Don Dinero y sus Mercados

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Hace apenas unos días escribí en este blog que proveedores de Zara habían sido investigados por utilizar mano de obra esclava en São Paulo. No pude reprimirme: colgué la noticia en Facebook e insistí: «Zara necesita mano de obra esclava para seguir siendo rentable. Amancio Ortega es el hombre más rico de España. ¿Alguien ha oído hablar de la plusvalía?»

Mi amigo Sergio respondió: «Si todo el mundo trabajase en esas condiciones, no sé quién narices le iba a comprar la ropa… Eso es lo que debería pensar Amancio». En dos líneas resumía una de las más graves contradicciones del sistema, y que están en la base de la crisis financiera internacional que amenaza con quitarnos a los europeos derechos que dábamos por sentado.
Mi cuñada se sumó al debate con una lucidez casi desesperada: «Creo que es algo que ha existido toda la vida: en cuanto se ve que se avanza un poquito, malo; se guillotinan los derechos que se han ido conquistando, y siempre por lo mismo, para satisfacer a Los Mercados que se mueven por don Dinero, y Los Mercados necesitan nuestra sumisión de alguna manera, trabajar más por menos, así funcionan los sistemas, estés donde estés… Si paro un momento y lo analizo, creo que vivimos en un sistema que nos maneja como marionetas. Ahora parece que existen unos llamados «Mercados» que mandan, se apropian y dan un manotazo y nos apartan, ojo, respaldándose y diciéndonos: «Lo hacemos para conseguir lo mejor»; sí, lo mejor… y me pregunto, ¿mejor para quién?… No nos damos cuenta e que don Dinero nos infecta de tal manera que nos enferma, que no sabemos qué hacer por él… Puede que estemos todos infectados por ese virus, aunque unos están más graves que otros…»
El caso de Zara me movió a la reflexión de varias maneras. Para empezar, sabemos que, si no se emplea mano de obra esclava ilegal en Brasil, se utilizará mano de obra legalmente esclavizada en otras latitudes; fundamentalmente, en el sudeste asiático. Para seguir, pierdan la esperanza quienes crean que solucionarán el problmea con boicotear a Inditex y dejar de comprar ropitas de Zara, Massimo Dutti, Pull & Bear, Berska y demás cadenas del grupo, porque TODAS hacen lo mismo, al menos si quieren seguir siendo rentables.
¿Rentables? Así es en el mundo al revés, donde el valor de las cosas se mide no por lo que valen realmente (su valor de uso), sino por algo tan arbitrario como el dinero que cuestan, según lo ha establecido esa mano invisible que regula el mercado de la oferta y la demanda.
El caso es que, si utilizas materiales de buena calidad que garanticen la durabilidad de un jersey y pagas lo que les corresponde a trabajadores con vacaciones pagadas y una pensión garantizada, tu empresa quebrará irremisiblemente. Así funciona en este sistema que nos han vendido como el mejor de los posibles. Más opciones debe de haber, y si no, habrá que inventarlas, habida cuenta de que, además de a la esclavitud y al hambre, Don Dinero y sus Mercados nos llevan a marchas forzadas a la autodestrucción.
El cambio no puede esperar más. Ni nos lo permite la Tierra ni nuestra dignidad humana. LA REVOLUCIÓN ES AHORA.


* Muchas de estas ideas están reflejadas, muy bien argumentadas, en la serie de tres documentales de Zeitgeist, sobre los que prometo volver más adelante. Y, por cierto, también en la obra de Marx, que supo entender el funcionamiento del sistema y hacia dónde nos llevaba hace ya siglo y medio.

 

Nací en Extremadura, pero soy -también- madrileña. Periodista por vocación y convicción, llegué a América Latina en 2008, a esa ciudad caótica y fascinante que es São Paulo. Después de unos años entre samba y tango, me establecí en Buenos Aires, desde donde trabajo como 'freelance' y colaboro para medios como El Mundo y Le Monde Diplomatique. Aunque, cada vez más, apuesto por los proyectos independientes: la revista Números Rojos, la web Carro de Combate -dedicada al consumo responsable y la denuncia del trabajo esclavo- y, por supuesto, este Fronterad.   Afincada por fin en Buenos Aires, una ciudad que me cautivó desde mucho antes de visitarla, cuando se me mostraba desde las páginas de Julio Cortázar, sigo descubriendo este continente diverso y complejo, este continente con las venas abiertas que, sin embargo -o por eso mismo-, tiene tanto que enseñarle al mundo.