De películas – 22

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Una patria, una nación, un país empezaba viendo la primera de las películas sobre la guerra de Vietnam. Los hombres la veían, las mujeres la veían. Eran muchas películas sobre la guerra de Vietnam para ver y con una bastaba al final.

La patria, la nación, el país recordó en 1999 que había sido. Recordó el pasado, deseó hacia el futuro y el presente era un vacío porque parecía intocable. 1492 era el año, también 1812, 7 de octubre de 1571, las fechas prosperaban y las luces iluminaban el cielo con los ojos de Dios y sus catedrales. 

El Gobierno (que no era más que el pueblo o su voz) declaró a través de los medios de comunicación la guerra contra Portugal, Azores y Madeira, declaró la guerra más allá de las vallas de Ceuta y Melilla, declaró la guerra a Gibraltar, declaró la guerra en Puerto Rico u otro lugar como Río de Oro, declaró la guerra en el corredor de Francia que une a España con Llívia, declaró la guerra contra Dinamarca y Gabón por la sonoridad de sus nombres. 

Ninguna española acudió a la llamada porque ninguna fue convocada, las mujeres eran débiles y bellas, solo sabían jugar al fútbol y dar puntapiés. Ningún español acudió a la llamada debido a la primera película de la guerra de Vietnam mostrada por el Estado, y las escenas del juego a la ruleta rusa de El cazador (1978) de Michael Cimino pertenecían ya al pasado de todos los hombres. El lugar quedó vacío de Gobierno, el territorio apagó las luces, las carreteras repintaron las líneas, el idioma estrenó tres letras y dos nuevos fonemas.

Todo el mundo recuerda aquel año español y el estreno de Matrix en 1999.


En el edificio donde se halla la tumba predominan los mismos colores e idéntica falta de imaginación. Es de una frialdad sobrecogedora. No rinde homenaje a una persona, con sus dudas, decepciones y aciertos, sino a un símbolo de la patria, sobrehumano e inalcanzable.

China para hipocondríacos, José Ovejero

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