De Venezuela y el rescate de un sueño

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En el marco de la Copa América 2011 y un desafortunado comentario de Hugo Sánchez sobre la mediocridad histórica de la selección de fútbol de Venezuela, hacemos balance de la posición global de la vinotinto desde su incursión en el circuito futbolístico internacional.

 

Como es sabido, el fútbol no es el deporte predilecto en Venezuela –o al menos no lo había sido hasta recientemente. Esta situación obedece a una circunstancia histórica, producto de la importante presencia estadounidense en la nación desde principios del siglo XX. Como en Panamá, por el canal, en la República Dominicana, Cuba y Puerto Rico, por invasión, en Venezuela los hallazgos de la incalculable reserva petrolera de Mene Grande trajo, junto a un flujo constante de petrodólares, consecuencias sociales incalculables, entre ellas la enorme popularidad del béisbol.

 

Orlando FantoniEl fútbol, por otra parte, llegó a Venezuela de manos de mineros ingleses venidos a explotar los recursos encontrados en Guayana hacia finales del siglo XIX. A pesar de que una incipiente versión de la Federación fue fundada en 1925, la liga, lejos de ser profesional, se encontró con un mar de problemas organizativos. Fue apenas en 1951 cuando se constituyó la actual Federación Venezolana de Fútbol, afiliada oficialmente a la FIFA y al comité olímpico de Venezuela. Aún así, la primera edición de la liga venezolana no se disputó hasta 1957, cuando seis equipos formaron parte del torneo en el que se coronaría el combinado Universidad, dirigido por el brasilero Orlando Fantoni, hasta hoy el entrenador con mayor número de campeonatos en Venezuela (cinco). De hecho, entre 1938 y 1964 la selección nacional del país apenas disputó 36 partidos, principalmente en el marco de los Juegos Centroamericanos y del Caribe y de los Juegos Bolivarianos, consiguiendo una balanza de 15 victorias, 16 derrotas y 5 empates.

 

A lo largo de las décadas de los 50 y los 60 el fútbol en Venezuela fue considerado un deporte de inmigrantes, organizado, jugado y monopolizado por italianos, portugueses, españoles, así como brasileros, argentinos, uruguayos y paraguayos. Inclusive en la era profesional, la gran mayoría de los jugadores involucrados en la liga eran extranjeros, a veces nacionalizados. En este contexto llegó la primera participación de Venezuela en una eliminatoria para la Copa del Mundo, la de 1966, y dos años más tarde la vinotinto tomó parte de la Copa América en Montevideo, consiguiendo su primera victoria en la competición contra Bolivia. Venezuela tendría que esperar casi 14 años antes de saborear un nuevo triunfo en un partido oficial, siendo la víctima Bolivia una vez más en un enfrentamiento de la eliminatoria sudamericana del Mundial de España ’82. Entre ambas victorias la selección nacional estuvo involucrada en tres eliminatorias sudamericanas, dos Copas América y la Copa Independencia de Brasil. A pesar de que hacia finales de los 60 y mediados de los 70 surgió una generación entrañable de futbolistas venezolanos, encabezada por Rafa Santana, Luis “Mendocita” Mendoza y Antonio Ravelo, el balance de estos años fue un patético 0 victorias, 5 empates y 19 derrotas, incluyendo sendas humillaciones contra Argentina (Copa América 1970, 11-0), Yugoslavia (Copa Independencia de Brasil 1972, 10-0) y Brasil (varias).

 

Lo más triste es que tras esos 14 años de espera, la vinotinto tuvo volver a sufrir por más que una década para conseguir lo que sería apenas su tercer triunfo en encuentros oficiales (a Venezuela siempre le ha ido un poco mejor en amistosos), esta vez en las eliminatorias sudamericanas de USA 1994 contra Ecuador. Para entonces, la liga profesional venezolana había sido dominada por equipos de la provincia por dos más décadas y la cosecha de jugadores y entrenadores venezolanos había aumentado. Entre los entrenadores contaba Walter Roque, ganador de la liga cinco veces con cinco equipos distintos, quien tuvo un desafortunado paso por la nacional en 1985, o el propio “Mendocita”, a cargo de la vinotinto durante el triunfo del ’81 contra Bolivia, y de nuevo para las eliminatorias de Italia ’90, cuando Brasil goleó a Venezuela en casa y a domicilio.

 

A partir de 1992 Ratomir Dujkovic, seleccionador serbio, tomó las riendas de la selección con una nueva generación que prometía colocar a Venezuela en el plano internacional. Entre ellos contaba Stalin Rivas, el primer futbolista venezolano en jugar en Europa (Standard de Lieja) y máximo goleador de la Copa Libertadores de 1994 con el Minervén, así como José Luis Dolguetta, máximo goleador de la Copa América de 1993. Pero la victoria contra Ecuador no pudo esconder goleadas impresionantes por parte de Bolivia y Brasil en la campaña de clasificación para el Mundial USA ’94, y a pesar de una respetable actuación en la Copa América ’93, Dujkovic no consiguió enrumbar el fútbol nacional por el buen camino. Así lo indica su balance de 1 victoria, 5 empates y 11 derrotas entre 1992 y 1995.

 

Le seguirían años de incertidumbre, con Rafa Santana al mando durante un corto período de éxitos en amistosos, hasta que la Federación se decantara por la opción de José Omar Pastoriza en 1999. La expectativa que rodeó la contratación de Pastoriza fue descomunal, sobre todo dado el talento que demostraba aquella selección en comparación a combinados anteriores. Jugaban en aquel entonces nombres que, en la modesta historia futbolística de Venezuela, han forjado mitos: Gabi Miranda, sobre todo, dirigiendo el medio campo, Ruberth Morán y Giovanni Savarese en la delantera, Rafael Dudamel, finalista de la Copa Libertadores con el Deportivo Cali en 1999, entre los palos y José Manuel “Teterito” Rey organizando la defensa. Por aquella época la FIFA había cambiado ya el formato de las eliminatorias sudamericanas, proporcionando muchos más juegos a los equipos del continente. Venezuela se enfrentaba ahora a un calendario con 16 partidos de clasificación, más ocho o nueve fechas de amistosos al año, pero la Copa América del ’99 fue un fracaso rotundo y, a pesar de buenos resultados en amistosos a lo largo de 1999 y 2000, Venezuela se encontraba en el último lugar de las eliminatorias para el Mundial de 2002, apenas con una victoria ante Bolivia, cuando Pastoriza fue despedido por la Federación Venezolana de Fútbol y reemplazado por Richard Páez.

 

Entre 1966 y 2001 Venezuela había conseguido tres victorias en eliminatorias para Copas del Mundo y una en Copas de América. Desde entonces, en los últimos diez años, de la mano de Richard Páez, primero, y César Farías después, Venezuela consiguió nueve triunfos entre el resto de las eliminatorias para Corea/Japón 2002 y Alemania 2006. También logró colarse a los cuartos de final de la Copa América 2007, disputada en Venezuela, con una victoria ante Perú, apenas la segunda en la historia de la vinotinto en la competencia. El progreso del combinado venezolano ha sido dramático y evidente – es evidente en su actitud en el terreno de juego, así como en los resultados de los partidos. Decir que Venezuela ha sido mediocre históricamente es desconocer la catástrofe que fue el fútbol venezolano por más de tres décadas y desestimar el progreso que se ha hecho en los últimos diez años. No es sólo que el comentario esté fuera de lugar en un comentarista internacional, es que, además de todo, es anacrónico, es decir, está también fuera de tiempo.

MONTAGUE KOBBE es un ciudadano alemán con nombre shakesperiano, nacido en Caracas, en un país que ya no existe, en un milenio que ya pasó. Estudioso de la lengua, de todas las lenguas, una década de exilios y academias lo han convertido en un especialista del timo escrito que encanta con espejos y humo a todo tipo de serpientes. Como prueba de ello, su trabajo ha aparecido en la prensa digital y escrita de más de media docena de países, desde Argentina o Venezuela, pasando por Jamaica, Trinidad y Antigua, hasta llegar al viejo mundo, a España y Gran Bretaña. En The Daily Herald de la isla de Sint Maarten escribe, desde 2008, acerca de cultura y literatura caribeña y latinoamericana y a partir de junio de 2011 El nuevo herald de Miami publicará una serie acerca de literatura contemporánea venezolana. Ha sido traductor, editor, corrector y portador de cafés en el pasado, aunque el gran reto ha sido siempre, y lo sigue siendo, pagarse el vermut de la tarde con cuentos y novelas. Como la esperanza es lo último en perderse, ha decidido repartir sus sueños entre Madrid y una recóndita roca en el Mar Caribe, llamada Anguilla.   ADOLFO JOSÉ CALERO ABADÍA Investigador venezolano (Caracas, 1978). Es licenciado en letras por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y licenciado en Artes, Mención Cinematografía, por la Universidad Central de Venezuela (UCV). En el período 2007-2008 cursó estudios en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB, España), obteniendo el título de Maestría en Técnicas Editoriales. Ha publicado algunos trabajos y artículos relacionados con la literatura, el cine y la fotografía en revistas como Logotipos, Escritos o Dramateatro. Ha sido profesor de iniciación al guión cinematográfico en el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC) y ha colaborado con diversas editoriales en España y Venezuela, labor que prosigue en la actualidad. Actualmente es profesor en la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y cursa la Maestría en Literatura Comparada (UCV).