Dictadura, colonialismo y la nada

0
239

En este artícuo se habla de cómo cualquier país nuevo, como Guinea, repite los mismos errores, y por la política imperante. El hijo de Teodoro Obiang, Teodorín, después de hacer las paces con los que lo acusaban de no cobrar lo suficiente para poder comprar el guante de Michael Jackson, se postula para maldirigir un país al que han convertido en suyo, con la colaboración de un 60 por ciento de los guineanos. 

 

El dictador de leyes de la Guinea Ecuatorial ya es un hombre mayor. Ha estado la mitad de su vida en el poder. Es un hombre que no sabe mucho, y esto ha influido en la suerte de su país. Esto también pasó con Macías, un simple traductor al servicio de los colonos que acabó siendo un milagro del país, precisamente como su sobrino, el dictador de leyes. Si no hubiera sido que entre los dos mandaron a mejor vida a todos los que pudieron hacerles sombra, su historia sería para troncharse de risa. Mira que llamarse único milagro de un país al que mandaste a la ruina, o proclamarse inmortal habiendo tenido la lista de todos los muertos del país desde el año 72. Lo mismo que pasó con Jean Bedel, un sargentito al que le entró la mierda, o lo que fue que hubiera sido, y se hizo emperador. Mandó traer todo el oro de su país, hizo tronos y coronas de oro para él, para la emperadora, y para el bebé que iba a ser emperador. En su sucia locura dejó que Valerio Giscard de Estaño le robara, y tirara los tejos a la emperadora de paja aquella. ¿No es para reír y hacer una comedia y ganarse millones? Pues no, porque el bicho aquel mandó fusilar a alumnos y maestros porque quiso imponer un uniforme escolar que costaba una fortuna. Y no fue lo peor que hizo.

 

Allá en Guinea tenemos una situación familiar, o similar. El hijo, Teodorín, después de hacer las paces con los que lo acusaban de no cobrar lo suficiente para poder comprar el guante de Michael Jackson, se postula para maldirigir un país al que han convertido en suyo, con la colaboración de un 60 por ciento de los guineanos. Sí, no me dirán que debo entender que los que bailan por estos bichos lo hacen por obligación. Y es que son los mismos cuyos hijos te ven y te llaman pobre, y tonto, porque no llevas nada de Luis Vuitón, ni apenas una camisa de Zara. Sí, fue entre los guineanos, gente sin agua potable, donde vi la importancia de vestirse de Zara, siendo yo un writer con capacidad, a veces, para viajar.

 

Tendremos al niño de malgobernante porque hemos querido mantener todo lo que dejaron los colonos y porque siempre creímos que es una virtud seguir a los demás. Así: Guinea es indivisible y los de la mayoría tienen que mandar porque esto imprime estabilidad. Los que no lo entiendan son separatistas, y ya es suficiente con que reservemos un puestecito para alguno de ellos para mantener la decoración.  Dos, que Guinea sea indivisible significa que se va a dirigir desde Oyala, como lo hizo Masié, que intentó hacerlo desde la selva de Nsangayon hasta que su tontería clamó al cielo. Tres, como es imperativo tener democracia, pues pidamos una democracia como Dios manda, y organicemos elecciones, y tengamos diputados, pero organicemos elecciones y que cada partido tenga millones para malgastar, y a la mierda si la escuela, el hospital o la cárcel están patas arriba. Algo así como: partida presupuestaria número 22/9. Asignación partidos políticos… 245 mil millones de CFA. Claro, es para la democracia.

 

¿Se podría pensar otra cosa para el país? Sí, se podría. Pero los que van a ser los sucesivos presidentes, que podrían ser los de ahora o los de futuro, no tienen ningún plan, sino la de ponerse a la cola y empezar a repetir lo que hicieron los demás países, todo lo mencionado arriba. Y esto se dice porque si tuvieran una idea mejor, una alternativa a lo que creemos que se debería hacer, ya lo hubieran dicho, y se conocería. Ah, no nos engañemos, los que tienen más papeles para clamar victoria si al final es defenestrada la familia de Obiang son los que conocemos ahora, los mismos con sus siglas y sus declaraciones públicas o privadas. Y es bueno conocerlos ahora para no sorprendernos de lo poco que ha cambiado el país luego de la defenestración de la familia de Obiang.

 

Cuando estemos cerca de ver los acontecimientos narrados, desempolvaremos nuestros cajones y mostraremos estos documentos para reclamar que esto de que el país se llame Guinea Ecuatorial puede tener una implicación. ¿Pesimista? Da rabia que entre Macías y Obiang nos hayan dejado solos ante el peligro de decir que nos vamos irremediablemente al carajo.

 

Dakha, capital de Bangladesh, 5 de mayo de 2015

Juan Tomás Ávila Laurel. Es un joven y prolífico escritor, residente en Malabo, donde ejerce como técnico sanitario. Se ha convertido últimamente en un exitoso y asiduo conferenciante de numerosas universidades extranjeras. Ha representado a su país en importantes foros internacionales y ha sido conferenciante invitado en España, Reino Unido y Estados Unidos. Su obra se caracteriza por un compromiso crítico con la realidad social y politíca de su país y con las desigualdades económicas. Estas preocupaciones se traducen en una profunda conciencia histórica, sobre Guinea Ecuatorial en particular y sobe África en general. Tiene más de una docena de libros publicados y otros de inminente publicación, entre ellos las novelas y libros de relatos cortos La carga, El desmayo de Judas, Nadie tiene buena fama en este país y Cuentos crudos. Cuenta tambien con obras de tipo ensayístico, libros de poemas y obras de teatro.