De mi Diario / Semana 50 / 2019

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Weiß/Colonia, 8.12.

0:30 am : Acaban de pasar Awakenages [Despertares], basada en una experiencia clínica del Dr. Oliver Sacks, el neurólogo doblado de escritor a quien se debe ese libro morrocotudo que es El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Ya conocía yo Despertares, que le valió a Robert de Niro una nominación al Oscar gracias a la mainstream que prima lo teratológico en las premiaciones de Hollywood (la lista es larga y ya le dediqué una columna in illo tempore). Pero si la quería ver de nuevo es porque nunca me pierdo una donde actúe Robin Williams, y menos aún si la música es de Randy Newman. No me defraudan nunca. A Randy Newman lo vine a conocer, a oír por primera vez, en casa de Willy cuando vivía en Emmen y Diny & yo pasábamos las vacaciones de verano allí, en los años 80. Tenía Willy un LP de Randy Newman y me enamoré de esa música, de ese delicioso Ohrwurm que es “Short People”, y del resto.

Apareció en Fronterad el diario de mi segundo viaje a Colombia, en el 2008, invitado que fui al festival de El Malpensante, y me ha deparado una larga cauda de comentarios en la bandeja de entrada de mi estafeta virtual. Lo he releído al cabo de once años y me parece que no está mal. En cualquier caso tiene la virtud de ser fidedigno. Y de eso se trata en un diario.

Después de leer mi diario, WS me pregunta desde Karakogrado: «¿Sabes quiénes son los abuelos de Mateo García Elizondo? Con esos ancestros escribir debe ser muy difícil. Su tío, por cierto, es un director de cine muy interesante». Le contesto ipso fuckto: «Sí sé quiénes son los abuelos y el tío de Mateo García Elizondo. Pero con tan buenos genes ¿por qué no iba a escribir bien? En la familia Mann prácticamente todos los hijos de Thomas y sobrinos de Heinrich fueron escritores, y de los buenos, aunque no eclipsaran la gloria de los dos viejos. De Klaus Mann es por ejemplo Mephisto, que conocerás por la excelente peli de István Szabó, y la novela es incluso mejor que la peli, lo que ya es decir. Los Mann tuvieron suerte con el cine: además de Klaus, Thomas con Muerte en Venecia y Buddenbrooks, Heinrich con El ángel azul».

Weiß/Colonia, 9.12.

2:30 am : He estado viendo el DVD de El chacal, no el de Fred Zinnemann con Edward Fox en el papel de su vida, sino la remake de 1997 con Bruce Willis, Richard Gere y Sidney Poitier. Me quería reafirmar en mi impresión de que el original es mejor. Y lo es: mucho mejor. Pero la culpa no es de los actores, sino del guion.

Leo en el Kölner Stadt Anzeiger, mientras desayuno, que están programando un sofware muy sofisticado para concluir la 10.ª sinfonía de Beethoven, de cara al 250 aniversario de su llegada a este valle de lágrimas, concretamente en Bonn, como quien dice a la vuelta de la esquina de nuestra casa. ¡Diosito querido, Ludwig van y un algoritmo componiendo música mano a mano! El sueño de la razón produce efectivamente monstruos, don Paco de Goya y Lucientes.

Soy un gran fagocitador de mis propios textos. «Un buen caníbal», diría Raymond Chandler. Tanto es lo que he escrito en soporte papel, hasta que me pasé a la compu, que podría publicar al menos durante diez años lo que escribí en el modo antiguo, y sin repetirme ni una sola vez. Eso lo llevo a gala. Y lo haría de la manera más sencilla: transcribiendo los soportes papel aquí a la pantalla, con unos ligeros brochazos de actualización cuando fuere menester, que serían pocas veces, porque siempre escribí de manera que se me pudiera leer más tarde: creo que esa es la lección más fértil que aprendí de Julio Camba, de Cunqueiro y de Chesterton.

Me remiten la lista de los cien mejores libros escritos por mujeres, en español, desde 1920, lista aparecida en la revista colombiana Arcadia. Se la mando a varias amigas, y Violeta me comenta desde Karakogrado, capital de Venezuelistán, que es un desastre. Y yo le contesto ipso fuckto: «Y usté que lo diga, oiga. Aunque más que un desastre mejor me parece un cajón de sastre. Sintomático que falte en la lista Blanca Olmedo, de la hondureña Lucila Gamero de Medina, una de las novelas más estremecedoras sobre la destrucción de un alma por la iglesia católica. Aunque, claro, es de 1908, pero hay reimpresiones que son casi primeras ediciones, p. ej. la de 1972, que es la que yo poseo. Y otras faltas: Yolanda Oreamuno (La ruta de su evasión), Claribel Alegría (con una novela de primerísima categoría como es Cenizas de Izalco), Helena Araújo (con su imprescindible La Cherazada criolla), Anacristina Rossi (María la noche), Fanny Buitrago (Los pañamanes), Marjorie Ross (El secreto encanto de la KGB), Gloria Guardia (El último juego), Alma Delia Murillo (Las noches habitadas), ¡Ángeles Mastretta, por todos los santos, la única mujer que obtuvo el Rómulo Gallegos!Y ni una sola afroamericana. Lo dicho: una merienda de blancas. Paciencia y barajar = joderse y aguantarse.

Weiß/Colonia, 10.12.

0:15 am : Estuve viendo en el canal TV de Hesse la remake de Sabrina, con Harrison Ford bajo la dirección de Sydney Pollack. Y desde luego el original de Billy Wilder es mejor, pero eso no quiere decir esta nueva Sabrina no valga la pena. Antes al contrario. Y cuenta además con el atractivo de la partitura de John Williams, lo que no es moco de pavo; lo demuestra el Oscar que ganó con ella . Y Julia Ormond en 1995 está tan comestible a besos como lo estuvo Audrey Hepburn en 1954. Y quien diga lo contrario, miente como un bellaco, ¡voto a bríos!

Diny se fue alrededor de las 10:15 am camino de la clínica, donde debe estar al mediodía. Al rato de llegar me llama para decirme que se olvidó de algo esencial: sus audífonos. El problema es cómo hacérselos llegar porque la clínica está donde Jesús perdió la alpargata. Entretanto yo había llamado a Carlitos para cancelar nuestro almuerzo de hoy en La Modicana porque estoy en el momento álgido de un catarrro con tos que me tiene mártir. Pero puesto que iba a venir a buscarme para ir juntos a almorzar, le pido que venga de todos modos, pasando por la farmacia, que me compre Contramutan e Isla, las pastillas para la tos que son casi mano de santo (desde que las conozco me pregunto de dónde les viene ese nombre castellano). Y Carlitos llega justo mientras estoy hablando con Diny, a ella le digo que me vuelva a llamar dentro de 5’ y a él le pregunto si podría llevarle los audífonos a Diny, pero no, en vista de que cancelé el almuerzo se comprometió con Ulli para hacer una diligencia. Y pasa ½ hora y Diny no llama (claro está, me digo, le habrán aplicado ya la anestesia) y no sé qué hacer, sobre todo por la causa más estúpida del mundo: que no sé dónde Diny guarda los audífonos, y sin ellos no puedo recabar la ayuda de nadie. Remuevo Roma con Santiago de Compostela, de Chile, de los Caballeros, del Estero, de Cali, de Cuba y de Querétaro, y ni modo. Me meto al sobre para seguir sudando.

Me llama Diny a las 7:30 pm para decirme que la operación resultó bien (es lo que le han dicho, porque ella  pidió anestesia total, así que no se enteró de nada). Además me explica dónde están los malditos audífonos, y están, claro, en el único lugar donde no los busqué. Porca miseria!

Weiß/Colonia, 11.12.   

0:30 am : Vuelta a ver IQ, la peli sobre la sobrina matemática de Einstein y el mecánico de un taller de reparación de automóviles. Walter Mattau sensacional como Einstein, y Meg Ryan [anagrama: Germany] en el apogeo de su saber actuar. Pena penita pena que nadie le advirtiera del peligro que el bótox suponía para la expresividad de su rostro: se lo congeló, o poco menos.

Ayer, con el correo quelonio, me llegó como todos los años la tarjeta de felicitación navideña de la familia de Zenobia y Juan Ramón. Entretanto, y gracias a esos envíos, tengo una colección considerable de poemas inéditos de Juan Ramón y una copiosa iconografía de sus buenas mañas como pintor. Esta vez es la reproducción de un óleo pequeño que muestra la puerta trasera del patio de su casa en Moguer. Creo que Juan Ramón es uno de los pocos creadores universales cuya imagen y su obra van unidos de una manera indisoluble con el pueblito donde nacieron. García Márquez es otro. Aracataca es su Moguer, el infinitivo de un verbo que jamás llegará a las páginas del diccionario = cementerio de la Real Academia.

Fui donde la pedicura y superé bien la prueba de salir a las tinieblas exteriores, en el enésimo día gris, triste, plomizo y con una lluvia de las de quiero y no puedo, la puta que la parió. Pero me hizo bien conversar con Dorotea y hacerlo de cine, justamente ella también había visto hace poco IQ, y también le gustó mucho. Pero los nombres de Spencer Tracy, Katherine Hepburn, Sidney Poitier, en cambio, no le dicen nada. Santa inocencia. También hablamos de una serie, The Crown, de la que ella es fan y yo no. Y no lo soy porque todo lo que tiene que ver con las monarquías me aburre soberanamente (¡qué buen adjetivo en este contexto! ¿no?), pero sobre todo porque la pasan en un canal comercial, y los tengo confinados en el Círculo del Ninguneo que le implementé al Inferno programado de mi televisor. Bada retro!

Pasó Chico por casa para recoger los audífonos y llevárselos a Diny a la clínica. Desde su laburo hasta aquí es ± una hora de transporte público, de aquí a la clínica son 1½ según Diny, y de la clínica a su nueva casa unos 45’. Eso es querer a una madre y lo demás es cuento.

Weiß/Colonia, 12.12.

2:00 am : Acabo de ver Días de vino y rosas.  Es la segunda vez que la veo. La primera vez fue cuando la estrenaron, una de las primeras pelis que vi acá, y me dejó en un estado de shock, como The Lost Weekend [Días sin huella] allá por los años 50 en un cine de verano en Huelva, así es que no las he querido volver a ver desde entonces. Mi abuelo Pantaleón murió a causa de la bebida, y todos los Badas somos bebedores. Es decir, compulsivos creo que sólo mi hermano y yo, y a mi hermano también se lo llevó por delante la bebida. Y esta noche, por una curiosidad enfermiza, me decidí a ver de nuevo Días de vino y rosas y anoté varios ítems: a) lo curioso que es el que Billy Wilder y Blake Edwards rodaran dos pelis tan terribles –pero tan buenas– como estas, y en cambio los recordemos más por sus comedias; b) la música de Henry Mancini, que no la recordaba; y c) el episodio de la fumigación, cuando los vecinos de Lee Remick protestan de manera masiva y estentórea contra Jack Lemmon por querer acabar con las cucarachas. Este episodio es en verdad sumamente kafkiano, es como un triunfo póstumo de La metamorfosis, y recuerda un poco las imágenes de El proceso filmadas por Orson Welles ese mismo año 1962.

En La Modicana una pareja que yo al menos sólo conozco de verla almorzar acá (Carlitos cree recordar que a él lo conoce de antes, pero no recuerda de qué) y con quienes nos saludamos de la manera más cordial. Se iban ya cuando llegamos y nos quedamos solos en LM, que es como a Carlitos le gusta más. Él pide ravioles con rúcola y pasas, yo la sopa de puerros y papa, pero en cuenco. Está muy rica, si bien le comento a Carlitos que la mejor sopa de puerros y papa que he comido en mi vida fue el 17.6.2004 en un pub de Dublín. Las tengo muy presentes, la sopa y las piernas norabarnaclianas de la camarera, todo el ambiente de aquel Dublín en el que Willy y yo, esa mañana, habíamos visitado la casa natal de Bernard Shaw.

Buscando citas para las frases del domingo en el Doble Envío con cada nueva entrega de mi diario, encuentro una gavilla de poemas de Edith Södergren (1892-1923), finlandesa de habla sueca, y entre ellos este: «Primero quisiera escalar el Chimborazo / en mi propia tierra / y pararme allí sin aliento / con la corona del triunfo. // Luego quisiera escalar la montaña de la fama / a la que sonríen los dorados trigales del mundo / y pararme allí feliz / contemplando las rosas. // Y al final he de escalar la montaña del poder, / aún no conquistada, / desde donde las estrellas sonríen más dulces, / bendiciéndolo todo». Creo que lo podría firmar Juan Ramón.

Weiß/Colonia, 13.12.

Oskar cumple 20 años y Diny regresa a casa, dos datos venturosos del día, a pesar de ser un viernes 13, el de la mala suerte para los alemanes. Y una vez más, a cuenta de esa maldición del viernes 13, me pregunto en dónde dentro de este maldito cuarto de trabajo se habrá escondido la traducción del texto de “Ankomme Freitag den 13 [Llegaré el viernes 13]”, la divertidísima canción de Reinhard Mey, que trasvasé al castellano ajustando mi texto a la partitura como el guante a la mano. Algún día lejano la archivé tan requetebién que no hay mod de recuperarla. Y mira tú si no la habré buscado todos los viernes 13 de los últimos diez años. Pero ¿cómo eran aquellos versos de aquél dramón de Echegaray,  El gran galeoto? «Contra las olas de mar / luchan brazos varoniles. / Contra miasmas sutiles / no hay manera de luchar». Pues eso, las miasmas sutiles del mundo virtual. Hijas de la gran puta.

Mi columna de hoy en El Espectador ha sido un gesto de agradecimiento a la organización de beneficencia Arbeiterwohlfahrft [El Bienestar del Trabajador]. Cotizo en ella desde hace casi 40 años y escribí la columna recordado la maceta con orquídeas que me regalaron cuando cumplí mis 80. Y recién cuando veo mi texto en la página web de EE me doy cuenta de que escribí mal su nombre: Arbeiterwollfahrt. Ay sí, nobody is perfect!, ¡qué gran verdad! Y qué alivio, con lo aburrida que debe ser la perfeccción. A Dios su profesión no se la envidio.

[Entretanto un fenómeno curioso: me llegaron tres comentarios al foro de la columna, y según es mi costumbre, los contesté ipso fuckto. Pero  desaparecieron como por ensalmo tanto los comentarios como mis respuestas. Más miasmas sutiles del mundo virtual].

Weiß/Colonia, 14.12.

1:45 am : Programé el DVD de Paradise Road, una excelente peli australiana que descubrí hace más de doce años. En este diario dejé constancia del hecho el 21.8.2007, estando de vacaciones en Beek y diciendo que en ella se narran las vicisitudes sufridas por un grupo de mujeres  occidentales a las que la 2.ª guerra mundial sorprendió en Singapur y las hicieron prisioneras los japoneses, quienes las encerraron en un campo de concentración en Sumatra: «Lo que me llamó la atención, muy poderosamente, es un comentario de un diario neerlandés que encontré esta mañana en internet, un comentario de cuando la película se transmitió aquí por TV. Dice así: “Esta película [] no está basada en el libro White Coolies [Culíes blancos] de Betty Jeffrey (como se dice en los avances informativos) sino en De kracht van een lied [El poder de una canción], de la holandesa Helen Colijn. La nieta del primer ministro neerlandés en tiempos anteriores a la guerra, permaneció durante ella en las otrora Indias Holandesas, internada en varios campos de concentración. En uno de ellos surgió la así llamada orquesta de voces: un grupo de mujeres que formaron una orquesta sin un solo instrumento, sólo con sus voces”. A la vista del prospecto informativo de Paradise Road en la página www.imdb.com (¡la Biblia de los cinéfilos!), donde sólo se dan créditos a Betty Jeffrey, la pregunta que me hice es por qué se omite allí toda referencia al libro de Helen Colijn, que es de 1989, y la película de 1997. Me puse a investigar y descubrí que el libro de la monja australiana Agnes Betty Jeffrey se publicó en 1954, y que Bruce Beresford, el director de Paradise Road, es australiano. Pienso, pues, tras este trabajo de detección, que a mi colega neerlandés se le fue la mano en la dirección nacionalista, sin ponerse a investigar, como era su deber, las razones de que la inspiración del libro se atribuyesen a una monja que pasó por las mismas vicisitudes y en los mismos campos de concentración que Helen Colijn. Lo que termina de hacer interesante la historia es que en el reparto de la película sólo aparece mencionada una monja, la hermana Wilhelminia, pero –como su popio nombre lo indica– es neerlandesa, y su papel lo interpreta una de las mejores actrices de este país, Johanna Ter Steege (la Saskia del fallido Rembrandt con Klaus Maria Brandauer). Meterse en el mundo interno de una película es asomarse a un puzle interminable». En cualquier caso he vuelto a gozar Paradise Road, con su reparto à lo Robert Altman: Glenn Close, Frances McDormand, Paulina Collins, Cate Blanchett, Jennifer Ehle, Wendy Hughes, Julianna Margulies Wow! En España se tituló Camino al Paraíso. En Argentina, Un canto de esperanza. Y es una de las mejores antibélicas que conozco, desde una perspectiva femenina.

Mientras desayuno, descubro en el Kölner Stadt Anzeiger una esquela fúnebre con epígrafe tomado del libreto de Othello, la ópera de Verdi: «La Morte è il Nulla, / è vecchia fola il Ciel [La Muerte es la Nada / y viejo cuento el Cielo]», según la traducción que me propone el gran Guillermo desde su orquidiócesis colombiana. Me encanta que un mensaje tan nihilista se haya abierto paso hasta las páginas de un diario en la archicatólica Colonia. Me pregunto qué cara pondría el empleado del diario encargado de las esquelas si llegase un deudo para encargar una cuyo epígrafe fuera de Nietzsche: «Dios ha muerto». ¡Por Dios!, como diría Álvaro Mutis.

Más italiano. Marta lee mi columna en EE y me escribe desde México lindo y jodido: «Que la publicación de tu columna valga para enviarte un gran abrazo de felicitación para celebrar tus ochenta años, bien vividos. Que a partir de aquí te ilumines de inmenso». Ah, Ungaretti, qué pedazo de poeta, mare mía de mi arma: «M’illumino / d’inmenso». Mejore usted eso, Señoría.

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