Desde la ingenuidad, con amor

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Averiguar, responder, saber, querer: modificaciones temperamentales que acontecen en el ser humano dirigidas contra la neutralidad. Le aparece el gusanillo o el resplandor y no puede dar marcha atrás o en todo caso solo puede fingir que lo hace. Tampoco puede asegurar que seguirá después de determinado conocimiento capacitado para la vida, para continuar. El susodicho ser humano es solo una máquina arrastrada por su propio mecanismo, un mecanismo que a la vez que le hace parecer que lo lleva más allá de si mismo a la vez le hace pensar que su único ejercicio ha terminado solamente en señalar lo que acaso siempre estuvo visible y a mano.

 

Le atraviesa la información como un lanza en continuidad con el universo. El dolor y el asombro le hace sufrir inmensas transformaciones: Gregor Samsa, Gulliver, un individuo cualquiera de Dostoievsky, Sartorius (de Lem), el Dr. Manhattan (‘Before Watchmen’)… Parece que la imaginación es una raíz que sale de todo su cuerpo bebiendo de nueva información, haciendose el amor y matando la crisálida en virtud de la siguiente metamorfosis.

 

¿Y la punta de la flecha de donde nace la raíz? Nada más que todo el conocimiento disponible, pero nada menos que eso, nada menos que cada hoja de cada libro de cada biblioteca, que cada diminuto espacio de la Red susceptible de exploración, que cada gesto, palabra, contacto, que cada signo de expresividad. Incluso los solitarios… ¿Quién no se ha parado a mirar a alquien en su soledad?

 

Como una rueda en espiral con infinitos matices se descubre el interior de un maletín, se sube la persiana al amanecer, se abre un ordenador, se experimenta un beso, se enciende la luz de un microscopio, se pone la tiza sobre la pizarra, se escribe con boli la primera frase en una hoja: B syss….

 

En un intento a lo Sísifo de eliminar pequeñas o grandes paredes que separan unas cosas de otras abro el blog paradójicamente para intentar describir con la mayor exactitud posible cualquier información significativa que pueda atreverme a transmitir.

 

Me dispongo a escribir sobre ciencia con amor a la ciencia, pero solo con el amor que puede tenerle un niño que se acerca por primera vez a un planetario. Y para terminar de comenzar algo que no tiene intención de encontrar un final, las palabras que según William Shakespeare hay que decir cuando se experimenta o acontece el sueño, el sueño infinito y loco que llena una noche de verano:

 

‘If we shadows have offended,

think but this, and all is mended,

that you have but slumber’d here

while these visions did appear.

And this weak and idle theme,

no more yielding but a dream’

Desde la licenciatura de Filosofía y el Máster en Lógica y Filosofía de la Ciencia, escribe e investiga sobre la ciencia, la ficción, el lenguaje y sus consecuencias. Escribe, da clases, edita libros, juega con el piano, el violín y la armónica y toma todos los días té con una onza de chocolate. Navegante del océano de la divulgación científica desde lo que nos atraviesa como personas. -Nací como de la obsesión por el infinito y mi sueño es tocarlo desde todos los puntos posibles-