El arte lánguido de Miguel Galano

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Si la obra de Miguel Galano pudiera compararse con un libro creo sería la colección de relatos de James Joyce Dublineses, o la novela de Virginia Woolf La señora Dalloway. Y no solamente por los paisajes grisáceos y lluviosos, o por la desoladora solitud de los sujetos representados, más bien diría por el lánguido realismo y la naturaleza impasible. Aunque lo que aleja las obras de Galano de los ejemplos literarios es precisamente la ausencia de personajes principales o secundarios. Si la señora Dalloway mira hacia la ventana del frente a la dama mayor y piensa en la trágica suerte de Peter, aquí sin embargo no hay nadie. Las casas vacías, las calles desiertas, el cementerio desolado y la nieve cubriéndolo todo como si la vida fuera a descansar, son los únicos elementos presentes.

En la simplicidad del detalle, en la evanescencia del objeto, Miguel Galano descubre los matices escondidas de unos pocos colores convertidos en vectores poderosos de significado. El rojo carmín, el gris cálido, pero a veces más plateado, el verde oscuro primavera, el marrón grisáceo, y sobre todo el blanco, convierten el pasaje en un sueño olvidado de algún pasado lejano.

“Y aquí están estas visiones. Tumbas entre el espesor verdinegro de la fronda del Père-Lachaise, flores de iglesia. Un muro color carmín, como unos labios. Miguel, cuánto tiempo ha pasado desde aquella tarde en que el viento se disipó y la nieve volvió otra vez a Fozaneldi o a los parques de Népliguet. Hoy estamos viendo el ocaso en El Cabillón. Soledad a pesar de todas las palabras dichas. Constelación de silencios. Languidez”, escribe Avelino Fierro.

Dónde: Galería Utopia Parkway, Madrid

Cuándo: Hasta el 29 de octubre

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