en mi desempeño laboral en la Deustche Welle. Hay dos cosas que me han creado una distancia enorme hacia él. La primera es que dijera en público, y no una sola vez, cuando se enredó con la Preysler, que nunca se ha sentido más feliz en su vida lo cual, después de 50 años de casado con Patricia, me parece imperdonablemente innoble. La segunda es que a la pregunta de un colega español acerca de qué le parecía el Nobel a Bob Dylan respondió como lo podría hacerlo un analfabeto de Villaconejo de Arriba: “A lo mejor el año que viene se lo dan a un futbolista”. (Empeora el caso que posiblemente lo haya dicho off the record, cosa que habla mal del colega que lo aireó, pero en último término habla peor de Vargas Llosa). Tengo muchas ganas de platicar contigo, sobre todo en estos momentos acerca del tema Bob Dylan. Capaz que me voy a vivir a Nettetal. A Viena, desde luego, nunca». El chiste es que Julio vive en Nettetal, un pueblito en la frontera con los Países Bajos, pero le han ofrecido una cátedra en el alma mater vienesa. Ay.          

 

Es hermoso y edificante leer la correspondencia entre las hermanas Marx, asomarse a ese hogar en el que todos se amaban e intercambiaban ideas y vivencias con asiduidad, permitiéndonos oír sotto voce una sinfonía doméstica que nada tiene que ver con la de Richard Strauss, donde anda sobrando más de la mitad de la percusión: ¡por todos los dioses, en casa de los Strauss las broncas debían de ser épicas!, recuerdo que la primera vez que oí esa sinfonía me dije que por nada del mundo me gustaría ser miembro de una familia tan estruendosa y enrabietada. No, las cartas de las tres Marx son todo lo contrario, te dan ganas de ser uno de sus primos.

 

Weiß/Colonia, 25.10.

0:05 am : Pasaron El espía que volvió del frío, que es como El tercer hombre, pero sin la cítara de Anton Karas. Y una vez más recaigo en la falsa (e imperdonable) identificación de Claire Bloom con la protagonista de una de mis pelis más queridas, Calle Mayor, a pesar de saber que la Isabel de Bardem (inspirada en parte por la Flora Trevélez de Arniches) fue Betsy Blair, la deliciosa compañera de Ernest Borgnine en otra peli que se cuenta entre las entrañables: Marty. Recuerdo una vez que Diny estaba de viaje y me vino a visitar Rebeca, por si necesitaba ayuda en las tareas del hogar; cociné algo que cenamos juntos hablando del cine de antes, con tanto calor por mi parte que quise mostrarle una peli de “las de antes” y sin pensarlo mucho elegí Marty. Al final, Rebeca me dijo asombrada: «¿Por qué no se hacen ya películas como esta?»

 

En La Modicana, con Claudia y Javier, que no nos avisaron de que vendrían para darnos una sorpresa. Poco a poco, nuestros dúos de los martes se están convirtiendo en tríos, cuartetos y quintetos, y empiezo a sospechar que podrían llegar a convertirse en coros. Oremus.

 

Al regresar de La Modicana encuentro en la estafeta virtual la respuesta de Julio a mi email de ayer. Después de constatar que Vargas Llosa parece tener una capacidad increíble para decir estupideces cuando se refiere a cualquier cosa que sea de izquierda, y que si le hubieran dado el Nobel a un cantautor de derechas lo habría celebrado, Julio me da cuenta cabal de su posición acerca del Nobel a Bob Dylan: «No he sido nunca un férreo seguidor de Dylan pero su papel en la historia del pop a nivel mundial es indiscutible. He ubicado varias posiciones: los que reniegan del premio porque no es literatura (ni vale la pena discutirlo); los que consideran que debería haber un Nobel de Música (valdría la pena discutir sólo si la Academia lo inicia); los que consideran que un cantautor sí pero Dylan no (Chico Buarque es uno de los candidatos); los que consideran que el premio devalúa la música porque sólo contempla los textos (eso es como que se rechace que le den el balón de oro a Cristiano Ronaldo porque al hacerlo se desmerecen sus dotes de nadador); y los que consideran que el Nobel no es legitimación alguna sino una máquina más del imperialismo. Un amigo muy querido, Marino Martínez, resumió la polémica muy bien en Facebook. Escribió allí: «Ahora resulta que miles se pronuncian sobre si Dylan merecía o no el Nobel cuando lo último que leyeron fue el Coquito“. Coquito es el libro escolar con que uno aprende a leer en el Perú. Coincido con él plenamente». Y un servidor también.

 

10:05 pm : Terminan de pasar en el canal Arte un precioso y desesperanzante documental sobre la guerra civil española y el papel que desempeñaron en ella las Brigadas Internacionales. Sé de muchos amigos que no entienden mi pasión por la II.ª República. Sé también que la mayoría de ellos aguantó a Franco hasta el final y en España. Yo no pude, no quise, me fui. Y aquí sigo, sí, pues aunque ya se murió el perro todavía no se acabó la rabia.

 

Weiß/Colonia, 26.10.

9:30 am : Llega impuntual (una ½ hora antes de lo anunciado) el Dr. Ruppert, para extraerme sangre. Se alegra de saber que en estos 28 días no he bebido nada más que aprox. ½ l de vino tinto. ¿Es por su parte una prueba de reconocimiento profesional, o lo es de sadismo?

 

A la 11:40 am llegaron los montadores que venían a instalarnos una nueva cocina eléctrica y una nueva segunda heladera. La factura, dos horas después, me hace temblar. Ya se lo dije unas horas antes al Dr. Ruppert, no ando padeciendo una depresión de las habituales, sino de las que padecía mi padre, la del miedo al futuro, la de la carencia de ingresos para cubrir los gastos. Y a decir verdad, no sé cuáles son las peores depresiones. Los pobres, felices ellos, no padecen de la que sufrimos los pequeños burgueses. Hasta los de izquierda.

 

Buscando material para adelantar un par de ## de The Twitter’s Digest un tuit tangencial me lleva a descubrir la obra de un artista audiovisual gringo, de Luisiana, Clayton Cubitt. Un día se le ocurrió filmar con cámara fija a mujeres que leen sentadas, de libros de Emerson, Henry James, Thomas Bernhard, Toni Morrison mientras las masturba un dildo invisible para el espectador. Por alguna razón que se me escapa, la contemplación de los vídeos no comporta ningún voyeurismo, algo que debe ponerse en el Haber de las mujeres que se prestaron a este experimento. Que por cierto ha hecho escuela, en Francia, Polonia y ¡cómo no! en el Brasil.

 

Weiß/Colonia, 27.10.

Llamada de FU, la secretaria de IK, la atiende Diny y es bueno que sea así porque la buena F ha sido instruida por IK para que hable sólo con Diny y le explique cómo es que IK se encuentra muy apesadumbrado por el alejamiento que se ha producido entre él y yo, y si no podría Diny, aprovechando que IK debe viajar pronto a Colonia, organizar un reencuentro etc. Cuando Diny me lo cuenta casi me dan ganas de vomitar. Al cabo de cuatro años y medio, y aprovechando que viajará a Colonia, una llamada de su secretaria a Diny (o sea, un doble escudo femenino para evitarse el desaire de que yo le colgara el teléfono al oír su voz si me hubiese llamado directamente), y al mismo tiempo querer matar dos pájaros de un tiro. Repaso lo que escribí en Madrid, en este mismo diario, el 5.5.12, y no tengo nada que añadir a lo decidido entonces:

«Salgo de la clínica. Hay amigos que supieron que estaba en ella y acudieron a visitarme, o que todos los días llamaban a Diny, desde Huelva, Sevilla, Alcalá, para saber cómo me encontraba. Otros, sabiéndolo, no lo hicieron. No es que yo crea que no acudan nunca al lado del lecho del amigo enfermo, sino que sencillamente sitúan su profesión por encima de ello, hasta el punto de crear subliminalmente un mecanismo de olvido automático. Hay que contar con esa perversa refracción de la relación personal. Y en el momento de entrañarla, se acaba la amistad».

 

En lo de la pedicura a las 12 del mediodía. El tema de conversación ha sido Bob Dylan, y debo decir en mi honor que al cabo de 50’ le había lavado el cerebro y convencido de la justicia del Nobel a un poeta de tanto valor como este Herr Zimmermann de Minnesota.

 

Pasan por el canal Arte Sweet sixteen [Dulces dieciseis], de Ken Loach, y a renglón seguido un largo y fundado reportaje biográfico de este director que, como pocos, sigue en la brecha de un cine socialista y social. No me pierdo ni una sola de sus pelis. Son directores como él, o como Nelson Pereira dos Santos, los que han hecho que nunca perdiera mi fe en el cine, pese al alud de mierda que se desploma incesante desde Hollywood, y nunca me defraudaron.

 

Weiß/Colonia, 28.10.

Gran susto esta mañana con la compu, la pantalla no se abre, y aunque de los auriculares, colgados del pomo de la gaveta superior del escritorio, me llega perceptiblemente sonora la señal de que internet y el sistema están activados, la pantalla sigue en negro. El recurso a la fuerza bruta (desconectar el aparato de la red) no funciona. Ninguna de las dos veces. Lo dejo por imposible y acudo al baño para las abluciones matutinas y “ajepillarme los güesos”, como decía Alberto Vázquez imitando a un amigo muy bruto, de un pueblo de Huelva. Regreso a la compu. No hay cambios. Pero veo que Diny ha programado para hoy su zafarrancho semanal de  limpieza y se me ocurre deslizar un dedo suavemente por el canto inferior de la pantalla et voilá! se prende una lucecita piloto color azul (¿no era el verde el color de la esperanza?) y la pantalla se ilumina y me ilumina el día, que amaneció –y detrás de la ventana sigue– tenebroso.

 

En una carta del 28.1.34, de René Schickele a Joseph Roth: «El auténtico jinete del Apocalipsis es la estupidez, los otros no hacen más que trotar a su zaga».

 

Weiß/Colonia, 29.10.

Le regalé a Marcos una nueva traducción mía de la serie #TrumpExplainsMoviePlots, y veo que anoche mismo la subió a su cuenta Twitter :

 

En la revista finisemanal que acompaña al diario, el escritor Hanns–Josef Ortheil responde en una entrevista a la pregunta por su plato favorito: «El caldo de una sopa italiana de pescado, la esencia de doce clases de pescado, que es el número de los apóstoles de Jesús». Confieso que en la vida se me habría ocurrido remitirme a tales ancestros gastronómicos.


Diny se marcha a Beek, hasta mañana. Esta tarde habrá una nueva fiesta familiar de los Hansen, en este caso Monique & Marcel, que celebran no sé cuántos años sumando las edades de ambos los dos, © by Cantinflas. Los dioses bendigan esa confraternidad hansenista, harto más sabia, a fin de cuentas, que mi filosofía de caracol que ni siquiera saca los cuernos al sol.


Juan Gabriel López Guix ha publicado tres trujamanes acerca de la ardua traducción de Alice in Wonderland, centrándose en la siguiente frase, que fue la que usó el propio Lewis Carroll para chequear la bondad de las versiones en francés, alemán e italiano: «»Mine is a long and a sad tale!» said the Mouse, turning to Alice, and sighing. «It is a long tail, certainly,» said Alice, looking down with wonder at the Mouse’s tail; «but why do you call it sad?»» La investigación llevada a cabo por López Guix es harto meritoria, ya que aduce nada menos que 16 ejemplos, todos los cuales, sin excepción, giran alrededor de la palabra “cola” y las expresiones basadas en ella (“traer cola” en especial). Ni que decir tiene que los resultados, incluso los que más se acercan a la intención del original, no son nada satisfactorios. Lo cual me asombra grandemente, a pesar de mi desconocimiento del inglés, ya que a mi juicio, y al menos en castellano, no hay nada más sencillo para traducir: «”La mía es una historia larga y triste, de cabo a rabo” dijo el Ratón. [] “Ciertamente es un rabo largo”, dijo Alicia mirando asombrada el del Ratón, “pero ¿por qué la llamas triste?”» ¿Elemental, querido Watson?

 

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