De mi Diario: Semana 50 / 2013

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«El gato abraza al ratón y le dice: “Te querré toda la vida”. Y el ratón, desconfiado, le responde: “¿Y las otras seis?” 

 

Weiß/Colonia, 8.12.

He descubierto ayer que tengo un problema de comunicación, además de con un par de amigos, con algunos usufructuarios de la verdad absoluta, con varios políticamente correctos, y lo que es “más pior”, con los usufructuarios de la verdad absoluta + políticamente correctos. Me jodí. 100%.

 

Me pongo a la busca de sentencias y aforismos para mi envío La Frase del Domingo y encuentro esta del humorista gringo Sam Levenson: «El juguete más sencillo, aquel que hasta el niño más pequeño puede manejar, se llama abuelo». Se la paso a José María, que en febrero será abuelo, él la saca como tuit en su cuenta T y se lo copia/pega nada menos que @malpensante (habrá sido Andrés, claro está), consiguiendo con sus 401.855 seguidores un eco de RT que jamás obtendría con los 219 de la suya. En Twitter, como en tantas otras cosas, también importa el tamaño.

 

Joserre me manda desde Guadalajara, la mexicana, el enlace con el último post de su blog viajero, el que ha mantenido mientras lo llevaban por toda América Latina, de la Ceca a la Meca, presentando la novela con que ganó el Alfaguara. Lo que quiero dejar registrado aquí es cómo se despide, porque sus palabras aplican (según suele decirse en casi todo el continente) a mi propio diario: «En realidad, debería seguir escribiendo un blog aunque solo sea para mí, precisamente para evitar que me pasen desapercibidos todos esos momentos valiosos que surgen cada día, también en los más estresantes, en los que parece que no hay espacio para otra cosa que para nuestras obligaciones. Escribir no es una manera de luchar contra la desaparición, sino una herramienta para defender la importancia de lo fugaz y conceder a cada experiencia un mínimo espacio para que genere un eco. La escritura no como inmadura rebelión contra la muerte sino como afirmación consciente de cada instante en el que nos sentimos vivos».

 

 

Weiß/Colonia, 9.12.

1:25 am : La tele alemana es un animal de costumbres. En vísperas del 10.12. siempre hay un canal que vuelve a pasar The Prize, la peli sobre el Premio Nobel. A mí me gusta mucho verla de nuevo por todo lo que revela sobre la intrahistoria del premio (aunque mucho, muchísimo menos que la novela, que no es nada mala, maguer bestseller). [Lo del “maguer” es puro cachondeo]. Yo siempre me he preguntado si García Márquez hubiera sido tan gentil con el Nobel de Biología a quien agasajaba en su salón, privado –sólo para los amigos y el círculo más íntimo, casi 100% colombiano–, de haber sabido que estaba en realidad usurpando el lugar de un hondureño, Salvador Moncada, que había sido quien hizo el descubrimiento por el cual recibía el Nobel ese inglés, sólo porque era el director del laboratorio donde Moncada trabajaba.

 

Easy Virtue [Una familia con clase] me gusta más a cada vez que la veo. Es una peli con clase, cosa esa tan difícil. Por cierto que, cuando se estrenó en España, el crítico de El País dijo que el director Stephen Elliott no había sido «capaz de atrapar del todo la sofisticación, el brío y la delicadeza que sí consiguieron Hitchcock y Lubitsch». Pero la comedia de Coward que dirigió Lubitsch fue Design for Living, no Easy Virtue, tenía que haberlo dicho expresamente. O bien estaba hablando de oídas, oyó campanas sin saber dónde. ¡Tolón tolón!, como la vaca lecheraY el tangazo que se mandan Jessica Biel y Colin Firth es hasta casi “más mijor” que el de don Pacino con Gabrielle Anwar en A Scent of Woman. Y ya es decir. Joder. Pero es que acá, en Easy Virtue, además de la belleza de la imagen, que corre pareja con la de A Scent of Woman, hay además el aspecto transgresor, la bofetada sin mano a la sociedad que contempla el baile, y eso le añade una sal y una pimienta que faltan en el otro, que es un mero ejercicio de habilidad.

 

Weiß/Colonia, 10.12.

2:00 am : Este año ha sido Montse quien me tocó en el sorteo del “amigo secreto” para el regalo del IGD. Y acabo de ver Mýrin [Las marismas], que es, por lo que yo sé, la única peli hasta ahora protagonizada por Erlendur, el comisario de la saga de Arnaldur Indriðason, una pasión que comparto con Montse, mejor dicho, que yo le contagié. Así es que por la mañana me pongo en campaña para conseguirle el DVD correspondiente. Después sólo me quedaría encontrar un buen consejero para comprar el teléfono móvil que quiere Diny. Aunque me temo que teléfono teléfono, a secas, ya no existen. Buscaré algún modelo que tenga incorporada una olla exprés.

 

En La Modicana pide Carlitos el menú del día: sopa de garbanzos y espaguetis con almejas. Yo, más comedido, me limito a los espaguetis. Y mientras Carlitos come la sopa me acerco hasta el mostrador que separa el comedor de la cocina y le pregunto a la signora si es que la cocina de Sicilia, o ella en particular, ignora el arroz. Resueltamente me dice que no, y enumera todos los platos con arroz que ha cocinado a lo largo del tiempo. «Pero nunca los martes, signora, a mí no se me habría escapado la palabra “riso” en la pizarra». «Pues sí que ha sido casualidad, pero OK, ¿qué arroz quiere el próximo martes?» «El próximo martes no, mi amigo se va mañana por una semana a las Canarias, digamos el jueves o el viernes. ¿Me hará un buen riso in brodo?» «¡Cómo no, me encanta!» Esto es lo bueno que tiene ser parroquiano de los de toda la vida. Sea lo que fuere “toda la vida”. Es un concepto tan, pero tan, taaan español, que demuestra que ellos creen que (toda) la vida es como un chicle.

 

La viejez, como la llama Diny, es repugnante. Quienes no concuerden con ello es que no aún no cumplieron los 60 (o bien los 70, dependiendo del grado de conservación). Y ello con absoluta prescindencia de que en un arrebato de romanticismo avant la lettre haya quien asegure que uno es tan joven como se sienta. Merde alors para quien lo diga y quien lo piense. Decirlo, pensarlo, sentirlo, no tiene un carajo que ver con que si se te quieres mover de aquí para allí, lo que antes hacías de un salto, o dando cuatro pasos, ahorita necesitas un bastón. O una silla de ruedas.

 

Weiß/Colonia, 11.12.13, ¡qué día para los numerólogos no glosanjones! (¿o eran anglosajones?)

Desayunando, leo en el diario la noticia de la muerte de Eleanor Parker. 91 años. Yo creía que había muerto, y es porque hace siglos que no veía una peli suya. Creo que la última vez fue en 2007, cuando compré el DVD de The Naked Jungle, y volvió a encantarme su fascinante mezcla de naturalidad y sensualidad cuando su marido, Charlton Heston, se envanece de que consiguió traer hasta su hacienda en la Amazonia un piano sin estrenar, sólo para ella, y ella, la viuda con la que se casó por poderes (pero creyéndola virgen, esto es, que había conseguido traerla hasta su hacienda tan sin estrenar como el piano, sólo para él), le replica: «Si usted supiese algo de música sabría que el mejor piano es uno donde ya han tocado». Si algún canal de TV cambiara esta noche su programación para pasar una peli suya, que sea Detective Story [Brigada 21], por favor, o Scaramouche, incluso Return to Payton Place [La caldera del diablo] pero por favor, no Of Human Bondage [Cautivo del deseo], que es la peor de las tres versiones que existen de Servidumbre humana, mi novela predilecta entre las de Somerset Maugham (no llevo cuenta de las veces que la he releído, pero no han sido menos de media docena).

 

Me escribe Javier para decirme que nuestros nombres aparecieron en El País, en un espacio que han dedicado al llamamiento en defensa de la democracia en la era digital; abro el enlace y leo el artículo y lo que me sorprende es que sólo seamos nueve los españoles firmantes, pero en todo caso me alegro y me enorgullezco de que mi nombre esté junto al de Juan, a quien tanto quiero, y a quien tanto debo. Como no suelo abrir páginas de diarios en la red, aprovecho que estoy ya dentro para ver qué hay en esta, y encuentro un paseo por el Reikiavik de Arnaldur Indriðason, amén de una entrevista con él. Inmediatamente le paso los enlaces a Montse.

 

Reflexiono que hay días en que Diny se ha ido ya cuando me levanto, y luego pasa el día entero sin que nadie, ni tampoco yo, llame por teléfono, y así resulta que hoy, p. ej., recién a las 8 pm es la primera vez que hablo, cuando Diny regresa a casa. ¿Se perderá la voz por falta de uso?

 

Weiß/Colonia, 12.12.

1:30 am : Acaban de pasar en el canal Arte La fanciulla del West, en una espectacular puesta en escena (los bogotanos dizque bienparlantes dirían “colocación en escena”) de la Ópera vienesa, y vuelvo a pensar, a) por qué es que no se titula La fanciulla del Lontano Tramonto [=Far West en italiano], y b) que Sergio Leone tuvo en Puccini el mejor antecesor que imaginarse pueda.

 

Me llegó con el correo quelonio el ejemplar de Arráncame la vida que compré en Booklooker. Esta red tiene la ventaja sobre iberlibro.com y su equivalente alemana, ZVAB, de que en ella venden sus libros no sólo los anticuarios y las librerías de lance, sino también particulares que desean desprenderse de los que ya no quieren en sus bibliotecas, por las razones que sean. Casi estoy por escribirle a la señora Cimiotti, en Paderborn, que es a quien se lo he comprado, para preguntarle cómo es que lo tenía, si es que lee español o lo heredó de sus padres, no es sino pura curiosidad, pero quién sabe qué historia se oculta detrás de este ejemplar.

[Acabo de rastrear que la oferta de libros en español, de Booklooker, es de nada menos que 100.000 libros. Caramba].

 

Fauteuils d’orchestre [Patio de butacas] es la peli perfecta para pasar el tiempo. No le sobra ni le falta nada y resulta delicioso seguir ese guión en el que se siente la mano de una mujer. Otrosí, es una gozada ver a Sydney Pollack interpretando a un director de cine que podría ser él mismo. 1En la versión alemana, la peli se titula Un lugar perfecto, y sin exagerar mucho, también habría podido titularse Un film perfecto. Y perfectamente francés, además.

 

Weiß/Colonia, 13.12.

0:30 am : Un profesor estadounidense me pide que lo saque de la lista de distribución del enlace con las ediciones de fronterad, y lo justifica así: «Aprecio los envíos pero en los últimos tiempos son repetitivos». Le contesto: «Ya te saqué de la lista, pero no te llames a engaño, en la vida todo es absolutamente repetitivo. Desde que te levantas hasta que te acuestas. Con tu género de lógica, me temo que termines paranoico. Be careful!» Responde: «No me preocupo. La paranoia y yo no nos entendemos. Al contrario, soy jovial y me gustan las sorpresas. Entre los 150-180 emails que recibo al día hay muchos que son verdaderamente originales y que justifican su existencia». Replico: «¡Aleluya, me alegro por ti! Sensu contrario, tu juicio sobre los que recibías de mí es aniquilante; ni son originales ni justifican su existencia. Pero gracias, de este modo es como uno aprende más y mejor a conocerse a sí mismo». Lo que no me atreví a decirle es que la paranoia y la jovialidad pueden ser primas hermanas (y hasta gemelas univitelinas), y que con su género de lógica, más que en la paranoia puede terminar en el suicidio.

 

Oskar cumple 14 y, comme d’habitude, Diny me deja en el atril de la compu una tarjeta ad hoc para que le escriba alguna cosa linda. La familia parte de la base de que el cabeza de la misma está obligado a ser ingenioso a fortiori. Después de pensarlo me inclino por contarle a Oskar un chiste de Uli Stein: «El gato abraza al ratón y le dice: “Te querré toda la vida”. Y el ratón, desconfiado, le responde: “¿Y las otras seis?” / Como ni tu abuela ni yo somos gatos, podemos decirte que te querremos toda la vida, pero no tienes que preguntarnos por las otras seis, querido Oskar». Y dejo dentro de la tarjeta el óbolo tradicional en estos casos (en nuestra familia ha sido siempre norma regalar cash, para que el cumpleañero compre lo que mejor y más se le antoje).

 

Cenamos en casa de Montse, toda la familia menos Angie, que tiene hoy la fiesta de Navidad de su empresa, por todo lo alto, en el hotel Hyatt, el de la crème de la crème, al menos de esa haute volée que se han inventado las revistas del corazón. Un rato fenomenal con Henri, que seguía despiertísimo al despedirnos a las 9 pm, después de haber visto el 3:1 con que el Colonia derrotó al Dynamo de Dresde; por cierto, claro, no sólo faltó Angie, también Paul, que estaba en el estadio, y cada vez que la cámara enfocaba al público yo le decía a Henri «¡Mira, mira, ahí está Paul!», y mi pobre criatura quemándose las pestañas para identificar la cara de su hermano en esa muchedumbre. Soy un hijueputa, lo reconozco. Pero, eso sí, durante la cena fui yo, sentado a su derecha y él presidiendo la mesa, quien le iba troceando las milanesas que comía vorazmente, estaban exquisitas, eran corte pestaña, 9 mm de espesor. Váyase lo uno por lo otro.

[Addenda el 14.: No puedo dejar de pensar que Frank, tan buen cocinero, aprendió a freír las milanesas con Diny, cuando era novio de Montse y ella lo trajo a casa para que lo conociéramos, y ese día Diny hizo milanesas, y a Frank le gustaron tanto que era rara la semana que no le decía a Montse que por qué no venían de nuevo a casa. Ahora las fríe rebién. Pero, pero, las de Diny siguen siendo modélicas; y más de Milán que de Colonia].

 

Weiß/Colonia, 14.12.

Desde hace un par de días me venía molestando un poco el dedo gordo del pie derecho, y me dio por pensar si no sería que su maldita uña se estaba hundiendo en la carne, hasta me dije que si la cosa seguía así, el lunes llamaría a la pedicura para pedirle una cita supernumeraria y que le echase un vistazo. Hoy, después de almorzar y estar un ratico mirando la estafeta aquí, en la pantalla, de repente, al levantarme para ir a dormir la siesta, me dió un cimbronazo de dolor, tal dolor, que grité. Y me di cuenta de que era un nuevo ataque de gota como el feroz de junio del 2006, que me obligó a llamar al médico de urgencias, y ese médico terminó siendo mi médico de cabecera. Escribo esto después de la siesta y un ibuprofén que ha logrado paliar el dolor, pero la siento agazapada, a la recontrarremilputa de la gota, esperando para dar el siguiente mordisco. Menos mal que la provisión de ibuprofén me garantiza llegar al lunes como el domador con su látigo frente a la pantera. Ay. Hace algo así como una semana, buscando sentencias y aforismos para mi Frase del Domingo, encontré una de Anthony Powell que viene acá como yelito al güisqui: «Envejecer es como ser castigado un día tras otro por un crimen que no has cometido». Ay. Ay. Ay.

 

Canal 3sat, concierto de Lang Lang en el Musikverein de Viena. Admiro una vez más la precisión sonambúlica del fraseo, la digitación fantasmalmente diáfana, pero eso es anécdota, la diferencia cualitativa con los otros es que él toca con el cuerpo y la cara, las manos son no más sus delegadas plenipotenciarias. No estamos en presencia de la majestad serena de María João Pires, sino de la entrega apasionada de un bacante. Desde la caja de Pandora de Beethoven al cajón de sastre de Prokofiev pasando por la cajita de música de Albéniz y al terminar, los bises con las cajitas chinas de Chopin. Oyéndole tocar la tercera parte de la suite Iberia, de Albéniz, “Corpus Christi en Sevilla”, sonrío a causa del tema que la inspira, la canción infantil que dice «Tiene la Tarara / una camiseta / que, como es tan vieja, / se le ven las tetas. / La Tarara sí, / la Tarara no, / la Tarara es prenda / de mi corazón». ¿Lo sabrá Lang Lang?

 

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