De mi diario : Semana 47 / 2019

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Weiß/Colonia, 17.11. 

1:45 am : Entro con buen pie en el domingo volviendo a ver Arsenic and Old Lace [¡Arsémico, por compasión!], una de las comedias más desternillantes del cine de Hollywood. Al terminar me digo que en la lista de actores que fraguamos Marcos y yo hace un par de días, faltaron nada menos que Cary Grant y Humphrey Bogart, Montgomery Clift y Richard Widmark, mientras que entre ellas me olvidé o nos olvidamos de Ingrid Bergman y Anna Magnani. La memoria nos tiende trampas insidiosas cada vez con mayor frecuencia. Memoria, puta. Con coma enmedio.

He dedicado todo el día a pergeñar mi artículo para Nexos. Y lo primero de todo fue modificar la frase inicial que se me ocurrió el viernes pasado, ahora reza así: «No soy para nada amigo de los futuribles, pero hay ocasiones en que no logra uno escapar a  su seducción. Y así, hace un tiempo me pregunté qué habría sucedido si Francisco Pizarro hubiese sido el conquistador del imperio azteca, y Hernán Cortés el de los incas». Ahora sí fluye, creo yo. A las 9:26 pm mandé el borrador del texto, que me salió de un tirón, a mi consejo asesor. Veremos qué me comentan.

En la programación nostálgica que llevo a cabo con ayuda de mi DVD–teca acabo de ver César y Cleopatra, la versión cinematográfica de la obra de Bernard Shaw, a quien se le dan créditos como guionista y autor de los diálogos. La peli es una rareza exquisita, y el reparto es de lujo. Pero lo que más impresión me deja es la actuación de Vivien Leigh, quien a sus 32 años logra hacer absolutamente creíble una Cleopatra de sólo 22, infantil y juguetona. Está comestible a besos, y uno se siente a punto de cantarle “Aquellos ojos verdes” en una serenata imposible.

Weiß/Colonia, 18.11.

Pues señor, tal parece –por varios emails que llevo recibidos desde ayer domingo– como si lo de dejar de acudir los martes a La Modicana fuese cosa hecha. Y lo único que anuncié es que si vuelve a producirse una situación como la del martes pasado, se acabó lo que se daba. Yo como productos del mundo de la Botánica: espárragos, tomates, raíz de apio (en sopa), arvejas, arroz, papas, pepinos, cebollas, ajos, hinojos, alubias, pimientos asados, pero hay otros que repudio 100%: zuchinis, calabazas, brócoli, zanahorias, remolachas, coliflores, espinacas, chucrut Veremos cómo se desarrollan las cosas. Por de pronto, y como quiero seguir almorzando allí, porque me gustan la comida y el ambiente, y amo las buenas tradiciones, pediré lasaña, canelones, espaguetis pobres o con mariscos o pescado, pero si un día me pilla con ganas de comer un carpaccio o una ración de jamón de Parma y le pido a la camarera que me lo sirvan sin aditamento vegetal (que se lo suelen poner) y me lo trae con aditamento vegetal, addio Modicana e se non ci vediamo più, felice morte. No puedo admitir que en un restaurante, en donde además soy cliente desde hace 14 años, 14, me quieran hacer comulgar con ruedas de molinos vegetales. Bada retro!

Se me iba olvidando anotar que Vicente me mandó, sin ánimo de polémica, la columna de una profesora escandalizada por la manga ancha de la Real Academia aceptando ya en su Sagrado Mamotreto coloquialismos de moda. Le contesté a Vicente que «lo que pasa es que la autora de la columna seguro parte de la base de que la lengua es la lengua escrita, y yo parto de la base de que es la hablada. A mí me importa un bledo la Academia. (A Juan Ramón también, dicho sea de paso, y de él me viene el priorizar la lengua hablada sobre la escrita). Si alguna vez invoco a la Academia para reforzar mi uso de ciertas expresiones o palabras, es justo para legitimar tal uso, o sea, lo que hago es decir subliminalmente que hasta la Academia ha tenido que inclinarse al mando de la lengua hablada. Dicho sea todo esto sin ánimo de polémica».

Segunda vez que veo Boyhood, la primera fue en el cine Odeon, cuando se estrenó acá en Colonia. Hoy es la primera vez que la pasan por la tele. Es una joya. Creo que voy a comprar el DVD teniendo como coartada el Día Internacional del Regalo. Y también tendrìa que comprarle un ejemplar a Oskar, cuyo parecido con el protagonista ya nos tocó sentirlo cuando la vimos en el cine. Mi Oskar tan querido, que ya vuela por su cuenta

Weiß/Colonia, 19.11.

Hoy en La Modicana, con Claudia. [Esto suena como el “Dicebamus hesterna die” de dizque Fray Luis de León]. Hacía meses que no nos veíamos y es una gozada tenerla de nuevo en este almuerzo de los martes. Nos trae el prospecto de la exposición que hizo meses atrás en uno de los parques de Colonia, y en la contraportada está la lista de sus actividades. La tengo delante al escribir en este diario y repaso los lugares donde expuso o ejecutó sus obras: Bogotá, Milán, Ginebra, Essen, Morelia, Flisinga, Colonia, Karlsruhe, Ciudad de México, Zúrich, Nueva York, Berlín, Gwangju (Corea), Medellín, Moscú, Dortmund, Atenas, Bonn, Annecy, Düsseldorf, Miami, Venecia, Cracovia, Copenhague, Yokohama, Maribor, MinneapolisLa verdad es que estoy bien orgulloso de contar con su amistad. Para la Historia: Claudia comió su lasaña, como casi siempre que viene acá, mientras Carlitos y yo le hincamos el diente a unos espaguetis con ajo, aceite de oliva y gambas. Todo de rechupete, sólo yo dejé algo de la pasta porque si bien a simple vista parecía una porción pequeña, era una sensación engañosa debido a lo hondo del plato. Trampantojo se llama esta figura.

Después de leer mi diario, José María me escribe desde su nuevo hábitat, en La Pintada, a la orilla del Cauca: «Aquí pensando que, en esa costumbre europea de que los hijos se vayan del hogar a cierta edad, debe estar basado el progreso de los pueblos. Aquí, durante la colonización paisa, ocurría algo parecido, aunque la principal razón para irse, era el maltrato de los padres hacia los hijos adolescentes; los hombres, sobre todo. Y claro, con las mujeres, el objetivo era casarlas bien casadas, con hombres “echaos p’alante” y platudos».

Weiß/Colonia, 20.11.

2:40 am : Ciudadano Kane revisited. Durante años y años estuvo siendo considerada la mejor peli de la historia. Ahora se han sacado de la manga que no, que es Vértigo, un culebrón medio pendejo, por muy Hitchcock que sea quien la filmó. Y hay otros que priorizan The Shawshank Redemption [título traducido como Cadena perpetua], que es una peli muy querible, y muy buena, además. Pero ve uno de nuevo Citizen Kane y se dice que no, que ella sigue siendo la mejor, y de lejos, no por una cabeza, como en el tango de Gardel. A continuación, Las reglas del juego y Milagro en Milán, y luego, ya, la trilogía de El Padrino.

Diny me dice que se siente muy afectada por el vacío que han dejado Paul y Oskar en la casa de Montse. Sobre todo la marcha de Oskar la resiente porque es el más cariñoso de nuestros cuatro nietos. Hoy lo llamó al apartamento que ha conseguido cerca de Barbarossaplatz y conversaron un rato largo. Oskar le dio recuerdos para mí y le pidió que lo visitáramos en su nuevo hogar. Y es claro que lo haremos, lo más pronto posible.

Weiß/Colonia, 21.11.

Le envié a varios amigos de mi directorio CINE, como anticipo de mi diario, lo que escribí ayer acerca de Ciudadano Kane. Desde Huelva me acusa recibo Vicente: «​De acuerdo. Nunca entendí lo de Vértigo. Bien por lo de El padrino, sobre todo la segunda. Lo demás es discutible. Pero no olvides El acorazado Potemkin o El Gatopardo». Y Marcos, desde Karakogrado, la capital de Venezuelistán: «​Yo escogería alguna de las obras maestras de Bergman (Fresas silvestres, por ejemplo), o de Kurosawa (RashomonLos siete samurais), u Ozu (Tokyo Story). Y, claro, Citizen Kane está entre las finalistas». Me siento de acuerdo con ellos, pero al mismo tiempo vuelvo a darme cuenta de que nuestras listas son muy “serias”, como si no hubiera un par de comedias geniales: Ser o no ser, de Lubitsch, Bringing Up Baby, de Hawks, Some Like It Hot, de Billy Wilder nuestro que estás en los cielos Y como melodrama, Casablanca. Contad si son catorce, y es soneto, sin contar ninguna de mis dos ídolos: Robert Altman (de quien yo elegiría Nashville) y François Truffaut (¿Jules et Jim?, ¿La nuite américaine?)

Suena el teléfono y veo en el display el número del mobil de Montse. Pulso el botón de escucha y me identifico: «Bada». Oigo algo que suena como una risa y la comunicación se interrumpe. Llamo yo, pues, al número de Montse y ahora oigo la voz de Henri: «¿Quién es?»; le pregunto si es él quien ha llamado hace un instante. Me dice que sí, que «aus Versehen [=por error]». Le contesto que de todos modos me alegro de oír su voz. Se ríe. Nos despedimos. Me hizo el día.

Uno de los mejores kabarettistas alemanes, Dieter Nuhr, se caracteriza por descubrir el punto flaco de muchas cosas que suceden a nuestro alrededor y que no nos mueven a profundizar en ellas como deberíamos. En su programa de esta noche, sin decir agua va empezó diciendo que a, pesar de varios millones de años de evolución, el ser humano (masculino) todavía no aprendió a orinar –estando de pie– dentro de la taza del inodoro: «Desengáñense –comentó–, eso de la inteligencia artificial es un engañabobos, lo que hay que incentivar es la inteligencia natural». La platea en pleno le dedicó una ovación.

Weiß/Colonia, 22.11.

Todo el día leyendo sin parar, me jalé de un tirón el cuarto episodio de la saga de Charlie Bird Parker, y seguí anotando un par de estupendas caracterizaciones de John Connolly: «Si Little Tom quisiera tomar un baño es presumible que el agua huiría gritando de la tina. [] En los pasados seis años había envejecido de manera visible, y adelgazado, como esos calendarios a los que cada día se les arranca una hoja. [] Rachel trinchó un trozo de carne tan crudo tan crudo que tenía que sujetarlo con el tenedor para que no se le escapara por la puerta. [] El interior era tan oscuro como los canales de financiación del Partido Republicano». En el mejor estilo connollyano, un crítico de Los Angeles Times escribió que «Si se le compara con los malvados de las novelas de John Connolly, Hannibal Lecter es un guardia de tráfico».

Weiß/Colonia, 23.11.

1:00 am : Haciendo tiempo para ver por enésima quinta vez Por un puñado de dólares, leí las escasas cien páginas –profusamente ilustradas– de un libro que compré en marzo a causa de tu título, y prometía ser una auténtica delicatesse: De cómo Mileva Einstein supo asegurarse el dinero del Nobel de Albert. Y es una delicatesse, me da la materia prima para una columna de cara al 10 de diciembre, el día que se entregan los Nobel en Estocolmo y Oslo. Ahora, cuando escribo estas líneas después de haber vuelto a ver ese clásico del western made in Almería, aún tengo los oidos saturados por la banda sonora de Ennio Morricone, y vuelvo a decirme que los protagonistas de la peli son dos: Clint Eastwood y esa banda sonora.

Descubrì hace un par de días que tengo cuatro tarjetas postales con los famosos calendarios de Adviento alemanes, que son una estampa preferiblemente navideña o invernal donde se hallan insertadas 24 ventanitas de distintos tamaños y numeradas del 1 al 24, las cuales tienen que ir abriéndose entre el 1 y el 24 de diciembre. Es una de las costumbres de mayor tradición en este país, y algunos calendarios son auténticas obras de arte. Una de las cuatro tarjetas ya se la envié antier a Carla y David, en Roma, y todavía no sé a quién enviar las otras. Se me ocurre que a Mónica y Elena en Huelva, creo que no sólo para sus críos,  hasta para ellas puede ser una novedad. En casa de Montse, el calendario de Adviento es una alegría y una diversión diaria para Henri. Tengo que averiguar cuál es el origen de la costumbre, de repente me da el tema para una columna. (No doy puntada sin hilo, soy un caso patológico).

Paralelamente a mis lecturas de John Connolly y otras eventuales que se presentan, continúo la lectura demorada de la correspondencia entre Astrid Lindgren y Louise Hartung. Ahora voy por el 1963, el año de mi llegada a Alemania. El día de mi cumpleaños Louise le comunica a Astrid que «nuestro» presidente estará la semana próxima en Berlín. Se refiere a Kennedy, y me hace buscar en este diario lo que escribí hace seis años, cuando se conmemoró el 50.º aniversario del paso de Kennedy por Colonia. Esto escribí el 22.6.2013: «Fue un día domingo. Recuerdo ese domingo porque lo pasé en Bonn, como solía hacerlo ya desde un par de meses atrás, cuando conocí al grupo latino que se reunía en el café Hansa, de la Kaiserplatz (Jesús Mondría, Pedro Muñoz, el portugués Preto [=negro, y él era blanco Persil, pero lo llamábamos así por ser angolano de nacimiento], Roberto de la Cruz, su primo Américo) Y recuerdo nítidamente que algunos de nosotros salimos en dirección a la plaza del ayuntamiento, por las calles atestadas de gente esperando el paso de la caravana de autos en que Kennedy y su comitiva llegarían desde Colonia. Serían casi las 2 pm cuando no pudimos seguir avanzando, estábamos en la Rathausgasse, cerca del ayuntamiento, y la multitud era impenetrable. Al poco rato la caravana, y en la limusina descubierta, ambos de pie, Kennedy y el viejo Adenauer. Y cuando pasaron frente a nosotros, Mariano, el salvadoreño, gritó a voz en cuello: “Hands off Cuba!!” Todavia me acuerdo bien de cómo Kennedy giró vivamente la cabeza en dirección al grito. Aún no eran los tiempos de la globalización. Para Kennedy tuvo que ser una sorpresa que en medio del entusiasmo de los alemanes un latino le recordase en inglés el tema de Cuba». ¡Cuantísimos recuerdos! El único paraíso del que no pueden expulsarnos, como sabiamente dijo Jean Paul. El bueno, el alemán, no el bilioso enano francés.

Acaban de pasar por el canal Arte un documental de 45’ dedicado al Uruguay. Un gaucho con su rebaño y su participación en un rodeo. Una noche de tango al aire libre en Montevideo, en la plaza Lavalleja (o con un monumento dedicado a él). Un coleccionista de autos oldtimers, en la Colonia del Sacramento. Un joven futbolista aspirante a titular en el once del Nacional. Un par de imágenes de las colonias de animales marinos en la isla de Lobos, a la entrada del Río de la Plata. Un chiringuito especializado en chivitos, en Punta del Este. Pero ni siquiera una sola imagen del Mercado del Puerto ni de la Rambla montevideana con la gente paseando con el mate en la mano y el termo con agua caliente bajo la axila. Es más, si no me equivoco, en los 45’ sólo se ve un mate, casi al margen de la imagen, y desapareció en fracciones de segundo. Qué descansaíto s’habrá quedao el equipo que filmó el documental. La madre que los parió.

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