De mi Diario: Semana 45 / 2012

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Weiß/Colonia, 4.11.

030 am : C’era una volta il west: una obra maestra. Lo que se nos olvida, casi siempre, es que Bertolucci fue uno de los autores del guión original, y creo que eso se revela en más de una escena. En cualquier caso, esta, como Festen, es otra de esas pelis que te obligan a ver el cine de manera distinta. Para Milan Paulovič, mi crítico predilecto, es una de las ± doce pelis perfectas de la historia del cine. Para mí también, lo que no sé es en cuántas de las otras once coincidimos.

 

Como Diny se fue ayer tarde a Holanda, a otra más de esas fiestas familiares a las cuales tengo echadas la cruz y la raya, me preparo para el desayuno un huevo en copa, y tengo la suerte de que haya un huevo grande, grande, que cuando lo vuelco en el egg coddler veo que tiene dos yemas, así es que mezclado con bacon frito y cortado en pedacitos, y todo cocido durante 10’, es un boccato di cardinali. Casi siento el peso de la púrpura mientras lo degluto a grandes y ruidosos sorbos. Cuando la patrona no está, los ratones bailan (bailamos) encima de la mesa.

 

Vamos a almorzar a La Modicana, Carlitos y yo, para pasar luego a recoger en la Lederfabrik el cuadro de Jon Pryke que compró Ulli hace dos semanas, hoy se clausura la exposición. Está en la Lederfabrik el amigo de Montse y Frank que vive en Londres, Klaus, también amigo de Jon Pryke y que fue, un poco, el Deus ex machina de esta muestra. Ha venido expresamente de Londres para llevarse los cuadros no vendidos. Le pregunto si ya pasó a ver a Montse y Frank, me dice que no, y le digo que Frank posiblemente estará viendo el partido del 1 FC Colonia, y él, curiosamente, me pregunta si Podolski sigue jugando en el equipo. Al principio pienso que debe ser una broma, porque Klaus vive en Londres, pero me doy cuenta de que no es una broma y tengo que explicarle que a Podolski lo puede ir a ver jugar allá en Londres, con el Arsenal. Es como si un amigo mío de Barcelona me preguntase si sé en cuál equipo está jugando Messi.

 

Weiß/Colonia, 5.11.

2.00 am, acabo de ver (y oír) a Paavo Järvi dirigendo a Schumann. Pero lo más fascinante de la grabación no fue la música en sí (por la mañana, desayunando, la escucharé en el CD) sino que el realizador y/o el camarógrafo se enamoraron del torso de la segunda viola y no perdieron ni una sola ocasión de mostrarlo de espalda, de frente y, sobre todo, en escorzo; la bella pelirroja (con gafas) vino al concierto con un vestido harto descotado, y sin sostén, de tal manera que en cualquier ataque de un allegro con tutti, o de un molto agitato, capaz que se le escapaba una teta por la sisa, y parece que ni el realizador ni el camarógrafo querían perderse ese instante mágico.

 

Día sin historia. Sólo la preocupación por la salud de mi buen tocayo Ostuni, en Buenos Aires, a quien ha habido que internar a causa de una neumonía. No me quedaré tranquilo hasta no volver a ver sus emails en la bandeja de entrada de mi estafeta.

 

Lewis, el penúltimo episodio de la segunda temporada en el canal ZDF Neo, y el desconcierto de no saber cuándo pasarán el siguiente, debería ser el lunes de la semana próxima pero ya miré en la programación adelantada y no aparece. ¿Cómo es posible que pauten de una manera tan despelotada una serie?  Me cago en la recontramilputa que los recontramilparió, a esos cráneos privilegiados de la programación de ZDF Neo.

 

Weiß/Colonia, 6.11.

Abro el directorio general para buscar el teléfono de mi Finanzamt [=oficina de recaudación de impuestos] y solicitar un certificado de que soy sujeto fiscal alemán (y así sólo me descuentan el 5% en vez del 24,75% en mis honorarios españoles). Y cuando aparece Finanzamt Köln–Süd en la pantalla me fijo en la dirección que le sigue, la de la Fundación García Lorca, que está en la calle Jorge Manrique # 27 de Madrid. ¡Me encanta este género de encuentros en la tercera fase! Tanto de lo mismo cuando me enteré de que la casa madrileña de mi buen Félix está en la calle Rafael de Riego. O la de Juan, mi tan querido Juan, en Huelva, en la plaza Luis Buñuel.

 

La procesión de san Martín pasa este año por nuestro Pflasterhofweg, no por la calle principal, así es que al oír la banda me asomo a la ventana y los veo desfilar, al policía disfrazado de santo y a caballo, y a los niños con sus lamparillas y sus farolitos, o sus pequeñas antorchas. Imagino que el año próximo iremos Diny y yo acompañando a nuestro Henri, será su primera procesión de san Martin tomando parte activa en ella.

 

Si te adora como amigo la mujer que amas, te sientes san Antonio en el altar y con la verga en plena & inútil erección.  

Este tuit mío subido por Maripaz a su cuenta T (@mariapazruiz) me ha valido la crítica de ser burdo y ordinario. Pero creo saber algo acerca del oficio de escribir, no en vano me he ganado (y me sigo ganando) la vida con él. Así las cosas, sé que una de las más difíciles en materia de escritura consiste en describir, y ese tuit es un modelo de precisión descriptiva; me importa un bledo la aparente inmodestia. En él se llama a las cosas por su nombre, y llamar a las cosas por su nombre nunca es ordinario. Podrá ser crudo, pero no ordinario; describe de una manera exacta los sentimientos y la experiencia de un hombre enamorado de una mujer a la que ama de manera real y carnal, nada” romántica”, pero ella sólo lo quiere (y al parecer mucho, casi que lo adora) como amigo. Es un tuit que formulo de manera generalizada, no personalizada. Y que encierra una gran verdad me lo han confirmado varios emails que ya he recibido, entre ellos uno de una amiga muy querida y que describe exactamente lo mismo que yo aunque lógicamente sustituye la erección por otro fenómeno, al cual también nombra con las palabras técnicas exactas. No hay que tenerle temor a nombrar las cosas por su nombre. Lo que sí me resulta ordinario, es el uso expresivo de palabras tales como mierda, hijueputa, cagada, pero parece como si ya fuese hasta “natural” malhablar de una manera tan burda y ordinaria. Al lado de esas palabras, erección y verga son dechados de objetividad, puesto que al menos están nombrando aquello que quieren nombrar, sin epítetos. Me animo a componer otro email contrabalanceando el de ayer, y que seguramente también le pediré a Maripaz que le dé hospedaje en su cuenta T:

Si te adora como amiga el hombre que amas, te sientes santa Rosa de Lima en el altar y con las bragas mojadas. 

 

Weiß/Colonia, 7.11.

Gabó Obama. Y el equipo de Romney publica por equivocación la página que tenía preparada para el caso de que triunfase su candidato. Es como cuando en 1950, el 16 de julio, Uruguay derrotó a Brasil por 2:1 y se proclamó campeón del mundo de fútbol, el célebre maracanazo. Los diarios brasileños se quedaron con los crespos hechos; ya habían compuesto sus portadas donde a toda página y en el mayor formato imaginable podía leerse: BRASIL CAMPEÃO !!!

 

Cumpleaños de Montse. 42 años. Por hacer un chiste, en la tarjeta que le dedicamos Diny y yo le hablo de que ya alcanzó una edad bíblica. No tiene sentido pensando que cuento 73 otoños a mis espaldas, pero sí pensando en ese momento de 1970, casi de la Prehistoria, en que Montse añadió una hoja a nuestro árbol. En cualquier caso, lo esencial de visitarla y felicitarla casi que es secundario ante la presencia de Henri. ¡Y cómo olvidar su exclamación cuando apareció Oskar, de regreso de la escuela, pero habiéndose tomado tiempo para pasar por la florería y comprarle a su madre la más hermosa rosa roja! Cuando Henri lo vio llegar, enarbolando la rosa aún envuelta en el papel de regalo de la floristería, un envoltorio en papel color zanahoria y aproximadamente la forma de una, gritó a pleno pulmón: «¡Qué zanahoria tan grande!» Nos lo hubiésemos podido comer a besos si no fuera porque nos lo impedían las incontenibles carcajadas.

 

Weiß/Colonia, 8.11.

Voy a la consulta del Dr. Ruppert, para extracción de sangre y plática sobre el estado general de salú y las nanas propias de un anciano valetudinario. De regreso a casa viajo con el bus hasta la Chlodwigplatz, para allí transbordar al tranvía 16, y estoy sentado teniendo de pie delante de mí a una chica joven enfundada en una minitúnica roja de encaje, hacia cuya bastilla ascienden dos piernas interminables, enfundadas hasta la rodilla en unas botas dartagnanescas y de ahí hasta el inglamen (o el liguero) en unas medias tan negras como debe ser su entrepierna si no se depila. El Dr. Ruppert tiene razón: mi salud no deja nada que desear. Y tengo que tomar sus palabras, en este caso, casi al pie de la letra. No dejo nada sin desear.

 

Después de oír lo que le cuento acerca de la visita al Dr. Ruppert, me dice Diny: «Umkraut vergeht nie! [¡Yerba mala nunca muere!]», algo que también me dicen mis amigos. Al parecer hay un consenso botánico–moral unánime sobre mi persona.

 

Weiß/Colonia, 9.11.

Veinte años después, esta noche, una nueva edición del concierto mamut “Arsch huh, Zäng ussenander”” [en el dialecto local “¡Levanta el culo y enseña los dientes!”], una manifestación de xenofilia como no ha habido otra en la historia de este país. El lema del concierto te pide que no te quedes sentado mientras los neonazis están activos, que les muestres los dientes. Veinte años atrás Diny estuvo en el concierto original, en el sur de la ciudad, en la Plaza Chlodwitz, perdida entre los miles de participantes; yo no acudí porque mi miedo a la multitud, demofobia o como se llame, es muy acusado. Esta vez es Paul quien representa a la familia y el concierto tiene lugar en la orilla derecha, en los astilleros, con vistas sensacionales a la orilla izquierda, la buena, desde la catedral a los viejos silos del puerto. Y nuevamente una muchedumbre inmensa (80.000 personas) unida en un sentimiento de rechazo al huevo de la serpiente. Lo sigo con Diny en la tele, y en un receso vine a ver los emails acumulados desde las 6 pm; me encontré uno de Arcángeles, amoroso, y otro de mi maragatita, que estaba tomando unos tintos en los madriles con «una paisana tuya, mucho más hermosa que yo (que ya se las trae, primo), que quería hablar contigo». Sarà una altra volta!

 

Marcos me envía desde Caracas el enlace con una entrevista hecha a un tal Julio Ortega, uno de los miembros del jurado que le concedió el premio de la FIL al plagiario Bryce Echenique. Y en respuesta a la pregunta del periodista, este señor Ortega dice textualmente: «Discutimos sobre los plagios en la reunión del jurado y los descartamos, porque pensamos que es materia judicial. [] Según el criterio de quienes se quejan, no se le podría haber dado el Nobel de Literatura a André Gide, que era pederasta, o el Premio Nacional de Francia a Jean Genet, que era un delincuente, o el Cervantes a Álvaro Mutis, que estuvo preso por estafa en México». Me quedo de una pieza. ¿Este señor es tonto o se lo hace?  Porque el argumento que aduce es de mear y no echar gota. Que yo sepa, Gide no sodomizó a la literatura; Genet no le robó una sola página a ninguno de sus colegas escritores, y a Mutis hubo que ponerlo en libertad porque su estafa había consistido en ayudar al arte con dinero destinado a la publicidad. Pero bien pudiera ser que este señor ni sea tonto ni se lo haga, sino que padezca la enfermedad típica del político en el poder y del profesor en la cátedra: la realidad es algo que hace tiempo quedó abolida para ellos, tanto que no vacilan en acudir –cobrando, claro está– a eventos organizados para lavar culturalmente la cara del régimen de Chávez.

[Le envié este anticipo de mi diario a varios amigos, como globo sonda, y mi hermana Susana, ¡ah, cuán traicionera!, nomás le afrijola (desde Bueno Saire) un nuevo argumento al tal Ortega: «Y Churchill fumaba habanos; ¡¡¡indignante!!!»]

A mayor abundamiento, Johan Bush Walls me hace llegar un cuentico suyo de los que él llama “pajeros”, donde el 20.1.2009 desenmascaró con gracia singular, y un tanto borgiana, el método del Copy Bryce, como él lo llama. Es una joya que paso a distribuir enseguida urbi et interneti.

 

Weiß/Colonia, 10.11.

1:30 am, leo un email y me repito las palabras de Van Gogh: «Es inútil. La tristeza durará toda la vida». Menos mal que ya no me queda tanta. Y recuerdo el epigrama “Angina pectoris”, de Nazim Hikmet, cuando la Gran Marcha: «Doctor, estoy enfermo, / la mitad de mi corazón / se halla en Pekín».

 

Oskar ha venido a pasar el día con nosotros. La abuela se lo lleva al garaje para que la ayude al zafarrancho de limpieza en ese que para nosotros es uno de los dos cuartos de trastos viejos (el otro es el sótano). Yo salgo con la bici para la farmacia, y a comprar la revista quincenal con la programación de la tele, y pancitos en lo de Pistono, que es la mejor panadería en hartas millas a la redonda, con su propio horno de piedra, de aquellos de la vieja guardia. Pero la verdad es que el paseo en bici es una tortura, a causa de mis kilos, mis años, mis achaques, y también de mi desentrenamiento. Tengo que hacer dos o tres pausas para recobrar el resuello, una de ellas junto al Rhin, mi río bienamado. Me lleno los ojos de su paisaje, de su majestad, de su incesante fluir. Se me quitan muchas penas mirándolo.

 

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2 COMENTARIOS

  1. Mi tía abuela tenía en su
    Mi tía abuela tenía en su casa de San Nicolás, un horno de barro, entre otras delicias, cocinaba pan casero. Siempre fue pobre y siempre alquilo -salvo al final que vivió en una casita al lado de su hija-, así que se movió entre mudanzas pero a cada nueva casa le reiniciaban la construcción del horno de barro. ¿Los conocés? Parecen un nido de hornero por la mitad.
    Y el gallinero, infatigable la imagen de ella entre las gallinas.

  2. El último párrafo te describe
    El último párrafo te describe mejor que mil biografías.

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