Dibujar el vacío

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En Japón no se pinta al objeto o la persona, sino al vacío que le rodea. Las paradojas les sirven para explicar los misterios más irresolubles del arte y la vida. Dibujar el vacío es mirar más allá de las cosas, una vía que conduce al Budismo, donde todo está en uno, porque uno está  vivo, y a la vida solemos llamarla Dios.

 

Acotando el vacío se acondiciona el espacio que habrá de ocupar el personaje central del retrato. Las tensiones del dibujante en su esfuerzo por plasmar lo que ve, se trasladan al fondo del dibujo, lo que permitirá surgir con naturalidad a la figura protagonista. Cuando en el vacío dibujado, comienzan a verse águilas y elefantes, es que todo va bien, y queda poco para lograrlo.

 

La afición de Faba por las sombras, ha podido ser constatada en entradas anteriores (Del movimiento de las sombras), junto a numerosas fotografías sobre el mismo tema. Que haya dibujado con luz, raspando un papel de lija con un punzón –Dibujo al hierro– también es conocido por nuestros más leales seguidores y visitantes; pero lo que nunca había hecho hasta ahora, era dibujar una silueta con blanco.

 

Los papeles grises de estraza permiten estos juegos entre la luz y la sombra, el reflejo y su contrario, el negro y el blanco… Dibujando con luz la huella de sombra que proyecta una chumbera sobre el muro, lo único de lo que no tuvo que preocuparse Faba fue de la planta: surgió sola de entre el mar de luces que la rodeaban.

 

¿Acaso no han reconocido a la chumbera que sirvió como modelo para este retrato con espinas? Fíjense cuánto le crecieron los brazos; y cómo de tanto bailar, sus pencas mutaron en castañuelas.

 

Silueta con espinas

 Gabriel Faba. 2007.

Pastel blanco sobre un pliego doble de papel de frutería.

71 X 50 cms.