De mi Diario: Semana 46 / 2012

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Weiß/Colonia, 11.11.

A las 11:11 de hoy, 11 del 11, comenzó de nuevo el Carnaval. Laus Bacchus! (Atque Venus!)

 

Pasé la marca de los 50 comentarios en el foro de una columna mía en El Espectador bogotano. Y volvió a aparecer en el foro uno de esos retrasados mentales que pertenecen –motu propio– al Tercer Mundo mental, mucho más lamentable que aquel al que señores políticamente correctos bautizaron un día con ese apelativo. ¡Qué pena penita pena me dan los retrasados mentales ideológicos!  Este que me quiere acosar desde sus invectivas en el foro es la versión lumpen de Fidel Castro, un retrógrado mental en dimensiones megalomaníacas.

 

Mi sobrina Mónica, en Huelva, lee este diario en mi blog de Fronterad y me escribe: «¿Yerba mala? Yo siempre he escuchado lo de «Bicho malo nunca muere», así que ahí llevas otro». Y añade: «Me encanta leer cómo describes a las señoras que te encuentras en el metro, en la calle pero no estaría mal que esas señoras contasen alguna vez cómo es la cara que se te queda a ti. No tendría desperdicio». Le respondo: «Tienes razón, Mónica querida. El alzhéimer hace ya estragos. Lo que pasa es que llevo casi cincuenta años oyendo que es la yerba mala la que nunca se extirpa. Aculturación le llaman a eso. Y en cuanto a las señoras a las que describo, bueno, es una idea, la próxima vez les pregunto: «Mire, la voy a describir así y así en mi diario, pero mi sobrina Mónica quiere además la descripción de mi cara por usté». Veremos cómo reaccionan. Oye tú, y si de repente ligo, qué guay, ¿no?»

 

Weiß/Colonia, 12.11.

Qué requetelinda la entrevista con Herman van Veen en la página 8 del diario, donde todos los lunes aparece una, a toda plana. Entre los cantantes holandeses, Wim Sonneveld y él han sido, desde que los conocí, mis grandes amores, y he tenido además la suerte de asistir a un par de conciertos de HvV, acá en Colonia. En esta entrevista lo han agarrado en un buen momento. Cuando le preguntan por qué no hay compositores neerlandeses de rango universal, responde que porque los Países Bajos son una nación de pintores, los neerlandeses son seres ópticos: «Nuestro país es tan llano que hasta podemos ver si alguien se monta en Londres en un avión rumbo a Ámsterdam». Y si tiene una canción favorita, ¿cuál es?: «Creo que sí. De todas las canciones que me importan algo, hay sin embargo una que al final está por encima de todas, “Ne me quitte pas”, de Jacques Brel». ¿Por qué?: «Porque en ella hay un hombre que emplea todas sus fuerzas y toda su pasión en decirle a ella: “¡Me gusta estar contigo, vivo a gusto contigo, por favor, no me abandones!” Eso es muy valiente, es algo que admiro». Y el final es de película indie: «– ¿Siente miedo de una situación en la que ya no se quiere vivir más? – No me gusta imaginarme esa situación porque me he propuesto no morir. Cuando llegue la Muerte lo arreglaré de tal forma que no estaré en casa. Quiero vivir eternamente. – Para el holandés errante eso fue una maldición. – Yo voy a ser un holandés errante feliz». Termino de leer la entrevista y busco en youtube una de sus canciones más emblemáticas y la voy traduciendo mentalmente mientras la oigo: «Siento mucha ternura hacia los cantamañanas, hacia ese que vagabundea sin meta, sin ser siervo de nadie, ni señor de nadie. Siento mucha ternura hacia el que no se calla, a quien lo dejan frío los grandes gestos, y grita cuando es necesario. Siento mucha ternura hacia el que se atreve a soñar, y cuando su sueño se encuentra con la verdad puede seguir riendo, aunque no tan fuerte. Siento mucha ternura hacia toda mujer, hacia todo hombre, hacia toda persona, con tal de que pueda entregarse completamente inerme al amor». Y esa última estrofa la repite. Como tú mismo dirías, Herman: Colega

 

Weiß/Colonia, 13.11.

Mientras esperamos nuestros espaguetis frutti de mari en La Modicana, Carlitos me asegura muy en serio que el nivel de los tuits es bastante alto. Cuando le pregunto que por qué lo dice, y me aduce el post de hoy en mi blog de EE de Bogotá, y me siento obligado a decirle que esos tuits son míos, no sé si pegarle o abrazarle y agradecerle, puesto que es evidente que no se dio cuenta (¡los dioses lo bendigan!) de quién eran esos tuits. Pero concluyo de ello algo que me parece bastante seguro: se diría que en materia de Twitter la autoría no importa, y éso sí que es lindo.

 

Regresa Diny de lo de Montse y me cuenta que Montse salió el domingo a pasear en bici con Henri por el parque forestal botánico inmenso que tenemos acá, en el sur de la ciudad, cerca de su casa, y llegaron a un claro donde había un espacio para juegos infantiles, y desde luego que no podía faltar el “cajón de arena”, y en él se encontraba muy afanado un peque de menor edad que Henri, con su palita, clavándola en la arena para aventarla luego en todas las direcciones; y que Henri se le plantó al lado, con la mirada muy crítica y diciéndole «Das ist nicht lustig! [¡Eh, eso no tiene ninguna gracia!]», pero el otro seguía impertérrito en sus trece, como si oyera llover. Lo del «Das ist nicht lustig!» nos hace reír a todos, es muy divertido en alemán, y me recuerda un tuit que leí una vez en @juanalajirafa: «Me encanta cuando mi sobrina, con esa seguridad que sólo se puede tener a los 7 años, me dice con una mano en la cintura: “Es en serio, tía”».

 

Estoy siguiendo desde el primer capítulo una nueva serie sueca en la tele, la de Arne Dahl, y le vuelvo a prestar atención a cómo es que aparecen protagonistas latinos entre los policías, en este caso uno de los integrantes de la brigada criminal especializada en casos límite, alguien que se llama Chávez, y lo mejor del caso es que lo interpreta un actor sueco llamado Matías Varela.

 

Weiß/Colonia, 14.11.

Ayer encontré un tuit que me pareció sumamente contraproducente, por decir lo menos, y se lo envié a todos mis amigos colombianos, a ver cómo reaccionaban:

Manena@ManenaFayad Tendrían que hacer una princesa de Disney desnutrida para que las niñas de Chocó también puedan soñar.

Lo curioso es que no reaccionó nadie, sino quien sabía que de todos modos lo haría, pero no de esa manera violenta de la cual me defendí. Luego llegaron dos reacciones más, y a una de ellas le he contestado lo siguiente: «Le cuento que en lo que se refiere al Chocó, estoy compenetrado con la materia desde que edité acá, en Alemania, la obra periodística de Gabo, y seleccioné en 1985, para el segundo volumen, Der Beobachter aus Bogotá [El espectador de Bogotá, jugando con el doble sentido al aludir a Gabo y al diario], los cinco textos que dedicó a “El Chocó que Colombia no conoce”, textos que son de 1954 ó 1955, ahora no tengo fresco el dato. O sea, que sé que la cosa viene de antiguo, y una amistad con alguien muy querido, que trabajó allá hace poco, me refrescó esos conocimientos. Por eso me cayó tan mal el tuit de la joven Manena Fayad, y ya le escribí a Luis Fayad (gran amigo mío, no sé si usted lo conoce personalmente), por si acaso esa joven es de la familia, para que le adviertan que hay cosas con las que no se debe de hacer chistes ni dárselas de ingenioso. Lamento que en su caso mi envío le renovase viejas heridas, como también lamento que de las 72 personas a quienes se lo mandé, hasta ahora sólo hayan reaccionado, con usted, tres. Y las tres, mujeres. Me parece sintomático».

 

Vuelvo a ver Los hermanos Marx en el Oeste [Go West!]. Y vuelvo a sorprenderme pensando que, además de su poesía y algunas de sus columnas, la única obra que me gusta de Vázquez Montalbán es una comedia musical para la cual escribió un libreto estupendo: Guillermotta en el país de las Guillerminas. Donde hay un cuplé en el que Guillermotta canta (lo cito de memoria) «y entonces en el puente yo le vi, / con sus mostachos, ¡ay de mí!, / vendiendo chinerías a los chinos / a cambio de un camión de langostinos, / era Groucho, Groucho Marx, / el más Marx de los hermanos Marx, / campeón del tiro de aspirina, / licenciado en señoras finas». Conservo el disco de vinilo, el long play de ese musical, como un tesoro. Seguro estoy de que jamás ha sido convertido en CD, suponiendo que haya alguien que lo recuerde. Tal vez Carina.

 

Weiß/Colonia, 15.11.

Vincent en casa desde las 9:30 am, con una dizque otitis (yo a mis nietos las enfermedades en tiempo lectivo no se las creo ni aunque me lo juren sobre la Biblia), y como los padres trabajan los dos, nos pidieron poderlo “aparcar” acá hasta las 5 pm. A mí me encanta Vincent en casa porque es, de los cuatro nietos (si bien Henri es demasiado pequeño para entrar en este cómputo comparativo), el más abierto de todos a mis gustos. Todavía recuerdo la noche que no se fue a dormir hasta que no vio íntegra la versión de la Carmen dirigida por Carlos Kleiber y puesta en escena por Zeffirelli. Le pregunto, durante el almuerzo, si tiene idea de quiénes son los Beatles, y me dice que ha oído hablar de ellos a sus padres, así es que le propongo ver Yellow Submarine, explicándole de qué va. Se la dejo puesta en el Player, con la advertencia clara de que, si no le gusta, apriete la tecla OFF, y ya. Me voy a  dormir la siesta y al levantarme sigue viendo Yellow Submarine, y cuando termina la peli le pregunto si le gustó y me dice que sí, y cuando quiero saber qué fue lo que más le gustó, levanta los ojos como para recordarlo, pero le brillan cuando me dice que fue la parte donde viajan en el submarino amarillo. Ecco!

 

Antes del almuerzo fui a Rodenkirchen en el bus para fotocopiar de mi único ejemplar de Don Enrique la “Carta a mis hijos”, de Böll, y ya que estaba en ello también las tres páginas que seguían, donde hay una nota breve acerca del Padre Las Casas y la poesía que Böll dedicó a su primera nieta, Samay, y yo traduje, con el permiso expreso de los padres, introduciendo una  palabra quechua, la más cariñosa para dirigirse a los niños. Luego, desde la oficina postal, envié las fotocopias a José Luis Rocha, en Marburgo, acompañando el ejemplar del librito de Ortega sobre la caza, que espero que le guste, y donde se encuentra un título de capitulillo que es todo un poema: «De pronto, en este prólogo, se oyen ladridos». Uno de esos golpes de suerte que no se le dan todos los días a los escribientes. Amén del envío a Marburgo, también el del libro de Josep María Espinás, Tu nombre es Olga, que se lo mando a Tuti. El envío a José Luis llegará mañana o pasado, el envío a Tuti, chi lo sá! (Esperemos que por lo menos llegue).

 

Poco antes de la siesta me llamó mi Dr. Ruppert para informarme de que el resultado del análisis de sangre es perfecto, todo en orden, ningún problema. Pero bueno, carajo, entonces ¿de qué me voy a morir?, ¡¿de salud?!

 

Weiß/Colonia, 16.11.

0:15 Acaban de pasar por el canal Arte Ce que mes yeux ont vu [Lo que mis ojos han visto sería en castellano, The Vanishing Point se tituló en inglés]. Me encantó esa batalla personal que libra la estudiante de arte, Lucie, para desentrañar el misterio de las relaciones íntimas del pintor Watteau con una actriz de la Comedie Française, y cómo lo plasmó en un cuadro, un cuadro del que no existe el menor rastro. Y es que le dispenso una afición especial a las pelis que tienen que ver con la pintura, algo que posiblemente nació cuando con unos diez, doce años, vi Laura, una de las del canon Inolvidables. Recuerdo además en este contexto, y canonizable también, la de Peter Greenaway sobre la “Ronda nocturna” de Rembrandt. Y no es nada mala la que hicieron en España hace poco, sobre Goya. La que menos me llama la atención es justamente la que más ha llamado la atención del vulgo municipal y espeso, esa de la muchacha con la perla en la oreja, un Vermeer inolvidable como cuadro y poco menos que prescindible como peli.

 

Es el único día libre de Diny esta semana, así es que la invito a almorzar para que no tenga que andar cocinando. En principio nos citamos en el chino de Rodenkirchen, pero llegué, entré y no la vi, y en vez de sentarme a esperarla salí para mirar la carta del italiano que está al lado, así es que cuando llegó Diny, un minuto después, le pregunté que por qué no probábamos ese italiano en el que nunca estuvimos. Y bueno, lo probamos. No está mal. Pero no es La Modicana.

 

Weiß/Colonia, 17.11.

A las 10:15 am, Henri ante portas. Esta noche celebra Montse su fiesta de cumpleaños y a Henri nos lo dejan hasta mañana. Por la tarde llegará además Vincent, ya que Angie & Chico, como es lógico, también van a la fiesta. Y Oskar, que es refractario a ese tipo de jolgorios, nos anunció que a lo mejor también él se escapa a dormir acá. Tentado estoy de poner un letrero a la puerta: HOTEL OMA. Y llamar a Paul por si acaso él también Pero me quejo de vicio, es la felicidad más pura, la casa llena de nietos. Voy a la sala, donde Henri ha sentado sus reales en el sillón de la abuela, frente al televisor, y está viendo sus pelis de Pettersson & Findus arrebujado en una manta, y le digo que parece un abuelito en miniatura. Me mira y se ríe, y es como si el sol saliera dentro de la casa.

 

Wendy y José Luis, los amigos de LL que están estudiando en Marburgo, viven en un pueblito cercano a la ciudad y que se llama Weimar, a orillas del Lahn, no la Weimar del chupamedias aúlico, don Goethe. Me escriben hoy tempranito en la mañana, antes de salir a pasear por el bosque, pero no me dicen nada del paquete que les envié el jueves. Así es que al responder les repentizo estos ripios: «Y por el tiempo que tarda / en llegar mi envío postal / me doy cuenta de que viven / en el esfínter anal / del mundo, qué atrocidá». Horas más tarde me escribe José Luis: «Cuando íbamos saliendo, encontramos el paquete con el librito y la carta, que ya empecé a leer y se anuncia exquisita. El paseo estuvo estupendo, a pesar de la neblina y en parte gracias a ella, pues dio un encanto de bosque encantado, de Hansel y Gretel, a ese pedazo de tierra donde estuvieron los Grimm». Les contesto: «El lunes iré a la oficina postal y en presencia de todos los funcionarios me rasgaré las vestiduras, arrojaré ceniza sobre mi cabeza y mearé culpa en una bacinica que llevaré exprofesamente, como penitencia por la calumnia que arrojé sobre el buen nombre del correo alemán. Y qué buena la referencia a los hermanos Grimm. El 20 de diciembre se celebran 200 años de la publicación del primer tomo de sus cuentos, y ya tengo preparados tres tuits para celebrar la ocasión». En realidad tengo preparados, además, otros doce, no míos, espigados en cuentas Twitter a lo largo del tiempo. Algunos son de a deveras impagables: «A nuestros nietos, en vez de contarles el cuento de Caperucita Roja, les contaremos el cuento de una España en la que había trabajo. [] De Blanca Nieves aprendí que se pueden canjear siete enanos por un tipo de buena estatura. (Busco 7 enanos, es urgente). [] Era un príncipe tan, pero tan feo, que Cenicienta regresó a las 9:30». Y pensar que al día siguiente del bicentenario de los Grimm, el 21 de diciembre, dizque dijeron los mayas que se va a acabar el mundoEheu, fugaces!

 

***********FIN***********

6 COMENTARIOS

  1. Don Ricardo, en esta Locombia
    Don Ricardo, en esta Locombia un politico dijo que darle plata al Choco era echar perfume a un bollo (Heces, en dialecto antioqueño) y se indigno medio pais, y otro medio pais dijo: tiene razon. Murio el cantante Joe Arroyo, y una desafortunada cronica en clave de humor de Antonio Morales Riveira (http://www.kienyke.com/historias/joe-un-negro-menos/) produjo indignacion; hay que ver las muestras de circo e irrespeto que se vieron en el funeral del difunto (Gente tomandose fotos con el cuerpo en el ataud, vendedores vendiendo el cupo en la fila, y ni hablar del bazar en los alrededores de la Catedral) y la pelea de la familia por el cuerpo. Tal vez no estamos preparados para hacer humor sobre temas como la muerte, el hambre, o el asesinato. Al menos para mi sigue siendo como minimo de muy mal gusto, y una muestra de insensibilidad.

    • Don Samuel, yo soy un fan del
      Don Samuel, yo soy un fan del humor negro, hasta del macabro, pero dentro de los límites de la abstracción y siempre que el objeto del chiste no sea la desgracia humana de un inocente. En cuanto a lo que me cuenta del entierro del cantante Joe Arroyo, yo le cuento que la semana pasada leí una entrevista a un humorista alemán muy famoso en este país, y que tuvo que acudir una vez al entierro de una tía suya en el pueblo donde nació, en la Baja Sajonia. Bueno, al llegar al cementerio se encontró con que prácticamente todo el pueblo estaba allí, pero no por la difunta, sino por él, para pedirle autógrafos y hacerse foto. Desde entonces, dijo en la entrevista, no ha acudido nunca más a un entierro. O sea, como ve, don Samuel, en todas partes cuecen habas. Vale, y feliz domingo.

  2. Ricardo, ya empecé a leer el
    Ricardo, ya empecé a leer el de Ortega y Gasset, donde por la tersura de la prosa se conoce que el segundo metió mucho más cuchara, escopeta y pluma. Veo en tu blog que estamos conectados más allá del internet: esta semana me dio por esculcar en YouTube para pescar jirones de películas de los hermanos Marx. Mi hijo Andrés se partía de la risa mirando a Chico tocar el piano con una manzana. Esa escena es impagable.
    Sigue con el diario, que lo disfruto montón.

  3. ¿Cuál sería:
    «introduciendo

    ¿Cuál sería:
    «introduciendo una palabra quechua, la más cariñosa para dirigirse a los niños.»?

    Gracias, desde ya,
    r, curiosa.

    • La palabra es «pasñachallay».
      La palabra es «pasñachallay». En el original alemán dice «liebes Kind», lo cual, traducido al castellano, hubiera sido «querida niña», o mejor, tal vez vez, «niña querida». Pero como Samay es un nombre quecha, quise saber de la madre de esa niña, de la nuera de Böll, ecuatoriana, cómo se dice, de la manera más cariñosa, «liebes Kind» en ese idioma. Y así quedó en la traducción. Vale.

  4. Buen Día.
    Me gusta mucho

    Buen Día.
    Me gusta mucho leerle señor Ricardo y me encuentro que una de sus publicaciones hace referencia a un tuit que escribí hace un tiempo (ManenaFayad) respecto al Chocó, de hecho al igual que usted también me vi sorprendida ya que nadie reacciono ante lo que escribí, hasta ahora veo que solo usted lo hizo, quizás, porque quienes me leen no les importa o no se toman en serio lo que escribo o a lo mejor no saben que es Choco, de hecho mi tuit era una mofa a esa cultura tonta de indignación virtual que nos aqueja para estos tiempos, ni Disney, ni usted ni yo puede cambiar la injusta realidad en la que vivimos, en la que vive este hermoso departamento que suelo visitar con frecuencia con mi fundación y ver el abandono del que son parte y no solo del Estado, sino de cualquier lector. Lamento mucho su indisposición pero no podría esperar menos de usted, un ciudadano consiente, sensible y delicado con el entorno, como pocos, seguiré leyéndole atenta y con admiración,
    Feliz Día
    Manena Fayad

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