De paseo con quien habla como un noble pero es un errante llamado Robert Walser

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Walser nace un 5 de abril de 1878, en Biel, una ciudad próxima a Berna, en Suiza. Aunque no conozco Biel, en dos ocasiones viajé a Suiza y las dos veces me perdí entre los adoquines de una espectacular Berna, son lugares donde la naturaleza se mezcla con sabores medievales, donde las montañas no parecen lejanas y donde los lagos pueden sorprenderte en diferentes localidades.


 

 

Graffiti encontrado en la calle Louis Braille en Mérida (Extremadura).

Fotografía realizada por la autora de este blog dedicada a Robert Walser.

 

Walser nace un 5 de abril de 1878, en Biel, una ciudad próxima a Berna, en Suiza. Aunque no conozco Biel, en dos ocasiones viajé a Suiza y las dos veces me perdí entre los adoquines de una espectacular Berna, son lugares donde la naturaleza se mezcla con sabores medievales, donde las montañas no parecen lejanas y donde los lagos pueden sorprenderte en diferentes localidades. Escriben de Robert Walser que fue poeta, errante, autodidacta, escritor desde los años 1904 a 1925. Walser fue leído por otros muchos escritores de centroeuropa, según leo en la contraportada de El PaseoKafka,Thomas MannCanettiWalter Benjamin Claudio Magris le leyeron y siguieron sus obras con interés. Su lectura atrae por tratarse de alguien cercano y, al mismo tiempo, políticamente incorrecto. Su sinceridad atrapa; admira con sutileza la belleza y, al mismo tiempo, denuncia la injusticia sin miramientos. 

 

En este paseo, el genio de Walser me enseña el disfrute de un momento presente repleto de interrogantes, es el paseo del que sale de casa y se dirige al campo a recoger flores, y en su camino, mujeres y hombres de otra época le hacen sentir vívamente por dentro todo tipo de conjeturas; de un lado, rechaza el éxito y realiza duras críticas a los funcionarios, de otro, se ensalza como un poeta y pensador, preocupado por todo lo que acontece. Fino como un guante de seda pero errante cuya única misión una tarde era la de recoger flores, mientras dialoga con el mundo.

 

Walser halaga la hermosura de las bellas damas, pero su mente discurre a la velocidad del vértigo, y a los cinco minutos ya está escribiendo una refutación sobre la escritura con metáforas tan originales como la de comparar el arte de escribir con una guerra. Ahí es nada.

 

En los últimos tiempos, he llegado a la convicción de que el arte y la dirección de la guerra son casi tan pesados y necesitados de paciencia como el arte poético, y viceversa. También los escritores efectúan a menudo, como los generales, los más prolongados preparativos antes de avanzar para el ataque y atreverse a librar una batalla o, en otras palabras, lanzar un artilugio o libro al mercado, lo que suena desafiante y excita por tanto con fuerza potentes contraataques. ¡Los libros atraen las recensiones, y a veces estas son tan enconadas que el libro ha de morir y el autor tiene que despertarse!

 

Querido Walser, digno del don de la palabra como si se tratara del más alto noble de la corte, reconoce no apreciar ningún tipo de acumulación patrimonial, dice que es libre de riquezas, que no posee una buena situación financiera porque a él le gusta pasear, divagar, pensar, imaginar poesía, crear un mundo de palabras mientras viaja, únicamente comprendido por unos cuantos locos a los que nos gusta la noche para poder llenarlas de estrellas con forma de poemas. 

Fátima Margu nace en la antigua Emérita Augusta (Mérida, Extremadura) un caluroso verano de 1981. Ha trabajado como profesora de Universidad, periodista e investigadora. Aficionada a Internet y eterna alumna con una única vocación: cuestionarse qué está pasando para procurar llegar a la Verdad de las cosas. Alma viajera, siempre con la intención de hacer extraordinario aquello que para muchos pasaría desapercibido porque no se pararon a observar la belleza o el trasfondo que una instantánea puede condensar.