Detectar al Diablo

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La amenaza del terrorismo después de 9/11 ha desatado no sólo mayores controles de seguridad en áreas estratégicas, sino que ha modificado la percepción que tenemos unos respecto de los otros, así como las formas de la cultura para prevenir emergencias.

 

Ria Torres era una empleada de seguridad del aeropuerto de Los Ángeles, que manifestaba una destreza innata para detectar anomalías de comportamiento. En una fila de personas en espera de revisión de seguridad, se mostraba capaz de situar de sólo verle a un potencial transgresor de la ley. Un mediodía, fue detectada por el propio Dr. Carl Lightman, que se hizo pasar por un viajero nervioso. Suerte de hipersensible, intuitiva o perceptiva fuera de lo común, su habilidad desafía el marco racional. De acuerdo con el Dr. Lightman, es una experta natural en lenguaje del cuerpo cuyo saber podría etiquetarse de intuitivo, pero que en la práctica es comparable al de otros que, como él, le ha llevado décadas en adquirir tal conocimiento.

 

El día en que Umar Farouk Abdulmutallab subió al avión de Northwestern-Delta en Amsterdam con destino a Detroit, Ria Torres ni nadie semejante a ella estaba en el retén de seguridad. Para fortuna de más de 275 pasajeros de dicho vuelo, tal ciudadano nigeriano falló en su intento de accionar un mecanismo destructivo en un atentado terrorista a cuenta de los fundamentalistas musulmanes de Al Qaeda.

 

En términos de seguridad, la subestimación y el descuido resultan fatales. Otro ejemplo: de acuerdo con dictámenes técnicos, en los últimos tiempos dos aviones españoles incurrieron en zona de riesgo cuando los pilotos pasaron por alto el protocolo rutinario de chequeo. Dios/El Diablo está en los detalles. En un época que se caracteriza por la ruptura de las certezas tradicionales entre el sujeto y la realidad, así como ha vertido el orden de lo real en lo virtual y trastocado el intercambio simbólico de lo verdadero y lo falso, se requieren otro tipo de saberes para tratar con la complejidad emergente.

 

El Dr. Atul Gawande ha escrito su Checklist Manifesto (Metropolitan Books, 2009) en el que propone ajustar múltiples tareas del mundo cotidiano al seguimiento del recurso sencillo de prevención de riesgos que implica la lista de puntos a cumplir en un procedimiento, ya sea en el ámbito de la aviación, como en el de la medicina. En cualquier proceso crítico de decisión, el Dr. Gawande propone acudir al chequeo por lista, incluso en tareas complejas (http://www.amazon.com/)

 

Mientras el método de checklist es un protocolo de aplicación preventiva que busca subsanar las fallas de la memoria, la concentración y el automatismo conductual de los operarios, el método de lenguaje corporal que sigue el Dr. Carl Lightman, discípulo del prestigiado Paul Ekman, psicólogo de la Universidad de California y estudioso de las emociones humanas y sus vínculos con la expresión facial, se aplica sobre todo a resolver el problema de la mentira o la verdad en situaciones policiacas o judiciales.

 

Ekman comenzó su análisis a partir de seis expresiones básicas (repugnancia, felicidad, ira, miedo, sorpresa, tristeza), que al paso del tiempo se hicieron más complejas (http://www.paulekman.com/). Lightman ha desarrollado un software de imágenes clasificadas bajo patrones comparatistas para hacer más exacta la identificación de las “micro-expresiones” corporales.  Una suerte de uso refinado del método de interpretación icónico de Aby Warburg y su “Atlas” basado en la historia del arte.

 

Bajo la premisa de que “todos mienten”, el Dr. Lightman y sus asistentes, en particular Ria Torres, la intuicionista radical, deben entrar a su vez en el juego de las simulaciones  y encubrimientos dentro de su propia dinámica de trabajo para colaborar al esclarecimiento de los hechos. El déficit de verdad en una sociedad que, como la estadounidense, ha elevado a rango de fe el binomio Ley-Verdad, en demérito de la dualidad Justicia-Palabra, expone la revaloración de la mentira como valor superior bajo la libertad protocolizada por el capital y la ganancia, la explotación y el egoísmo en plenitud (http://www.fox.com/lietome/).

 

Hay que repetir de nuevo con Charles Baudelaire: la mayor astucia del Diablo ha sido convencernos de que no existe.

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Sergio González Rodríguez (Ciudad de México). Estudió Letras Modernas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es narrador y ensayista. Ha sido músico de rock, editor de libros y suplementos culturales y profesor en estudios de postgrado. Desde 1993 es consejero editorial y columnista del diario Reforma y del suplemento cultural El Angel. En 1992 fue Premio Anagrama de Ensayo (finalista ex aequo) en Barcelona, España, con la obra El centauro en el paisaje, y en 1995 recibió el Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez. Dos veces ha sido becario de la Fundación Rockefeller. Autor de diversos libros, en 2002 publicó su relato sobre violencia, narcotráfico y asesinatos contra mujeres en la frontera de México y Estados Unidos titulado Huesos en el desierto, que fue finalista del Premio Internacional de Reportaje Literario Lettre/Ulysses 2003 en Alemania, obra que se ha traducido al italiano y al francés. En 2004 publicó la nouvelle El plan Schreber, en 2005 una novela titulada La pandilla cósmica y en 2006 su ensayo narrativo De sangre y de sol. En 2008 publicó su novela El vuelo y en 2009 su crónica-ensayo sobre decapitaciones y usos rituales de la violencia El hombre sin cabeza, ya traducida al francés. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte de México.