Diccionario de sombras, manual de espías nada líricos

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Me gustan los diccionarios porque se parecen a los atlas, aunque trabajan en otra esfera del cerebro, iluminan otros barrios.

 

 

Teniendo en cuenta que la tarde no ha sido escrita, y que no arde el mar, ¿sostienen las grúas a las nubes? Me gustan los diccionarios porque se parecen a los atlas, aunque trabajan en otra esfera del cerebro, iluminan otros barrios.

 

intelligentsia: Préstamo del ruso que designa a una determinada élite cultural que genera en una sociedad las imágenes e ideas que deben dirigir su progreso y desarrollo. Es anterior a la Revolución rusa, e incluía a todos aquellos intelectuales que habían asumido la necesidad de difundir la cultura y los cambios sociopolíticos asociados. El concepto siempre ha poseído un halo elitista, puesto que la intelligentsia se consieraba a sí misma un grupo exclusivo y excluyente. Con el paso de los años, dicha acepción se difundió para abarcar los entornos culturales reconocidos en nuestras sociedades.

 

He vuelto a Hiperión o el eremita en Grecia ante la inminencia de un viaje a la isla de Symi. Es desconcertante con cuánta inútil violencia olvidamos lecturas que incluso nos imantaron hace años. Recordaba la impresión que me causó el libro de Hölderlin, pero más me hubiera valido no olvidar estas palabras:

 

«Cuando yo era un niño callado y no sabía nada de todo lo que nos rodea, ¿no era entonces más que ahora, tras todas las fatigas del corazón y todos sus esfuerzos y afanes». Porque yo era ese niño callado que no sabía nada del mundo.

 

¿Sostienen las nubes a los sueños?

 

agente desestabilizador: Individuo que entra en contacto con un servicio de inteligencia con el fin de que le recluten como fuente de información, pero que en realidad se trata de un desertor que proporciona desinformación.

 

¿En qué medida somos los periodistas agentes desestabilizadores? ¿En qué medida desertores de la verdad por un buen puñado de razones que tiene que ver con la realpolitik, la cobardía, y otras menudencias orgánicas? Hölderlin añade que «el niño es un ser divino hasta que no se disfraza con los colores de camaleón del adulto». Cuando empecé a abandonar el territorio de la infancia, aquellas nubes al alcance de la mano cuando nos subíamos a los árboles, empecé a soñar con disfraces, ser espía, hacerme pasar por otro, vivir aventuras cinematográficas en trenes color Segunda Guerra Mundial que se internaban tras el telón de acero.

 

¿Sostienen las obras a los hombres?

 

No sabía nada de Noelia Pena hasta que di con su libro abandonado en una repisa del diario en el que trabajo. Me atrajeron seis cosas: la portada, la textura del volumen, el título, el interlineado, la tipografía, el nombre de la autora. En la solapa dice que nació en Santiago de Compostela en 1981. Hacía años que me había ido de allí. Pero añoro la lluvia, sobre todo, y los primeros escarceos con el teatro, donde pude volver a jugar, con plena conciencia, a disfrazarme, a ser otro, «con los colores de camaleón del adulto». Por esas carambolas extrañas, y por la decisiones que adoptamos, acabé recorriendo la ribera del río Amur, en el extremo oriente soviético (entonces todavía existía la URSS), y escuchando de labios de la que entonces era mi mujer que había sido contactada por el KGB para que trabajara para ellos en España. Fue lo más cerca que estuve nunca de un servicio de inteligencia. No sé si acabaron reclutándola. 

 

El libro de Noelia Pena (que empezó a escribir poemas a los diez años y estudió Filosofía en Barcelona) se titula El agua que falta. Esto es lo que escribe en una entrada llamada Diccionario y que va, como todas las entradas (también las del Diccionario LID Inteligencia y Seguridad), en negrita: «Un diccionario es el custodio del significado del mundo, un libro que recoge y explica de forma ordenada las voces de una lengua. Su principal función es evitar que una lengua salga de sus goznes. Desconocemos cuáles son las palabras que necesitamos, pero sabemos que no las encontraremos con el significado que tendrán para nosotros en ningún diccionario. Pensar es quebrantar el sentido del mundo, esto es, hacer que el mundo salga de sus goznes».

 

zona gris: Situación entre la guerra y la paz, que se caracteriza por efectos humanitarios de cierta gravedad, de la mano de tensiones, disturbios y violencia interna que suele rebasar la capacidad preventiva, disuasiva y reactiva de las fuerzas policiales y de seguridad, que suele ir acompañada por la declaración del estado de emergencia, excepción o sitio y, por ende, por la suspensión de ciertos derechos fundamentales.

 

Respecto a la zona gris, los redactores del Diccionario LID Inteligencia y Seguridad (coeditado por el Gobierno de España y el Ministerio de la Presidencia, del que han sido tomadas todas las entradas en negrita, salvo la de Noelia Pena), podían haber añadido a un representante de la intelligentsia como el cineasta Andrei Tarkovski para que les iluminara con más luces y más sombras, más emoción y más conjeturas, acerca del verdadero sentido de esa zona. 

 

¿Sostienen los dioses el gran teatro del mundo?

 

Dice Friedrich Hölderlin (que vivió los 24 últimos años de su vida, en un estado de locura pacífica, acogido por un ebanista que admiraba su obra en su casa junto al Neckar), que en el niño hay paz, «aún no se ha destrozado consigo mismo. Hay en él riqueza; no conoce su corazón la mezquindad de la vida. Es inmortal, pues nada sabe de la muerte».

 

espionaje: Actividad de espiar o acechar clandestinamente tan antigua que se encuentra plasmada en el Antiguo Testamento (Números 13); cuyo significado es obtener información secreta o crítica de naturaleza militar, política, económica, ideológica, industrial o científico-tecnológica. De ahí que, con el objeto de salvaguardar o preservar dicha información, existan candados de seguridad o contramedidas denominadas contraespionaje.

 

¿Sostienen las grúas a las nubes,

las nubes a los sueños,

las obras a los hombres,

los dioses el gran teatro del mundo?

 

Me gustan los diccionarios, aunque desconozcamos, como sospecha Noelia Pena, las palabras que necesitamos. Los diccionarios son anticipos analógicos (o post scriptum) del cerebro, anticipo de internet, donde se han ido volcando, descifrando sombras y aumentado la escala de los mapas y de las llamas. 

 

Uno de los códigos de la inteligencia de internet, pensado para los algoritmos y los hallazgos, accidentales o necesarios (a veces son, insospechadamente, la misma cosa) es el de las etiquetas. No suelen ir en el cuerpo del artículo, porque siendo lenguaje son también metalenguaje, atajos para que el cerebro se vea recompensando en lo que espera encontrar, en lo que busca, aunque a menudo los yacimientos sean precisamente lo que no buscábamos, aunque estaban, como el niño de Hölderlin, sin macerar en el mortero del adulto. Que acabará reduciendo a pulpa nuestra naturaleza. ¿Qué aprendemos?

 

Este es por esta vez mi acopio de etiquetas, volcado también aquí, como un antipoema en homenaje al Nicanor Parra que cumple cien años contra el Pacífico, como en la misma tina de zinc con agua y añil que mi madre empleaba para la ropa blanca que nos poníamos cuando yo era un niño callado y no sabía nada de la muerte:

 

me gustan los diccionarios

las grúas y las nubes

era un niño callado

que no sabía nada de la muerte

cuál es la verdadera intelligentsia

agente desestabilizador

camaleón, adulto

telón de acero

servicio de inteligencia

el arte de fingir

en la zona gris

es decir

la vida

voces de una lengua

goznes, quicios, umbrales

emoción y conjeturas

¿qué sabe el niño de la muerte?

la escala de los mapas

y de las llamas

el agua con añil

la ropa blanca que nos poníamos

antes de que el mortero

empezara a machacar

la inteligencia

pulpa del aire

años luz

tras tantas fatigas del corazón

 

yo era ese niño callado

que no sabía nada del mundo

y mucho menos de la muerte