El amor es un perro del infierno

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Cada uno tiene sus predilecciones en literatura. Sucede como con los afectos, que sin saber por qué sientes afinidad por quien menos esperas. Lo mismo que los hombres, me gustan los autores de vidas tortuosas, de escribir canalla y mirada turbia. Pienso en tantos autores malditos, pienso en Bukowski y sus poemas y encuentro en ellos la respuesta al fracaso y a la rutina que nos amenaza cada día. No son poemas bonitos, son sucios y hasta desagradables, pero quien dijo que la poesía para ser poesía deba de ser bonita, a veces lo que buscas es alguien que sea capaz de retratar con palabras, la sordidez que se cuela en tu vida como una noche llena de sombras, o esos días negros que se clavan en tu alma como cuchillas de afeitar. Sus mujeres llevan tacones, beben y follan, algunas buscan el paraíso y encuentran el infierno, otras se regodean en su mala suerte, pero todas están vivas, quieren y odian y eso es lo que de verdad importa.

No es fácil ser poeta, encontrar la palabra justa, que todo encaje y tenga sentido. Bukowski reflexiona sobre un mundo que le es ajeno, escribe en un piso mugriento, de paredes sucias, como sucia es su vida y el destello que se adivina en sus ojos. No desea otra cosa que ver publicados sus poemas: el sueño de cualquiera que escribe, sin conseguirlo. Reconoce que no hay fracaso cuando las palabras tropiezan consigo mismo precipitándose al abismo, lo que no sabe es que es en ese abismo y en la bebida, donde sus historias resucitan cada noche.

El mundo, el verdadero mundo, ese en el que despertamos cada día, puede que no exista, pero existe en sus poemas, en sus borracheras, en el silencio, en su manera de decir lo que hay que decir. Todo lo que ha escrito la humanidad, puede condensarse en un segundo cósmico, en una sola línea. ¿Cuánto tiempo puede uno resistir ese desmoronamiento sin volverse loco? El amor es un perro del infierno; la escritura por desgracia, otro.

Si no te sale ardiendo de dentro,
a pesar de todo,
no lo hagas.
A no ser que salga espontáneamente de tu corazón
y de tu mente y de tu boca
y de tus tripas,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte durante horas
con la mirada fija en la pantalla del ordenador
o clavado en tu máquina de escribir
buscando las palabras,
no lo hagas.
Si lo haces por dinero o fama,
no lo hagas.
Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte
y reescribirlo una y otra vez,
no lo hagas.
Si te cansa sólo pensar en hacerlo,
no lo hagas.
Si estás intentando escribir
como cualquier otro, olvídalo.

(…)

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Foto: Bukowski

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Manuela della Fontana
Manuela della Fontana, escritora oculta. Escondida, desde que siendo aún una niña descubrió que emborronar hojas y hojas con sus pequeñas cosas, le divertía. Más tarde, ya de mayor, se convertiría en una liberación para su mente y una alternativa barata al psiquiatra. Después de trabajar muchos años en el mundillo editorial, rodeada de facturas e impuestos, decidió dar el gran salto y retomar esta “vocación” suya escribiendo con mayor regularidad. Fue entonces cuando empujada por algunos amigos salió a la luz, compartiendo sus vivencias en su blog Soñando con maletas y en las revistas vozed, Chopsüey e Hyperbole donde colabora habitualmente.De no haber sido lo que es, solo sabe que le hubiera gustado vivir en Roma, compartir fiestas con Jep Gambardella y hablar de lo divino y de lo humano con un Bellini por compañía. De momento, se conforma con una cerveza en la Plaza de Olavide.

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