De mi Diario: Semana 51 / 2013

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Hebbel: «Con cada ser humano desaparece del mundo un secreto que sólo él pudo descubrirlo y que después de él nadie volverá a descubrir».

 

Weiß/Colonia, 15.12.

0:30 am : Termina Los puentes de Madison County. Esta peli padece un mal incurable: la historia que cuenta es un diamante, pero el anillo donde está engastado, aunque lógico, es prescindible. O bien la historia debió ser contada de otro modo. Y no es culpa de los actores, ni del guión, con toda seguridad es culpa nuestra, de los espectadores. Porque pasa aquí lo mismo que con las comedias de Jardiel Poncela: mientras no se nos explican, son poesía; cuando se nos explican, sólo son prosa. Por dicha, la parte sí maravillosa de Los puentes endosa con creces el resto.

 

1:00 am : Un combate de boxeo retrasa ya en más de ½ hora la transmisión en el primer canal de El último de los mohicanos; y en el segundo, la prolongación masturbatoria & ad nauseam del espacio dedicado a la jornada de la Bundesliga, retrasa ya en más de ½ hora la transmisión de El último tango en París. O sea, que me quedo sin ninguna de las prometidas postrimerías, porque si llego a la cama después de las 2, Diny presentará el lunes su demanda de divorcio.

 

Guillermo lee en mi diario «La viejez, como la llama Diny, es repugnante» y me envía un email: «Esto me lo mandó Rodrigo, el hijo de Gabo: “Growing old is not for sissies”. (Bette Davis)». Como desconozco gloriosamente el idioma inglés, recurro al diccionario, que me desasna acerca de “sissy” explicándome que puede ser, a) un tipo afeminado; b) un tipo tímido o cobarde; c) el diminutivo informal de “sister”. Bien empieza el domingo.

 

Una cosa que me hace sonreír en Desayuno en Tiffany’s, todas las veces que la pasan, como esta noche, es ver en los títulos de crédito el nombre José Luis de Vilallonga. Es algo así como si en el primero de ellos dijese Audrey Hupbern. Pero muchísimo más divertido, por tratarse de quien se trata. ¡Qué risa, María Luisa, sic transit gloria Villalongae! (Et alia)

 

Weiß/Colonia, 16.12.

Me escribe Juan desde Buenos Aires y me habla de la gran similitud, que no plagio, de uno de los trinos que seleccioné hoy en The Twitter’s Digest y uno suyo de hace año y ½. Le contesto«Estas cosas pasan, Juan. Hace ya algunos años descubrí que una de mis grandes invenciones verbales (asín creíba yyyo) se encuentra en el texto de una obra de teatro de Jacques Audiberti, El mal corre. Lo peor de todo es que yo asistí a la lectura de esa obra (no puesta en escena, sino simple teatro leído), en la sala de actos de las Juventudes Musicales, de Sevilla: lo recuerdo con absoluta nitidez porque fue la primera vez que acudí a un acto público en aquella ciudad, recién iniciando la carrera de Derecho. Y aunque recuerdo nítidamente la lectura, así como que una de las actrices aficionadas, Maite, sería mi novia cinco años más tarde, no recuerdo haber registrado de manera consciente la frase de marras. Eso fue en el otoño europeo de 1955, y alrededor de treinta años después, escribiendo un texto, me salió redonda la imagen «como una cornada de cuerno de caracol», sin que ninguna luz roja parpadease en mi conciencia ni en mi memoria avisándome de que esa imagen ya tenía dueño. Así es la vida y no hay más vueltas que darle».

 

L’âge de raison [en alemán Nomeolvides, en español parece que no se ha llegado a conocer] es como un cuento de hadas, y funciona igual que ellos. Tengo que volverla a ver o comprarme el DVD, hay muchas cosas que creo que merecen la pena en esta peli. Es especial la madurez de una mujer que adoro desde que era casi adolescente (¡ella!), Sophie Marceau, ¡ah, sí, La boum, esa inolvidable fiesta de quinceañeros que me tocó vivir ya cuarentón!

 

Weiß/Colonia, 17.12.

Pues señor, parece que esta va a ser «une semaine à cinéma», diría un francés. Leo en el diario la necrológica de Joan Fontaine, “la ninfa constante”, como la llamaba mi padre por una peli suya que le gustó mucho. 96 años tenía. Y su hermana mayor, Olivia de Havilland vive aún. Con lo que viene a cumplirse lo que Joan dijo cierta vez de esa hermana a quien odiaba sin reservas y en público: «Fui la primera que se casó, me gané el Oscar antes de que lo consiguiera Olivia, y si me muero antes que ella, seguro que se pondrá brava porque también en eso fui la primera». Con una hermana así, pa qué quiere uno enemigos, doña Olivia. Pero sea, descanse en paz la ninfa constante, la segunda Mrs. de Winter, la Lisa Berndle de Carta de una desconocida, para mí su mejor actuación, mejor incluso que aquella con que ganó el Oscar de la mano de Hitchcock.

 

La gota sigue agazapada en el interior del dedo gordo de mi pie derecho, afilándose los dientes con una lima, para morderme inmisericorde al menor descuido, la recontrarremilputísima que la recontramilparió. El Dr. Ruppert me receta ibuprofén y un protector estomacal, y me pide que vigile mucho el estado de ese putísimo dedo gordo. Ya tengo con qué entretenerme, pues.

 

Me llama de nuevo MN, alegre, para decirme que el diagnóstico de Parkinson que le habían hecho hace un mes, estaba equivocado. Naturalmente me alegro con él, pero por dentro me roe la furia contra la clase médica. En fin, mejor no hacerme mala sangre, porque es doble trabajohacérmela, y tener que meterla luego en el autoclave.

 

Lo dicho, «une semaine à cinéma»: Como no tengo nada urgente entre manos y Diny acaparó el televisor para un programa que no me interesa en absoluto, programé en la pantalla de la compu It Happened One Night, una peli que me encanta. Deliciosa es por ejemplo la escena en que, mostrando una pierna, Claudette Colbert hace que se detenga un auto, y sigue este diálogo con Clark Gable: «–¿Por qué no se sacó toda la ropa? Hubiese podido detener 40 autos. –¡Huiiiiiii, qué bien! Lo recordaré cuando necesitemos 40 autos». Luego me pongo a buscar un dato acerca de CC en imdb y encuentro esto: «One of the brightest film stars to grace the screen was born Emilie Claudette Chauchoin on September 13, 1903, in Saint Mandé, France where her father owned a bakery at 57, Avenue Général de Gaulle». Es en detalles como este donde se puede apreciar la verdadera, la auténtica, la legítima grandeur de De Gaulle (*1890): ¡a los trece años ya era general y le dedicaban calles en la dulce Francia!

 

Weiß/Colonia, 18.12.

¡Qué racha desde el 11! Eleanor Parker, Peter O’Toole, Joan Fontaine, y ahora me entero, por un email de Javier, que también acaba de fallecer Lolita Sevilla. Nunca fuimos aficionados a las folclóricas, al menos mientras no se convirtieron en fetiches de culto, pero a Lolita Sevilla sí le dedicamos un rinconcito en nuestros altares laicos, por su Carmen Vargas en ¡Bienvenido Míster Marshall!  Esa peli fue el primer paso afuera de la cárcel donde nos encerraba el inferiocre y nos hubiese querido mantener de por vida. A partir de ella empezamos a saber a qué olía la libertad.

 

Me leí de dos sentadas la novela de Santi. Es buena, lo que pasa es que está escrita en un idioma que no es el mío, aunque use las mismas palabras. Es una inextricable mezcla entre Azorín, Ian Fleming y el gráfico de un electrocardiograma. Le escribo a Santi un largo email al respecto en el que espero que le quede claro que sí, que su novela me gustó, pero que ese idioma no me va.

 

Weiß/Colonia, 19.12.

Con Diny y Carlitos a La Modicana. La signora nos tenía el riso in brodo prometido la semana pasada. Un riso in brodo alla siciliana, esto es, con zanahoria, papa, alguna legumbre, y además albondiguillas de carne. Estaba rico, pero no es el riso in brodo que me gusta, tal vez porque el arroz fuera demasiado grueso, tal vez porque la ración era excesiva. Lo cierto es que Diny tuvo que echarme una mano y comer la mitad. Y aún más cierto es que ando con las defensas tan, tan bajas, la abulia y la fiaca tan, tan grandes, que me agarré un resfriado king size. Menos mal que quedan cuatro días hasta el IGD, podré sudarlo de aquí hasta entonces. Eso espero.

 

Decidí releer Arráncame la vida, y del primer tirón acabo de llegar a la pg. 106. Lo que más me está impactando es pensar que yo la leí recién aparecida, en 1985, y en aquellos momentos no se vivía en México la oleada de violencia que se vive hoy en día. De tal manera que antaño se leía como una crónica del pasado, y hogaño se lee como una crónica del presente. El único cambio es que ahora el protagonismo criminal le corresponde a otros actores. Pero los procedimientos para sacarse de encima a quien te molesta o te denuncia o te hace la competencia, son idénticos.

 

Weiß/Colonia, 20.12.

Anoche fue una noche toledana. Me convertí en un amasijo de mocos, lágrimas y sudores, con un vago aspecto humano. La fuerza del catarro descargó sobre mí como un tornado, arrasándolo todo. Envuelto en una manta, frente al televisor, furioso con la programación disparatada de los canales, reducido a la miseria de mi cuerpo enfermo y sin defensas, pasé un par de horas hasta que el cansancio me venció por completo y me fui a la cama, «como quien se desangra».

 

En el canal Arte han terminado de pasar hoy una de las mejores series de reportajes de entre las muchas buenas que transmitieron este año. De lunes a viernes, a las 7:30 pm, cada día 45’ acerca del Mediterráneo. Algunas de las imágenes son de las que se quedan grabadas para siempre en la memoria: la galopada de los caballos blancos de la Camargue, el pez gallo plantado delante de un pulpo como haciéndose el distraido y de repente ¡zas! abre la boca y lo engulle enterito, los lobos de Calabria emigrando al Piamonte en fin, maravilla una tras otra. Una vez más la reflexión de que los documentales suelen ser bastante más entretenidos que la mayor parte (por no decir que todo) el cine de efectos especiales.

 

A continuación pasaron El pequeño Lord y la vi por quincuagésima vez. Diny se fue a su compu portátil alegando que ya la ha visto el suficiente número de veces. Como si eso fuese argumento, y menos en ella, que no perdona Dinner For One ni una sola Nochevieja. Además, recuerdo las cinco navidades (1978-1982) que pasamos en la isla de Sylt, y ni una sola de ellas nos perdimos We’re no Angels, siendo Diny quien la esperaba con mayor entusiasmo. Era en aquellos años una de las dos pelis navideñas por excelencia, la otra era –y creo que sigue siéndolo– ¡Qué bello es vivir! , de la que dicen que es una obra maestra de Capra, pero a mí nunca me gustó, demasiada melaza. En cambio No somos ángeles ya no la pasan más en estas fechas, la desbancaron el pequeño Lord Fauntleroy y, más recientemente, las parejas de Love Actually [Realmente amor]. Lo que no le digo a Diny es que, además, mañana veré en mi compu la primera versión de Little Lord Fauntleroy, con Freddy Bartholomew, que la he descubierto en youtube y es la que yo vi de niño, seguro que también alrededor de estas fiestas, en el cine Rábida, en Huelva.

 

Weiß/Colonia, 21.12.

Me entero por el diario de que hoy se cumplen cien años del primer crucigrama publicado en la prensa. Fue el 21.12.1913 en el diario New York World, que ya no existe. He aquí de nuevo un caso en que la criatura sobrevive al creador. Y leo también en el diario una esquela fúnebre con este epígrafe de Hebbel, uno de “mis” autores alemanes: «Con cada ser humano desaparece del mundo un secreto que sólo él pudo descubrirlo y que después de él nadie volverá a descubrir».

 

Después del desayuno un baño de vapor con Bronchoforton y la nariz quedó completamente despejada, también la vista, el cerebro. Supongo que tiene bastante que ver con el hecho de que anoche, terminando de tomar un whisky antes de irme a dormir, sentado delante del televisor todavía encendido, con una manta cubriéndome las piernas, de repente me quedé dormido y de un modo tan profundo que Diny –alarmada a las 3 am al ver que yo seguía sin llegar a la cama– no logró despertarme. Lo hice yo motu propio a las 4:15 y me extrañó infinitamente hacerlo en la sala a oscuras (Diny había apagado las luces y el televisor) y sentado en el sillón. Pero me fui a la cama y dormí de nuevo de un tirón hasta las 9:29. Se conoce que mi cuerpo recuperaba fieramente su déficit de sueño y de descanso. Y a lo mejor ese es el secreto que sólo yo pude descubrir, según Hebbel, y que nadie lo hará después.

 

En la tele, Cascanueces, en la ópera de Viena, la coreografía de Nurejew. En su blog cuenta hoy Ángeles que vio en Nueva York la de Balanchine. Pero me pierdo la transmisión porque vine a ver si había llegado algún correo a la estafeta y descubrí que estaba sin acceso a la red. Después de muchos intentos de lego para tratar de acceder de nuevo a ella, desesperado la llamada a mi manitas, quien me dice que eso no puede arreglarlo él y además seguramente se trata de un fallo del servidor. Llamo a Telecom y después de casi un ¼ de hora esperando en la línea, me atiende un técnico súper educado y simpático y me tranquiliza, es en efecto un defecto del servidor en la zona de Colonia, como me vaticinaba Arzola, y están metidos de lleno en la reparación. Ojalá lo consigan antes de la medianoche, de lo contrario sería la primera vez que faltase a mi cita semanal con Fronterad.

 

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