Dos mujeres y media en el ballet

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M, su abuela y su madre llegan al Teatro de Madrid. En la entrada entregan los billetes y pasan al hall donde coinciden con varias personas en las que destaca un punto en común: acompañan a una o varias niñas de entre 5 y 8 años, que lucen vestidos y medias y adornan sus cabellos con diademas o con lazos. M, que también quiere hacer alarde de su indumentaria, comienza a dar saltitos, mover la falda de su vestido y tararear una canción, mientras su abuela, que la tiene tomada de la mano, la dirige hasta la sala donde verán un adaptación del ballet de Marius Petisa “La bella durmiente”.

 

Las dos mujeres y media se dirigen a la sala en donde son recibidas por una acomodadora que, tras comprobar sus localidades, les indica el camino hasta sus asientos. Están muy cerca de la pista, porque la abuela, que es quien las ha invitado, ha querido que M vea su primer ballet de muy cerca, para que no pierda detalle. M no oculta su emoción, le dice a su mamá que quiere que comience “ya” la función. L le dice que hay que esperar a que anuncien el comienzo. Mientras coge uno de los programas de mano que les han dado en la entrada y va leyéndole a la niña la primera escena del Acto Primero: “En el palacio del Rey Florestán, se celebra el bautizo de su recién nacida hija, la princesa Aurora…” M abre los ojos como platos.

 

-Claro, mamá, esa bebé es La Bella Durmiente- dice la niña.

 

Su madre termina de leer el texto cuando empiezan a anunciar que faltan 5 minutos para que comience la función. M le cuenta a su abuela lo que ha leído su madre y, como si se hablara a sí misma, le comenta que ya queda poco para que comience la función. 

 

A las 12 h en punto baja la intensidad de la iluminación y empieza a oírse la música compuesta por Tchaikovsky. M sonríe y mira con complicidad a su madre. Cuando aparecen las parejas de bailarines que interpretan a los invitados al bautizo de Aurora, M se queda perpleja. Aparece el Rey, la Reina, el Hada de las Lilas, la malvada bruja Carabosse… el cuento que M conoce de sus libros se hace realidad: M está embelezada. Nada la perturba. Antes de que comience la Escena 2, M le pide a su madre que le lea el programa para ver qué pasará. 

 

La lectura del programa antes de que comience cada escena se hace obligada. Durante todo el ballet M no deja de prestar atención a los detalles del escenario. Hasta que, al final del acto y tras casi dos horas de función, aparecen el Gato con Botas, la Caperucita Roja, el Lobo, Cenicienta, el Príncipe Fortuna y la Princesa Florina… personajes que M sabe que no forman parte de esta historia. El interés de la niña decrece. L le dice que ya falta poco para el final. Baja el telón y M dice que esa parte podrían haberla no incluido. Luego baila en puntillas. Una mañana de teatro mientras los chicos de la casa, D y S, se han ido por su cuenta al parque.

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L (Linda Ontiveros) tiene treintipocos años, es periodista, tiene una empresa de edición y gestión de proyectos culturales y dos hijos: M, una niña de 4 años, y S, de 7 meses. Junto a su pareja, D, otro periodista y escritor que roza los 40 años, hace malabares para que la crianza de los niños no altere, no demasiado, su estilo de vida.