De mi Diario : Semana 46 / 2020

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Weiß/Colonia, 8.11.

Pasada la medianoche : Estuve viendo un nuevo episodio de la serie policial neocelandesa, sigue manteniendo un alto nivel de calidad. Lo único que me resulta increíble es que, aunque parece que el protagonista no se afeita nunca, lo cierto es que ya debería tener una barba digna de una edición del Viejo Testamento ilustrada por Doré, y no.

Ayer olvidé consignar que estuve viendo por segunda vez una peli de Greta Scacchi, de cuando era joven: se titula Salt in Our Skin [y no sé por qué a esa Sal en nuestra piel la han convertido en Deseo a flor de piel]. Es un inusual romance amoroso, entre una famosa académica feminista francesa y un simple pescador escocés. Me gustó mucho la primera vez, y más esta: contiene dos pasajes conmovedores: uno muy al principio, cuando ella, de vacaciones en el país de su padre, le recita al pescador (un Vincent D’Onofrio muy propio en su papel) unos versos de un hermoso poema de Matthew Arnold, y el otro años más tarde, cuando él completa el recitado de ese poema. Es, en lo que a mí me toca, una peli evergreen.

Al levantarme de la siesta y abrir la estafeta de Gmail.com me encuentro un email de Ilo dàndonos cuenta de la muerte de Gerd, su marido, un amigo alemán, no íntimo pero sí lo bastante amigo como para sentirlo. Él sí era íntimo amigo de uno de mis tres íntimos alemanes, Dieter, nuestro vecino en el 11b. En los siete años que fuimos vecinos suyos, su amigo que acaba de fallecer, Gerd, con Ilo, lo visitaba con bastante asiduidad. Eran amigos desde que trabajaron juntos en Kigali/Ruanda, para la Deutsche Welle. Ahora Dieter seguía en la DW y Gerd había pasado a la redacción de Radio Baviera en Bonn. Y nosotros estábamos casi al tanto de cada visita, porque las ventanas de las habitaciones de los niños y la de este cuarto donde trabajo dan al patio de garajes y a la calle (aunque no estamos directamente a la calle, sino en segunda fila, detrás del n.º 13), y veíamos cada vehículo que llegaba a la rampa que desciende al patio de garajes, debajo de nuestras ventanas. Nuestros hijos aseguraban conocer cada auto de nuestros vecinos por un ruido que era peculiar en cada uno de ellos. Yo, como nunca he tenido un auto, carezco de ese oído. Lo cierto es que Montserrat estaba un día jugando a la comba en el patio de garajes, y Dieter regresó de la emisora y Montse le dijo: «Herr Schulmeister, hace un rato pasó por aquí su amigo el taxista». Dieter se extrañó: «¿Mi amigo el taxista? ¿Cuál amigo?» Y Montse, como quien dice que 2+2=4: «El que siempre lo viene a visitar con su Mercedes». Hay que saber que en Colonia todos los taxis son Mercedes, así es que desde aquel día a Gerd lo llamábamos «el amigo taxista de Dieter».

Weiß/Colonia, 9.11.

1:45 am : Pasaron el segundo episodio de la nueva serie policial inglesa McDonald & Dobbs. Es muy excéntrica, con lo cual quiero decir que es inglesa en exceso. La pareja protagonista no engancha entre sí ni a los espectadores. Lo mejor de todo, la vistas de Bath.

Me metí a platicar con Adolfo, en México, acerca de San Jerónimo (Adolfo es un trujamán de los mejores de nuestro idioma, entre otros tradujo fantásticamente Después de Babel, ese libro fundamental de Steiner). Y lo cierto es que de San Jerónimo pasamos a Gerónimo y a la peli Apache, con Burt Lancaster, y como sé que Adolfo tiene una estrecha relación con la cultura francesa, le pregunté por qué a los hampones parisinos los llamaban “apaches”. Me contesta: «Al parecer se  trata de una creación periodística que se remonta a 1902, cuando unos reporteros parisinos, al querer dramatizar los riñas banales de los padrotes (souteneurs) de Charonne imaginaron una lucha homérica en regla  con motivo de una Helena callejera, Casque d’Or, entre  dos bandas rivales, una de las cuales fue llamada la de los Apaches. La palabra tuvo una rápida fortuna, dice A. Dauzat en su libro Les argots, p. 133, citado en el articulo respectivo del Grand Robert. El uso en femenino es raro aunque Colette lo emplea en La vagabonde. Tambien hay citas de Queneau y de Proust». Casque d’Or me trae el recuerdo de Simone Signoret en una de sus más carismáticas interpretaciones ante la cámara. La peli se estrenó en España con el título París, bajos fondos, y es una obra maestra de Jacques Becker.

Otra plática virtual, esta vez hasta Medellín, con Ana, me hizo acordarme de cuando Diny y yo nos conocimos, ella no hablaba ni una sola palabra de español, y yo ídem de neerlandés. Nuestra lingua franca fue el alemán, que afortunadamente sabíamos los dos. Luego nos trazamos como meta aprender cada uno el idioma del otro, y finalmente nuestros hijos crecieron trilingües, Diny les hablaba en neerlandés, yo en español, y en el Kindergarten aprendieron el alemán, a lo que se añadió el inglés en la escuela. Pueden conversar sin problemas en cuatro idiomas. Hay una frase mía relacionada con nuestros primeros tiempos, y que todavía me hace sonreír, el día menos pensado se la regalo a un amigo como tuit. Dice así: «Hubo un tiempo en que mi mujer aún no hablaba español, tan sólo sabía decir “Te quiero”, y yo era el único destinatario de sus conocimientos de nuestro idioma».

Pasado el estrés electoral gringo, mi texto para el OCIb en Huelva me salió casi de un solo envite. Estoy muy contento pero al mismo tiempo soy consciente de todo lo que he tenido que dejar afuera por mor del formato temporal, 15 a 20 minutos. Lo he cronometrado leyéndolo en voz alta y son ± 18, así que aún dispongo de un minuto para justificar las ausencias.

Weiß/Colonia, 10.11.

Vinieron Ulli & Carlitos y nos hicimos servir a domicilio por el Bistro Verde. Un chico muy simpático y puntual como el reloj de la Puerta del Sol, llegó a la una clavadas, un minuto antes que Ulli & Carlitos. La experiencia ha sido positiva, de más, porque se han llevado para la cena la mitad de mi arrollado de ternera, dos papas grandes y mucha de la col rizada que tuvieron ellos tres como guarnición de su salchicha de carne de cerdo picada (Mettwurst la llaman las tribus indígenas de estos parajes). Realmente las porciones que sirven, si no son pantagruélicas se le acercan mucho. Me recuerdan bastante las que nos servían en Gijón. Y la dueña del hotel explicándonos: «No podrán ustedes decir que no les dimos en comer en Asturias».

Me dice mi deuda estherna, a propósito de mi texto para Huelva: «Badi, escribiste un ensayo buenísimo sobre  periodismo y  literatura. En este momento leo Mis páginas mejores, de un tal Julio Camba, por si se necesitasen pruebas. Claro que faltan nombres, pero tu texto es una hoja de ruta para que quienes busquen, encuentren. La gente suele identificar literatura con ficción y por eso la separa del periodismo. En Alemania es impresionante la grieta que existe entre ambos géneros. Hace unos años Lettre Internacional de Alemania intentó reducir esa brecha con un Premio internacional al reportaje literario. No se consolidó, después de tres o cuatro entregas el premio se diluyó. En fin». Le contesto que los Feuilletons de los diarios FAZ y SZ, y el del semanario Die Zeit, bullen de buena literatura, y que ser un Feuilletonist, en Alemania, no lo puede ser cualquiera.

La ausencia que más me duele en mi texto para el OCIb de Huelva es la de Ryszard. Le explico a José Luis, que es también un gran fan de mi tocayo polaco: «De los libros de Ryszard que poseo, uno de ellos lo compré en Managua. Fuimos paseando Peter Paul Zahl y yo desde la casa de Sophie, en Pancasán, hasta un mercado que había en el barrio Centroamérica, al final de la avenida de Naciones Unidas y comienzo de la carretera a Masaya. Peter acababa de cumplir su condena en Alemania, buena parte de ella en una celda de aislamiento absoluto, y se había refugiado en casa de Sophie hasta poder dar el salto a Jamaica, donde lo esperaba la mujer que amaba y donde terminó muriendo, después de escribir y publicar un par de novelas policiales divertidísimas. De repente me paré delante de un tenderete y eché mano a un libro y pregunté cuánto costaba, era una bicoca convertida la cifra en dólares, así es que pagué sin rechistar y Peter quiso saber la razón de mi entusiasmo. La razón es que se trataba de La guerra del fútbol, uno de los pocos libros de Ryszard que no tenía, y ese día le conseguí a mi tocayo un nuevo fan, en la persona de Peter, cuando le conté quién era Ryszard, quedó fascinado. Y la noche que Ryszard vino a cenar a casa estuvo interrogando en detalle a Diny acerca de la vida cotidiana en su país invadido por los nazis, y en el caso concreto de Diny; la Wehrmacht se incautó de la casa de sus padres, que estaban recién casados, dos años, y Diny tenía uno. Como gran concesión les dejaron vivir en el sótano, y allí vivieron desde 1940 a 1945. Dándose el caso de que instalaron en aquella casa la cocina del regimiento, y el cocinero tenía a Diny casi como mascota, en el sótano de los Hansen nunca faltó comida. Todos estos detalles le interesaron muchísimo a Ryszard. Nosotros no quisimos preguntarle por sus experiencias en Varsovia, puesto que sabíamos bastante gracias al mucho espacio que los canales grandes de la TV alemana le han dedicado siempre a esa ocupación de Polonia, en especial en Cracovia y Varsovia (ni qué decir en los campos de concentración, Auschwitz y Birkenau), y supusimos que a él le resultaría doloroso contar aquello. Comparada con la suya, la experiencia de Diny era casi de novela rosa».

Weiß/Colonia, 11.11.

Primer día 11 del mes 11 en que a las 11:11 am en punto no se ha proclamado la apertura de la quinta estación del año, como los colonienses llaman al Carnaval. Lo siento infinito por los carnavaleros, que viven el resto del año pensando cómo divertirse entre el 11,11. y el Miércoles de Ceniza, cuando se acaba su quinta estación. Pobres pibes, que diría Cortázar.

Me escribió Juan Carlos desde sus Asturias: «Leo tu diario y respecto a calabobos y sirimiri, aquí en Asturias se le llama “orbayu”. Cuando aparece el orbayu, se dice que está “orbayando”. Creo, no puedo asegurarlo, que en Galicia se dice algo parecido». Le contesté ipso fuckto: «Alguna vez leí que los esquimales tienen en su lenguaje no sé cuántos nombres para la nieve (o el hielo). Tal parece que es lo mismo con la lluvia en España y América Latina. En gallego creo que es “orvalho”». En cuanto a la garúa es muy ríoplatense. La gente, no sé si ahora, se deseaba buena suerte o que te fuera bien, diciendo: “Que te garúe flojito”.

¡Tantos recuerdos! Hace un rato estuve recordando que me di el gusto, en mis años moderando en vivo los dos informativos diarios de la Radio Deutsche Welle (desde febrero 1995 hasta el 31.12.999), de tener nada menos que a Ryszard como corresponsal en Varsovia.

Weiß/Colonia, 12.11.

1:20 am ; Acaban de pasar Deadfall [La huida en España, Atrapados en la América de parla española] y me quedo un rato pensando si será tan mala como me parece. Me vine a la compu para consultar con mi solícita Miss Hortensia Google y todo lo que he podido leer acerca de esta peli me confirma que no me engañé. Y eso que el director contaba con unos mimbres de primera categoría, entre actores jóvenes y veteranos. Pero ya el guión es un puro disparate, no sé cómo no se dieron cuenta antes de poner en marcha la cámara para la primera secuencia. Lo mejor de la peli, aparte del espléndido cuerpo de Olivia Wilde, es la tormenta de nieve en los territorios fronterizos con Canadá. Pero uno piensa en Fargo y en el cuerpo deformado por el embarazo de Frances McDormand, y te olvidas de lo poco bueno retenido de este Deadfall.

Leo en el KStAnz, mientras desayuno, un artículo dedicado a la pareja turca que se ha hecho famosa de la noche a la mañana con el anuncio de que su firma va a producir la primera vacuna efectiva contra el Covid19, y al terminar de leerlo se me ocurre un tuit que ya veremos a quien se lo voy a regalar: «El matrimonio turco–alemán fundador y propietario de la firma Biontech, que seguramente producirá en serie la vacuna contra el Covid19, tuvo buen ojo al elegir el domicilio de su sede social: en el n.º 12 de la calle An der Goldgrube [=En la mina de oro]».

Desperté de la siesta con la idea para mi columna del viernes 27 en EE y ni corto ni perezoso me puse a la tarea y la pergeñé en menos que canta un gallo. Me resultó además muy fácil porque de sus 2.662 espacios sólo 1.564 son míos, el resto son citas del gran Miguel Torga, del redactor–jefe del noticiero alemán de T-online.de y de un tuitero gringo. El arte de la buena cita creo que es una de las mejores virtudes de lo que pomposamente podría llamar “mi prosa”. ¡Qué risa, María Luisa!, como diría mi abuela Remedios.

Weiß/Colonia, 13.11.

Anoche, despues de ver los episodios 4 a 6 de la serie policial ucraniano–polaco–checa fui a la cocina a servirme el whisky de la espuela, con tan mala suerte que trastabillé con la esterilla y me caí yendo a dar con la frente, encima del ojo izquierdo en el borde metálico de la barra del horno, y con el puente de la nariz en la propia barra. Me levanté medio atontado por el golpe y traté de limpiar la sangre y de cauterizar las dos heridas con piedra pómez. Luego me serví el whisky pero se me habían quitado las ganas de seguir viendo TV, apenas lo apuré en un par de tragos me fui a dormir. Antes, me miré en el espejo del cuarto de baño y ya sé que me van a quedar las marcas de ambas heridas. Pero como no tengo que enamorar a nadie, vale.

José María lee mi columna de hoy en EE y me escribe desde La Pintada, a la orilla del Cauca: «Coincidimos en no creer que Biden se posesione hasta que no lo veamos ejerciendo. Ese desgraciado mechimono, aunque no tiene visible ningún as bajo la manga, hará hasta lo imposible para no dejarse sacar, ni a las patadas, de la Casa Blanca». Me encanta eso de que lo llame “mechimono”. Otras veces lo llama “mechimono peliteñido”. Chapeau, José María!

Weiß/Colonia, 14.11.

2:15 am : Estuve viendo seguidas Hour of the Gun [La hora de las pistolas], un western bastante bueno de John Sturges en honor a Wyatt Earp, uno de los mitos del Far West, y a continuación Fisherman’s Friends, una simpática peli inglesa sobre un coro de marineros aficionados a dar conciertos de “shanties” [canciones del mar] en el puerto de su pueblo de Cornualles. La vi hace ya un par de meses, pero no me importó verla de nuevo.

En el cuaderno de esquelas nocturnas del KStAnz, que leo desayunando, veo la de un arquitecto, con un epígrafe del ingeniero y arquitecto paisajista mexicano Luis Barragán, Premio Pritzker 1980: «Creo que el espacio ideal debe contener elementos de magia, serenidad, hechizo y misterio». Parecería que fuese una descripción de la Alhambra, tan admirada por Barragán.

Pasó Montserrat por casa, a eso de las 3:30 pm, trayéndonos un regalo inesperado de Paul. Resulta que nos ha salido un nieto artista fotográfico. El regalo es un almanaque para el 2021, con 14 fotos hechas con una cámara analógica, Olympus Mju 1, todos motivos urbanos de Colonia, y una cita de Heinrich Böll: «La soberanía de la población se nota tanto en el aire que ningún tirano, ningún dictador puede sentirse a gusto en Colonia». La cita está sacada de un libro, Colonia existe, pero es un sueño, que recoge todos los textos de Don Enrique sobre nuestra ciudad. Me siento súper orgulloso de Paul y lo llamo para decírselo, me lo agradece y me dice que mi opinión cuenta mucho para él. De esta no pasa que solicite la nacionalidad argentina.

******************THE END*******************

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4 COMENTARIOS

  1. Qué golpazo te pegaste, me dolió de sólo leerte. ¿Cómo quedaron tu nariz y tu frente, amigo? Sobre lo que contás de Paul, digno nieto de su abuelo, pero con las imágenes en lugar de las palabras… Hermoso. ¡Te abrazo desde Argentina y que te garúe finito, che!

    • Gracias por leerme, mi Gra tan querida, y qué pena me da que te doliese leer lo del golpazo que me pegué. Es la segunda vez que me caigo en casa abriéndome una brecha en la testa. De la primera no me quedaron huellas porque tuve que acudir a Urgencias en un hospital cercano, y el estudiante de Medicina que me cosió la brecha por debajo de la ceja izquierda hizo un trabajo que se lo premiarían en un taller de bordado de encajes en Bruselas. Esta vez no hubo que recurrir a Urgencias y como las dos heridas son en la frente y el puente de la nariz, pues seguro que quedarán cicatrices, pero imaginate lo mucho que me puede preocupar eso a mis 81 años, 5 meses y 8 días, y en plena pandemia. Gracias por tus letras sonbre mi Paul, y también yo te deseo que te garúe flojito. Besos de Elbita.

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