De programas de guiones, procesadores de textos y moleskines.

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(Inserte aquí un párrafo de bienvenida que explique que lo importante en la escritura de un guión cinematográfico es La Idea o Los Personajes o La Estructura o La Verdad. Que ni Shakespeare, ni Cervantes, ni Tolstoi utilizaron ordenador alguno; ni Azcona pirateó el Final Draft para escribir “Plácido”. Una vez nos hemos quitado ese requisito de encima, comencemos con la parte técnica)

Si te tomas medio en serio lo de escribir guiones seguramente habrás encontrado algún anuncio de software de escritura, recomendado por un director de renombre o tu profesor de narrativa o un colega molón que acaba de venir de la New York Film Academy. Suelen ser el Final Draft o el Movie Magic Screenwriter(el más famoso y el no-tan-famoso, respectivamente) y te planteas ciertas dudas, porque baratos no son, pero prometen muchas barbaridades. Fama. Éxito. Drogas. Cheerleaders.  

Este software ayuda a la hora de escribir un guión. Los guiones cinematográficos, como herramientas de trabajo, tienen un formato muy férreo que facilita la lectura y desglose por un equipo muy diverso de técnicos, artistas y técnicos-artistas que trabajan para sacar adelante el corto o largometraje. Y el formato debería ser invisible para que sólo destaque Tu Idea, Tus Personajes, Tu Estructura, Tu Verdad.

Imagina al pobre lector de guiones, con su montaña de originales pendientes, y tú le has enviado esa comedia loca-loquísima en Comic Sans y tamaño 14 para que ocupe más folios y los chistes se lean mejor. Lo primero que va a pensar es que eres un aficionao con mucho tiempo libre y lo segundo que quién le mandaría a él dedicarse a esto y por qué no se haría mamporrero como su padre y el padre de su padre.

En España es muy complicado que dos personas pidan dos cafés iguales, y es muy complicado encontrar dos guiones iguales. Pero ese formato no es precisamente física nuclear. Courier 12. INT. DONDESEA – DÍA y pocas gaitas más. No es como pelearse con los MOV o AVI o ASF o AAC o WMA como hacen los montadores jornada a jornada. Este software facilita la rutina de escribir -porque escribir es una rutina y si eres de los que sólo escriben en días lluviosos te espera una sorpresa desagradable- y ayuda a que el lector no vea cómo está escrito el guión sino lo que está escrito, que es lo que interesa de verdad.

Eso sí, no hacen milagros. No sacan brillo a un zurullo e indispensables, lo que se dice indispensables, no son. Ni baratos: el Final Draft sale por 249$ (unos 175€) y el Movie Magic a partir de 199,95$ (unos 140€). Puedes seguir trabajando en Word sin problemas, descargándote la plantilla que ofrece gratuitamente abcguionistas, por ejemplo. Además, todo el mundo tiene Word y te evitas el lío de “mi ordenador no lo abre así que haz un pdf y luego usa elZamzar para pasarlo a .doc y… ¿estás llorando?”

Pero una vez que pruebas el software profesional (y puedes probar una demo de Final Draft aquí o una demo de Movie Magic aquí para tantear el terreno) es como cuando viste una peli en DVD por primera vez. Que luego volver al VHS daba una perezaaaaaaa. Pues luego volver a Word da una perezaaaaaaa. Escribes una acotación. Le das al Enter y va él solito al nombre del personaje. Escribes la primera letra y él solito deduce el nombre completo. Le das al Enter y él solito va al diálogo. Luego dos veces Enter y otra acotación. O la opción de numerar secuencias automáticamente (porque la vida es demasiado corta para numerar secuencias de un largometraje a mano, y te vas a equivocar, y producción va a mentar a tus muertos) o para unificar formatos si trabajas en equipo, etc.

Elegir entre uno de los dos es cuestión de gustos. Al final no se distingue un guión escrito en Final Draft de otro escrito con Movie Magic Screenwriter. Eso sí, Final Draft es tan tan tan reconocido que tiene su propio tipo de letra (Courier Final Draft) y Movie Magic parece sacado de 1997.

Pero claro, está la cuestión monetaria. La eterna cuestión monetaria. ¿Te acuerdas de aquella vez que dije que los software de escritura no son baratos? Mentí. Tienes otra opción más: Celtx. Un programa que básicamente hace lo mismo que los míticos FD o MMS… pero gratis. Vale, si quieres tener todas sus aplicaciones hay que pagar 14,99$ (unos 11€), pero el programa en sí no cuesta un euro. Además, Celtx es el único con aplicación para iPhone/iPod/iPad. No creo que vaya a escribir un guión completo en un iPad, pero sí es útil para hacer pequeños cambios, trastear con palabrejas o cambiar diálogos. Y para justificarte a ti mismo la compra de un iPad (“no, si me lo he pillado para trabajar”)

Hay más programas que no he usado (como el Movie Outline, Mariner Montage, Dramatica Pro) pero que terminaré trasteando sus demos porque sí, aunque mi consejo es que te adaptes a uno y olvides el resto. El que más cómodo te resulte o el que use tu entorno o el gratuito. Que al final va a ser el gratuito. No sé para qué tanta parrafada sobre el Final Movie Screendrafter Forever Young si al final el que interesa es el que sale gratis.

En cuanto a otros procesadores de textos, en vez de Word llevo unos días hurgando con el Pages y por 15,99€ me parece una alternativa estupenda para Mac. Y para escribir textos amplios (como esa novela que te carcome por salir) recomiendo el Scrivener y su sistema de árbol. Este sistema permite organizar mi follón de estructura en carpetas y sub-carpetas y sub-sub-carpetas; ordenar mi caos de documentación y visualizar la historia de distintas maneras, como con las famosas tarjetas. Puedes probarlo un mes gratis aquí.

En cuanto a escribir a mano, las Moleskine están muy bien y son mogollón de legendarias (y las hay de Pac-Man) pero 12,95 euros son 12.95 euros y está la carga de “Hemingway escribió en una de éstas así que tengo que estar a la altura”. Yo tiraría con una libreta escolar, lo más ridícula posible. Fucsia, con purpurina. De Pocoyó. Que no te dé corte enguarrarla y ensuciarla y estropearla. Aprovecha que ahora llega la vuelta al cole y pilla la más barata e infantil que encuentres y que te imponga menos respeto.

Eso sí, ensucia al principio, pero a la hora de presentar tu guión, revísalo una y otra vez. Ya sabes eso de que sólo tienes una oportunidad de dar una buena primera impresión. Y tu guión es tu carta de presentación, tu tarjeta profesional, tu bebé, así que cuídalo. Eres – o aspiras a ser cuanto antes – un profesional del lenguaje. Tu guión no puede tener faltas de ortografía. No escribas “xq” en vez de “por qué”, ojo con el “echar de menos”, el “haber” y el “a ver”.  Si el corrector automático te indica que está mal, hazle caso. Si tienes dudas, visita la página de la RAE o echa mano de amigos o padres o padres de amigos.

Antes de venir a Madrid tenía claros los leísmos y los laísmos, por ejemplo, pero eso se quedó en el olvido y cada dos por tres molesto a alguien conocido para evitar molestar a aquel lector de guiones, hijo de mamporreros.

 

Y que piense: “haber, si este vago no se ha molestado en repararlo xq lo voy a hacer yo… y cómo hecho de menos la granja, quién me mandaría a mí…”.

Director y guionista y productor y traductor y profesor y periodista. Sus cortometrajes "Phobia", "DVD", "Made in Japan" y "Manual Práctico del Amigo Imaginario (abreviado)" han ganado más de doscientos premios en festivales de todo el mundo, desde Alcalá de Henares hasta Wisconsin.   También ha dirigido el documental "Hobby", sobre costumbres japonesas pintorescas (Mejor Guión en el XI Festival de Cine Español de Málaga/ZonaZine) y ha sido guionista de la serie “Qué Vida Más Triste”, emitida a diario por La Sexta. En la actualidad prepara con la productora Pecado Films su primer largometraje, “Dos por uno”, así como un nuevo corto, porque hay gente que sencillamente nunca aprende.

1 COMENTARIO

  1. Gracias por toda la
    Gracias por toda la información, me lo pensaré.
    Aunque soy tan viejo (menos que Hemingway) que no puedo dejar de utilizar las moleskines para escribir.
    Me ayuda a corregir y cambiar cuando tengo que pasarlas a Word (mis sinapsis son de una velocidad inferior, incluso, a mi dactilografía) y me garantiza que no todo se perderá el día que mi ordenador tenga un general falliure… lo que no sé es dónde las guardo.
    Yo he sido mamporrero de joven, pero no conseguí que mi hijo le cogiera el gusto a una profesión con tantas posibilidades de desarrollo. Pero, en aquellos tiempos, nos gustaba denominarnos Ingenieros Técnicos de Inseminación de Equinos, sección de Solípedos, ya sabes vanitas vanitatis…

    Un abrazo desde el Sur y cuídate mucho

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