De mi diario : Semana 7 / 2017

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En la página de Nexos mi artículo sobre Hedwig Courths–Mahler. Lo releo, cazo un gazapo y me sonrío. Con la sonrisa del gato de Cheshire.

 

Weiß/Colonia, 12.2.

3:05 am : Veo por primera vez Blue Steel, de Kathryn Bigelow, y a continuación, por segunda vez, El Hindenburg, intensas ambas, imperdibles las dos. Me voy a dormir apenas escriba esto, en medio de un ataque de tos y de una invencible cansera.

 

Me levanté recién a las 12:21, y porque no me podía quedar todo el día en la cama. Diny estaba almorzando. Como es lógico, renuncié al almuerzo, conformándome con un parco desayuno, y renuncié a la siesta y me dediqué a trabajar, escribir un folio con mis palabras para el homenaje a Cinna, el jueves, en México. El problema que se me plantea es que estoy seguro de que todos los oradores del acto van a incidir obligadamente en muchos lugares comunes al hablar de la vida y la obra de Cinna, y lo que yo quiero aportar con la contribución que me han pedido, es algo muy personal y divertido, y no sé hasta qué punto eso encaja en la seriedad que conlleva un acto académico de homenaje póstumo.

 

11:05 pm : Pasaron por el canal Arte Gigi y un documental sobre la vida de Leslie Caron, la francesita que debutó en el cine con un clásico, Un americano en París, literalmente de la mano del portentoso Gene Kelly como pareja, y en cuya segunda peli,  La zapatilla de cristal, hizo de Cenicienta al lado de Fred Astaire, casi nadie. Empezar tan alto es “más pior” (diría Cantinflas) que hacerlo desde abajo. Pero LC todavía tuvo arrestos para otros dos clásicos más, Lili y la espectacular Gigi, donde Vincent Minnelli echó la casa por la ventana en el rubro Technicolor. ¡Qué maravilla de colores, cómo se sacia la mirada en esa paleta! Ahora bien, lo que más me  impresionó esta vez –hace más de cincuenta años que no la veía– es que la partitura de Loewe preanuncia ya la de My Fair Lady, hay melodías que son idénticas. Si no fuese porque la de My Fair Lady también es de Loewe, uno podría acusarle de plagiario.

 

En el canal Arte, antes de Gigi y el documental, pasaron el programa canónico de las 7:45 pm los domingos, sobre la comida en Europa. Esta noche fue en el Alentejo y detecté un gazapo en la traducción: la dueña de la explotación del corcho de encina dice que tienen problemas con el camión que debe recoger la cosecha de este año,  no podrá venir hasta el miércoles [=”Quarta”, en portugués], pero en la voice over le hacen decir que será el jueves, que sí es el cuarto día de la semana, pero no en los calendarios portugueses, donde el lunes ya es “Segunda–feira”.

 

Weiß/Colonia, 13.2.

2:40 am : Iba a acostarme cuando vi que en el canal Arte habían programado una repetición, la gala inaugural de la Philarmonie de París, en el 2015, y comenzaba con uno de mis conciertos favoritos para piano, el de Ravel –mi músico predilecto– en sol mayor, con Hélène Grimaud, otra predilecta, como solista. Acaba de terminar y todavía me anda repercutiendo por dentro, pero la tos perruna y el cansancio me envían a la cama.

 

El día empezó mal. Me levanté, prendí la compu, abrí la estafeta y el primer email que veo es uno de Carlitos contándome que ha muerto Graciela. Lo primero que pienso es qué bueno que Diny la pudo ver y estar con ella un par de horas hace un par de semanas. Lo segundo es que no le diré nada a Diny hasta que regrese, a últimas horas de la tarde, de la casa de Montse, no le quiero amargar las horas que va a pasar allá con los tres nietos.

 

Finalmente me decidí a enviar a México mis palabras para el homenaje a Cinna, el jueves«Platicar con Cinna, aunque sólo haya sido a través de la pantalla, es uno de los grandes lujos que me regaló la vida, tanto fue lo que aprendí gracias a su magisterio. Pero siempre tengo presente que nuestra relación  no comenzó precisamente bajo una buena estrella. Sin yo saber quién era la persona que lo hacía, me escribió el 30 de julio del 2007, para felicitarme, y sin embargo también discutirme, por un artículo mío publicado en Nexos; un artículo acerca del poeta alemán Gottfried Benn, quien siendo médico, y estando en el ejército, fue el encargado de asistir al fusilamiento y certificar la muerte de la presunta espía inglesa Edith Cavell, durante la primera guerra mundial, en Bruselas. Contesté ese mismo día su correo. y el mío comenzaba así: «Estimada [no es un error, repito:] Estimada Cinna Lomnitz, vaya por delante mi más profundo agradecimiento; correos como este suyo son el balón de oxígeno que necesitamos los autores para seguir respirando». Y a continuación procedí a responder a sus críticas y sugerencias, y sin más trámites apreté el rectangulito donde dice ENVIAR y mi correo partió rumbo a México. Y una hora después, por la misma vía, la siguiente posdata: «Como soy doblemente zurdo en materia de internet y ya había entrado una vez en Google hoy, a causa del poema de Benn, decidí haber cubierto mi cuota diaria de redes virtuales, con la endiablada consecuencia de que metí la pata pensando que la suya era la carta de una lectora, lo cual parecía subrayarlo, subliminalmente, el hecho de que toda ella está referida de manera muy encomiástica a una mujer. Pero luego de mandarle mi respuesta, movido por no sé qué pálpito. acometí la hombrada de visitar Google por segunda vez en el mismo día, ¡y qué me encuentro!, me encuentro miles de entradas sobre Cinna Lomnitz, el mejor sismólogo de América Latina, profesor alemán naturalizado mexicano, nacido en 1925 ¡y nada menos que en Colonia, la ciudad donde vivo! ¡¡Mi reino por un agujero donde poder esconderme!! Le pido sinceramente disculpas». Cinna me contestó ese mismo día, para continuar el debate que teníamos sobre Gottfried Benn y el caso de la infortunada Edith Cavell, sin mencionar en absoluto ni mi despiste genérico ni mi posdata. Y en ese mismo instante supe que había ganado un amigo, además de un maestro. Uno que me enseñaba, con su silencio, que los grandes no pierden el tiempo en pequeñeces. Sea este recuerdo un tanto risueño mi pequeño aporte al congruente gran homenaje que se le rinde a un sabio tan grande como Cinna».

 

Weiß/Colonia, 14.2.

Hoy, en La Modicana, me decanto, rara avis, por uno de los dos menús del día: carpaccio de carne de res, con rúcola y parmesano + espaguetis con ragú de ternera. Cuando estoy por acabar con la entrada pasa a mi lado la signora y dice como de refilón: «Ricardo dejó toda la rúcola, se ve que el verde no es su color preferido». Mehrnoosh, la camarera persa, se escandaliza porque a consecuencia de unas malísimas cosechas, todo lo verde es justamente lo más caro que hay en el mercado. Me comporto de una manera tan antiecológica que debería darme asco, y no; y eso es así porque el ser humano es un ente muy raro e impredecible.

 

Las dos últimas liquidaciones de las facturas médicas et alia, por el seguro de enfermedad y el subsidio estatal, me habían dejado un agujero de casi cuatro mil euros. Ahora, cuando llegó la última liquidación con las facturas del resto del 2016, al ver de nuevo un hueco de casi dos mil euros, me puse a estudiar concienzudamente las liquidaciones y descubrí que no se me había reintegrado ni un solo euro de las facturas correspondientes a los tratamientos y medicamentos de Diny porque a los señores del subsidio estatal les faltaba el finiquito fiscal de la liquidación de sus ingresos en el 2014. En letra muy pequeñita, escondida en la maraña de §§ que “ilustran” estos documentos, se hallaba la razón del hueco de casi seis mil marcos en mi cuenta corriente. Acabo de enviar toda la documentación pertinente, por correo certificado, al subsidio estatal. Al menos unos cuatro mil espero que me sean reconocidos. Y lo celebraré con un Single Malt.

 

Empiezo a trabajar leyendo y tomando notas de toda la documentación que reuní para escribir mi texto sobre la vida y la obra de Hedwig Courths–Mahler. De pronto, al leer por enésima vez el nombre del lugar donde nació, Nebra, se me prende una bombillita de 60 W en el mate, ese nombre me recuerda algo que he tratado periodísticamente en mis últimos años en la Deutsche Welle, conduciendo los informativos diarios para América Latina. El nombre se me quedó en el mate porque no suena nada alemán. Y así es, en Nebra fue donde el año 1999 se descubrió esa maravilla que es el “disco celeste”, la primera representación gráfica que se conoce de nuestro firmamento. ¡Qué nota de color tan buena para redondear mi artículo sobre doña Hedwig!

 

Weiß/Colonia, 15.2.

Voy con Diny al Banco para conocer personalmente a nuestro nuevo asesor de inversiones. Se trata de un trámite más bien formal porque mi cuenta corriente está saneada y las inversiones se han evidenciado como bien hechas, por lo que de momento no hay que cambiar nada. Todo lo más invertir 15.000 € más sacándolos de lo que llamo “mi cuenta colchón”, la que tengo para hacer frente a números rojos inesperados, como pasó el año recién pasado, entre otras razones por los seis mil euros que me faltaban de las liquidaciones de facturas médicas. El nuevo asesor me aconseja, eso sí, transformar la “cuenta colchón” en una de ahorro, para justamente ahorrar  1,90 € mensuales que el Banco cobra por mantenerla. Hago el cálculo mental 1,90×12 = 22.80 y no me alcanza para invitar a Diny a almorzar acá en el centro, pero de todas maneras estaba ya previsto que almorzaríamos aquí, así que lo hacemos en el Maredo. a una cuadra del Banco y otra cuadra de la estación, para no tener que caminar mucho a la parada del Metro al regresar a casa. Por cierto, es una de las pocas veces –si es que no la primera– en que le pido a la mesera que me ponga el resto del plato en un dog bag, el escalope a la vienesa que pedí era tan grande que un estómago chico como el mío no fue capaz de dar cuenta sino de la mitad. Eso sí, no dejé en el plato ni una sola de las pommes [=papas fritas].

 

La biografía de Billy Wilder por Hellmuth Karasek es mi lectura desde hace semanas, ahora compartida con las memorias de Lauren Bacall. Y si no la comento mucho acá es porque más que una biografía es un rosario de anécdotas ordenadas cronológicamente. Con la complicidad del propio Wilder, quien debe haberse sentido muy contento de que alguien le evitara el trabajo de escribir sus memorias. En las páginas leídas hoy encuentro dos cosas: la primera es un buen consejo a los autores, para eludir la censura: «Si debido a la censura no puedes decir “Son of a bitch!”, sí puedes cambiar el diálogo en el guión y en vez de eso decir “Si tuvieras una madre, estoy seguro de que ladra”; y la segunda tiene que ver con Hitchcock, de quien BW le asegura a Karasek que padecía de narcolepsia, se quedaba dormido incluso durante los rodajes. Busco en el diccionario de la RALE, encuentro que se trata de un «estado patológico caracterizado por accesos irresistibles de sueño profundo», y me pregunto si no será eso lo que estoy padeciendo. En cualquier caso, los padecimientos de la semana pasada, con una bronquitis cuyos ataques de tos me martirizaban, han desaparecido gracias a la medicamentación doméstica. Alabado sea el santísimo sacramento del altar. (El pueblo responde: Sea por siempre bendito y alabado).

 

En el canal 3sat un reportaje sobre la manía de la limpieza. Aproximadamente uno de cada tres alemanes padece alergias de las que muchos médicos suponen que se deben a una exagerada limpieza; aducen ellos que, sobre todo los niños, necesitan el contacto con los gérmenes del medio ambiente, para entrenar su sistema inmunitario. Pero dígale usted eso a un ama de casa de los Países Bajos y lo quemarán ipso fuckto. Ya Cortázar lo había advertido la primera vez que estuvo en Holanda, cuando desde Rotterdam le escribió a su amigo Eduardo Jonquières: «No hay ni siquiera un pastito donde no deba estar; la manía de la limpieza es repugnante, creo que es por contraposición».

 

Weiß/Colonia, 16.2.

1:00 am : Buenísimo y lindísimo el documental de Doris Dörrie sobre las mariachas, sólo no me gusta el título alemán, que traducido sería “¡Qué linda es esta vida de mierda!”, cuando en el corrido lo que se dice es “¡Ay qué caramba es la vida! [] ¡Pero qué padre es la vida!» Y no es que no me dé cuenta de que ambos versos son intraducibles al alemán, pero la solución que le buscaron no pega ni con cola. Y aún menos en un documental tan bueno.

 

Hoy tendría que haber estado en México para participar en el homenaje a Cinna en la UNAM, pero ni modo. He pasado todo el día apencado a pergeñar el texto de otro homenaje, el mío muy personal a Hedwig Courths–Mahler. Me ha salido un manuscrito creo que redondo, pero no voy a cantar victoria hasta mañana, lo dejo reposar toda la noche, aunque ya se lo envío por email a mi consejo asesor, por mor de los errores, gazapos, fallas de tipeo, etc. El texto en sí me parece  que no necesita más que un par de cepilladitos suavecitos, para que fluya mejor. Y regreso con el pensamiento a Cinna y le cumplo la palabra dada al director del Instituto de Geofísica de la UNAM, que fue quien me invitó: brindo por ellos y por Cinna con un Single Malt de 12 años.

 

Weiß/Colonia, 17.2.

A partir del desayuno, y hasta ahorita (son las 3:05 pm), he dedicado cuatro horas extenuantes al repaso del texto sobre la Courths–Mahler y este es el momento en que me digo aquello de Juan Ramón en su poema más breve: “El poema”: «¡No le toques ya más, / que así es la rosa!», y se lo envío por email a la querida Phoebe, que está esperándolo para programarlo en la página de mañana, sesquicentenario del nacimiento de doña Hedwig. Sé que una vez que lo envíe ya se me harán evidentes los descuidos, pero al menos sé (creo) que no serán errores.

 

Weiß/Colonia, 18.2.

En el diario la esquela fúnebre de Graciela, que lleva un epígrafe desusado de García Lorca, un poeta a quien nunca hubiese relacionado con ella: “Caracola”: «Me han traído una caracola. // Dentro le canta / un mar de mapa. / Mi corazón / se llena de agua / con pececillos / de sombra y plata. // Me han traído una caracola».

 

También en el diario, como todos los días durante la temporada del Carnaval, una página entera dedicada a las actividades carnestoléndicas en Colonia. Y siempre un recuadrito con el chiste del día. Suelen ser trabalenguas en kölsch, el idioma de la ciudad, pero a veces no; el de hoy no es nada del otro jueves (con prescindencia de que hoy es sábado) pero el del jueves lo recuerdo bien porque, aunque viejo, sigue teniendo su gracia. Decía así: «Ser protestante es casi igual que ser católico. La diferencia es que los hijos del pastor pueden vivir con él en la rectoría». 

 

Voy de compras a Rodenkirchen y en la parada me encuentro con Nemrod Barooah, mi antiguo vecino indio, viudo de la pobre Elizabeth, arrebatada tan pronto por el cáncer. Nos contamos las penas comunes, y la verdad es que siento mucha pena por él, viviendo en esa casa grande que construyeron antes de que a Elizabeth le diagnosticaran lo irreparable, y ahora él solo en ella porque las dos hijas volaron del nido para construir los suyos propios. Menos mal que las tiene cerca y va a verlas con regularidad, como nosotros a los nuestros, imantados de manera irresistible por esa fuerza magnética que son los nietos.

 

En la página de Nexos mi artículo sobre Hedwig Courths–Mahler. Lo releo, cazo un gazapo y me sonrío. Con la sonrisa del gato de Cheshire.

 

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