Diputadada Nui

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Prometer el cargo “por la libertad de los presos” no es tan malo como dicen algunos, que lo dicen, además, indignados como monos. Yo estoy muy tranquilo viendo esta transición parlamentaria que empezó con aquello de quitarse la corbata del exministro Sebastián. El PSOE siempre a la vanguardia. Las cosas más profundas siempre empiezan por la estética, como si no pasara nada. ¿Qué puede pasar porque se prometa un cargo “por las trece rosas”? ¿Y por “el planeta”? ¿Acaso no estamos en democracia? ¿Qué es la democracia hoy si no es hacer y decir lo que le venga en gana a sus prometedoras señorías?

La Ley no es importante en comparación con “la voluntad del pueblo”, concentrada, como la comida espacial, en el paquete físico de estos diputados de consumo rápido. Vienen en recipientes de usar y tirar (biodegradables, por supuesto). Uno los escucha (o los oye) y ya está. Ya no hay más. Es como chuparlos de una vez y acabarlos. Son flases. Flases de cola, de fresa o de limón. Sin corbata, sin juramento, sin estudios, sin requisitos, sin experiencia laboral, con todos los derechos y sin las obligaciones correspondientes, sin requerimientos, sin normas ni nada parecido. Son hielo con sabor. Yo los voy a llamar la diputadada, que es como la muchachada pero con sueldo público, dietas, despachos, teléfono, ordenador, tablet, poder e inmunidades varias. Una cosa fresca.

Yo no voy al Congreso casi nunca, pero siempre recuerdo aquella vez que vi aparecer a eso de las once, dos horas después de haber comenzado el Pleno, a Rufián en zapatillas, bostezando y con las manos en los bolsillos. Iba mirando a derecha e izquierda desafiante y perezoso al mismo tiempo, con los ojos hinchados y la chulería despertándosele con el olor de las alfombras. Jamás había visto un desprecio así. Tan silencioso y a la vez tan patente. Era la falta de respeto institucionalizada. Por entonces Rufián era una especie de aprendiz bajo el ala de Tardá. Ahora es el líder de su formación. De Tardá a Rufián, y de Rufián a Rosique y todo así. La evolución política de las especies.

¿Qué puede pasar porque se prometa el cargo de diputado español “por la libertad de los presos”? Yo no entiendo a qué viene tanta alarma. ¿Acaso no están Lastra y Ábalos negociando con esos que así prometen las bases de un nuevo gobierno para España? Lastra y Ábalos y Rufián y Borrás y Esteban, el hijo de Ortúzar (que está de Erasmus), que sí lleva corbata y se comporta como los parlamentarios de siempre y se ríe por dentro de su fría y húmeda sotana. No pasa nada. ¿Qué va a pasar?

Toda esa diputadada está ahí porque hay españoles a los que les han dicho que son vasallos, o que están oprimidos, por ejemplo. Y creen que son vasallos de otros y no de quién se lo dice, y piensan que están oprimidos por aquellos a quienes señalan los que en realidad les oprimen.

Y que la diputadada los va a salvar de esas ensoñaciones inoculadas, con Sánchez (mentiroso cum laude) e Iglesias (cuya hemeroteca hace que toda la fanfarria generada en torno a Vox, por ejemplo, sea la vida y milagros de Santa Teresa, para hacernos una idea grosso modo) a la cabeza, o con Batet (el holograma ameninado de Sánchez en la presidencia del Congreso: todo el PSOE actual son hologramas, figuraciones, esbirros y androides manejados por el propio Sánchez), que, al ser inquirida por el despelote promisorio, simplemente ponía cara de estar por encima de todo. Y lo peor (lo mejor, que aquí ya ven que no pasa nada) es que es cierto.

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