De mi Diario : Semana 46 / 2011

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Weiß/Colonia, 13.11., primera hora de la noche

Ángeles cantando en escena, durante un recital de Sabina en México. Sin comentarios. Ángeles queda del lado de lo excepcional. Paso una tercera vez la grabación, y de algún modo trato de mimetizarme en los ojos y oídos de Monika, oírla y verla como Monika. Al final estoy llorando sin remedio. Qué dolor, hoy todavía, recordarla arrancada de la vida justo cuando estaba en su mejor momento y había encontrado ese equilibrio que le daba su nieto carnal que al mismo tiempo era su hijo adoptado. Uno querría conocer al culpable. Y escupirle en la cara.

 

Weiß/Colonia, 13.11. (1)

Anoche he tenido en muy pocas horas una vivencia personalísima de la historia universal de la infamia. Los malparidos que crearon una cuenta Twitter mía falsa, al enterarse de que pensaba recurrir a la justicia para poner en claro el delito de suplantación de personalidad, más otros que pudieran serles anexados, dieron marcha atrás y cancelaron esa cuenta, mas no sin reservarse la más triste de las victorias, la de convertir a sus inocentes madres en profesionales del oficio más viejo del mundo: reacondicionaron el acceso a “mi cuenta” mancillando el apellido de mi padre y de mis hijos. Y ante tamaña hijueputez no conozco el perdón ni el olvido. Seguiré trabajando cuanto pueda, con mi abogado y si fuera necesario con un hacker, hasta averiguar sus nombres. Y los haré públicos en cuanto los averigüe. Pienso llevar este asunto hasta el final, si es posible un final; porque la verdad es que no entiendo la casi delictiva negligencia de Twitter, permitir que cualquiera pueda abrir una cuenta a nombre de un tercero sin controlar quién se la abre. Además de Scarfacebook (en el punto de mira de la Oficina de Protección de Datos, acá en Alemania), ahora, además rebuznos, graznidos y relinchos, en vez de gorjeos (no trinos).

 

Weiß/Colonia, 13.11. (2)

Cuando Henri sonríe la casa entera se ilumina y yo me derrito a ojos vista. Este niño es un tesoro como de Las milyuna noches. En mi cuarto de trabajo hay varias cosas que le interesan mucho y se las quiere anexar, así es que se me parte el corazón al decirle que no, que esas cosas no, que a lo mejor cuando sea mayor sí. ¿Pero estaré yo aquí para permitírselo cuando sea mayor? Entrada la tarde vienen a buscarlo Frank y Oskar, que enseguida lo toma en brazos, Oskar es el cariño en patas. Los dioses me han regalado al menos estos nietos. Y cuando Oskar me dice al oído que el miércoles, de la escuela, vendrá derecho acá, si su mamá se lo autoriza, les prometo in petto a las sacerdotisas de Eleusis el visceramen de todas las palomas de la Piazza de San Marco. Enter.

 

Weiß/Colonia, 14.11.

Apareció en internet un texto absurdo tratando de explicar lo que no lo necesita, los versos de Discépolo «Igual que en la vidriera irrespetuosa / de los cambalaches / se ha mezclao la vida / y herida por un sable sin remaches / ves llorar la Biblia /  contra un calefón». Sabiendo que en el Río de la Plata le dicen “cambalache” a lo que el Diccionario llama “prendería, tienda en que se compran y venden prendas, alhajas o muebles usados”, la imagen es tan, tan plástica que uno se pregunta cómo se puede ser tan necio para imaginar la rebuscada explicación que le buscaron. Mi tocayyyo Ostuni, que es historiador, se llevó las manos a la cabeza al leer el texto de marras, cuando se lo remití, diciéndole en un email: «Hasta en Alemania hay cambalaches como los del tango de Discépolo. Muy cerca de la primera redacción de la Deutsche Welle en la que trabajé a partir de enero 65 había uno. Y en el 25 del Karolinger Ring (nosotros vivíamos en el 29) otro: era por cierto de un judío, y un día que salí a hacer unas compras con mi hija mayor, entré de paso para preguntarle el precio de una placa de bronce con Jesús crucificado entre dos imágenes de diosas griegas, y él me preguntó (al notar mi acento) si yo era extranjero, quiso saber que de dónde, y para qué le dije que era español, me echó tremenda bronca por el edicto de Isabel la Católica en 1492, por la Inquisición quemando conversos, qué sé yo, la Biblia en pasta. Cuando se calmó le dije que lo sentía mucho, que sabía que tenía razón, en fin, que le ofrecí disculpas retroactivas, y luego, para seguir nuestro camino, llamé a mi hija, que se había distraído al fondo de la tienda: «¡Vale, Rebeca, que nos vamos!», y el judío se quedó de una pieza: «¿Cómo ha llamado a su hija?» «Rebeca, como se llama». «Pero usted no es judío». «No». «¿Y por qué se llama su hija Rebeca?» «Porque es un bello nombre». El hombre lo hizo un regalo a Rebeca (un dije muy lindo, creo que lo conserva) y desde entonces me saludaba siempre muy amistoso si nos encontrábamos en el barrio o yo pasaba delante de su tienda y él estaba mirando p’afuera.

 

Weiß/Colonia, 15.11., una hora después de medianoche

En la tele, después de Full Metal Jacket, y no sé si como programa de contraste, Diez negritos de Agatha Christie, una de las cuatro versiones que se han hecho desde la de René Clair, 1945. Esta es de George Pollock y con un reparto de grandes segundones. Pero me reafirma en la misma impresión que hace un par de días con The Alphabet Murders; a doña Agatha hay que leerla y verla en clave de broma. A no ser que uno se llame Billy Wilder y le dé por lo serio (Testigo de cargo) o disponga de un reparto de lujo y sea Sidney Lumet (Asesinato en el Orient Express). Incluso un Peter Ustinov no logra salvar al personaje Poirot, porque se lo cree, trampa en la que no cae Albert Finney. Ni tampoco Margaret Rutheford, quién había entendido muy, pero que muy bien a su Miss Jane Marple. Es puro cachondeo su trabajo.

 

Weiß/Colonia, 15.11. (1)

The Twitter’s Digest llega hoy a su # 100. He hecho una edición especial, que creo que alegrará mucho a los treinta antologados, muy en especial a los quince que aparecen con tuit y con avatar; de los quince restantes sólo paso sus enlaces y la recomendación de que los abran. La limitación tiene que ver con una plática al teléfono hace días, con mi deuda estherna, y ambos coincidimos en que quince tuits es la medida exacta antes del empacho. Tanto ingenio no se soporta de una sola sentada. Pienso incumplir esta norma en el # correspondiente al 31.12., como excepción, y dedicar el # 101 a los quince que en el 100 nada más recomendé.

 

Weiß/Colonia, 15.11. (2)

Alemania vs. Holanda, 3:0, en Hamburgo. Ha sido el mejor partido de Alemania en mucho, mucho tiempo. Qué gozada esos tres goles, gracias a una perfecta estafeta Müller-Klose-Özil, y cómo fue que supieron repartírselos como buenos hermanos, uno cada uno. Klose, además, con uno de esos cabezazos suyos de los que Alberto Salcedo menciona en una de sus crónicas, 63 goles lleva ya, le quedan sólo 5 para igualar a Gerd Müller. Aleluya. Acabo de volver a ver en la tele los tres goles (en alta definición) y son una belleza cada uno, como un triunfo de la geometría sobre la zoología (los holandeses parecen hormigas de un hormiguero pateao). Leo al rato el comentario del reportero en la página web del diario Volkskrant, de Ámsterdam, y dice  que los alemanes jugaron como una orquesta armoniosa, y sus compatriotas como si fuesen una banda de música pueblerina, con los músicos borrachos y sin director. Ecco!

 

Weiß/Colonia, 16.11.

Hoy he descubierto con honda tristeza que no tengo amigos en Colombia, yo, que paso por ser algo así como un colombiano honoris –y hasta humoris– causa. Pero no, ha tenido que ser Luis Moreno Gómez, un venezolano, viejo amigo, con el que mantengo relación ultramarina desde 1965 (se dice pronto), quien me revelase la existencia de Alejandra Azcárate. Pocas veces me he reído tanto en los últimos tiempos como con ese descacharrante ingenio verbal de Champions League que posee esta mujer. A los amigos colombianos los voy a mirar feo desde ahora cada vez que me llamen “amigo, maestro”, todas esas pendejadas que son puras mentiras, porque me han estado ocultando –estoy convencido de que adrede– la más depurada quintaesencia de la mamadera de gallo, como quien dice el alma de su país. Malparidos.

[Una amiga me advierte que ese “malparidos” es harto malsonante, es palabra fuerte y ofensiva, y lo sé, en ese sentido la he usado hace un par de días en este mismo diario, pero espero de mis amigos colombianos, a quienes les mandé copia de la entrada, que posean bastante sentido del humor como para darse cuenta de que está escrita tal y como si la hubiese improvisado la propia Alejandra. O sea, que es –o intentó serlo– una pura mamadera de gallo].

 

Weiß/Colonia, 17.11. (1)

El denso intercambio de emails acerca del absurdo texto sobre los versos de Discépolo que no necesitaban aclaración terminó por recaer en el tema de que los periódicos se han usado, y hay lugares donde seguramente se siguen usando, como papel higiénico.Y eso me hizo recordar que allá por 1960 mi padre acudió a los baños del bar del edificio social de Acción Católica, bar que frecuentaba no por católico (tara que no padecía) sino por las buenas tapas que daban. Y en el pasillo a los baños vio una estantería tapada por una cortina de tela sencilla, la descorrió y allí se hallaba la colección casi completa del Diario de Huelva desde los últimos años del siglo XIX, ¡nada menos que aquel periódico donde publicó sus primeros poemas Juan Ramón Jiménez! Y se trataba de la colección con el sello del Gobierno Civil, al cual era reglamentario enviar un ejemplar. Sólo que mientras mi padre se daba cuenta de ello, entró otra persona que iba a hacer aguas mayores (no menores, como él) y abrió el último ejemplar, arrancó una hoja y se metió a su cubil. A mi padre casi le da un síncope. Habló con los responsables de Acción Católica, que le dijeron que sí, que ya sabían lo de que la colección se usaba como papel higiénico, pero que no podían hacer nada, no disponían de otro espacio y era muy caro clausurar la estantería con cierre de madera y candado de modo que los volúmenes quedasen fuera del alcance de los cagones. Mi padre  entonces les mintió diciéndoles que yo estaba escribiendo una novela sobre esa época en Huelva y que la colección me vendría de perlas para documentar los detalles. Así es que los buenos hombres se sintieron felices de desprenderse de aquél incordio, y al día siguiente llegó mi padre con uno de sus dependientes, empujando un carrillo de mano, y se llevó la colección completa a su despacho de la tienda en Miguel Redondo 54, donde quedaron a salvo hasta que a punto de venirme a Alemania se los regalé a Diego Díaz Hierro, historiador y cronista oficial de Huelva, miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia; y en la Casa Colón se conservan, ya que don Diego murió legando sus valiosas colecciones a la ciudad de Huelva. Nota bene : Lo que para mí continúa siendo un misterio es con qué se limpiarían el culo los clientes del bar de Acción Católica a partir del para ellos tan infausto día en que apareció mi padre para salvar la colección del Diario de Huelva. ¿Sería con las encíclicas vaticanas?

 

Weiß/Colonia, 17.2. (2)

Estrenan hoy Los niños de Mark Twain, una peli alemana protagonizada por Tom Sawyer, Huck Finn y la tía Polly, y la tía Polly es nada menos que Heike Makatsch, una actriz que me encanta. Tendría que ir a ver la peli, sí, ¡pero iría tan prejuiciado! Los dos niños que actúan en el filme son compañeros de escuela de Paul. Así, Huck Finn es Louis Paul [Hoffmann], y el nombre completo de Paul es Paul Louis, y por esa casualidad asimétrica nació la amistad, pero desde que trabajó en esta peli se ha distanciado mucho de Paul. Y en cuanto al que interpreta a Tom, con ese se ha peleado Paul a puñetazo limpio en el patio de la escuela, porque después del rodaje empezó a comportarse como si fuera George Clooney. ¿Iré o no iré?  «De eso se trata», como magistralmente tradujo mi querido y añorado Tomás Segovia el «That is the question!» del más citado monólogo de Hamlet. ¡Qué versión, por fin poder leer “bien” a Shakespeare!

 

Weiß/Colonia, 18.11. (1)

Almorzamos en La Modicana, Carlitos y yo, con Diny y Marta, que se nos parachutó una vez más desde su México lindo y querido. Nos trajo de presente un frasco de cactus comestiblessegún ella, veremos si sobrevivimos a su ingesta. Yo por mi parte me revancho con un ejemplar del # de la Revista de Occidente donde apareció mi texto sobre Cantinflas, y se lo dedico en su calidad de compatriota de ese gran filósofo mexicano, digno de codearse con un José Gaos, un Fernando Salmerón, un Luis Villoro (¡no confundir con el otro Villoro que publica tuits donde cita, sin comillas, como propia, una frase de Orson Welles –o Graham Greene, no está muy clara la paternidad– en El tercer hombre!)

 

Weiß/Colonia, 18.11. (2)

Un tuit para el bronce :

@atilael1 GonziFlowLazyGoCrazy

Si cierra Wikipedia muchos van a perder el conocimiento.

 

Weiß/Colonia, 18.11. (3)

Regresó Héctor de la selva. Es decir, regresó el lunes, sólo que tan enfermo que recién hoy me escribe, al cabo de casi una semana. Regresó con neumonía. Por hacerle una broma le digo que eso le pasa por comer carne de caimán. Pero coño, he vivido dos semanas con los huevos de corbata, pensando que si se filtraba de algún modo la noticia de su aventura y se enterasen de ello los hijueputas de sus compatriotas que se dedican al negocio del secuestro en nombre de la Revolución (la remilputa que los recontramilparió), ¡ay carajo!, ¿qué no hubiera podido pasar?

[19.11.: Llamo a Medellín, a charlar con Héctor y pedirle autorización para incluir esta entrada en mi post de mañana en Fronterad. Le siento la voz normal, platicamos un ratico donde me cuenta que tiene la visita de Andrés Hoyos. Qué microcosmos el nuestro, pienso al colgar].

 

Weiß/Colonia, 19.11. (1)

Me entero leyendo el diario de que Meg Ryan cumple hoy 50 años. Su estrella se apagó tras los fuegos artificiales de Harry & Sally, Tienes un email, Insomne en Seattle, Kate & Leopold, IQ y una que nunca se menciona, French Kiss, y es la de menor calado, desde luego, pero que a mí me encanta, quizás porque es la única de las suyas que transcurre en Europa y donde por ello se le nota mucho más lo deliciosamente gringa que era. Eso además de que forma una pareja ideal, por lo asimétrica, con Kevin Kline: no es un cómico (Billy Crystal) ni un guaperas (Tom Hanks, Tom Robbins, Hugh Jackman). Pobre Meg, el botox acabó con su carrera, y su belleza.

 

Weiß/Colonia, 19.11. (2)

Recibo de la heroica Marisol Oviaño el anuncio de que sus Proscritos inauguran en diciembre un taller piloto de escritura para indecisos, de esos que dicen “Me gusta escribir, pero siento que me faltan herramientas”, “Siempre he querido ponerme a escribir, pero me falta disciplina”, “Escribo desde hace tiempo, pero no sé si me gustaría participar en un taller literario”, etc. Le contesto a vuelta de correos: «Hola, y una idea: ¿Qué tal un curso que fuese una cura de desintoxicación literaria?  Con esto de la facilidad de la escritura en pantalla, los escritores brotan como hongos en el bosque después de la lluvia, y hay mucho letraherido por estos mundos de Dios, que no sabe luego cómo salirse de esa adicción, peor que la de heroína. Dime, ¿qué te parece la idea?  Lanzándola con este lema: ¡DESINTOXÍCATE, LETRAHERIDO!»

 

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