El autor les ruega disculpen por las molestias

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Una de las circunstancias que Isidoro Valcárcel Medina nos regaló en su exposición del año pasado en el Reina Sofía, fue colgar del edificio una enorme y aséptica pancarta blanca con la frase: El autor les ruega disculpen por las molestias. Lucidez y economía para sintetizar de un sabanazo una cuestión esencial, no sólo de la historia del arte, sino de las cada vez más complejas relaciones entre creación y sociedad: ¿qué es ser autor y qué implica?

 

Más allá de la lógica borrosa del concepto de propiedad intelectual y del mal gusto de algunas entidades gestoras de derechos, el autor novel es hoy para buena parte de la sociedad no tanto un problema como –mucho peor– algo totalmente prescindible.

 

La tecnología ha convertido el pasado en una inmensa base de datos llena de contenidos a los que se puede acceder en segundos. ¿Para qué hacer el esfuerzo de enfrentarse a lo nuevo si tenemos a nuestra inmediata disposición todo lo que ya sabemos que nos ha gustado? Quizás envejecer sea para mucha gente eso, perder el interés por los descubrimientos y refugiarse una y otra vez en el confort de lo conocido, de aquello que nos emocionaba cuando éramos jóvenes.

 

El mundo de la música refleja hoy esta situación con bastante virulencia; el síndrome de lo clásico se está extendiendo también a la música popular. Los llamados grupos de versiones arrasan, las emisoras de radio se atrincheran en los oldies y las pocas discográficas que quedan subsisten mediante reediciones infinitas y discos de grandes éxitos, reservando sólo una mínima parte de sus decrépitas energías al descubrimiento de nuevos talentos.

 

Muchos de ustedes conocerán ya el negocio de las fábricas de cuadros de China. Es una industria sorprendente que vive de pintar cuadros al óleo de forma artesanal pero en cantidades industriales. Funcionan a través de webs muy completas y eficaces. Pintan de todo: obras originales que luego se replican, cuadros a partir de fotografías de los clientes y, como no, obras maestras de la historia de la pintura. Todo baratísimo. Lo ejecutan centenares de jóvenes artistas que no han tenido la suerte de otros compatriotas suyos, perfectamente situados en las altas cotizaciones del arte internacional. ¿Qué pensará sobre el concepto de autor alguien que a los 26 años ha pintado ya más de mil vangoghs por un salario de 200 euros al mes?

 

El mismo día que me topé en la Ronda de Atocha con la pancarta de Valcárcel Medina, una valla publicitaria cercana promocionaba una marca de cerveza con otra escueta frase: Cosas que hacer antes de morir: vivir. Recuerdo que pensé en lo distintos -o similares- que son el arte y la publicidad, y también en las palabras y en las ciudades y en la forma tan diferente -o tan parecida- que tienen ambas de morir. Antes de ayer falleció José Luis Brea, uno de los grandes teóricos y críticos españoles de arte y cultura contemporáneos. Fue tremendamente activo, prolífico y brillante, no siempre fácil de leer. Dispuso ocho de sus libros para descargar gratis en internet, un medio cuyo potencial crítico y creativo siempre defendió. Dirigió una web de referencia, salónKritik, donde dos días antes de morir rescataba su texto Los últimos días. En su más reciente libro, Las tres eras de la imagen, publicado hace unos meses por Akal, insistía en una de sus grandes obsesiones: el poder simbólico de las imágenes como reflejo del momento y la técnica que las produce y distribuye. Un poder autónomo que trasciende la figura del autor. Desconozco si a Brea le interesaba el tema de las fábricas chinas de cuadros, pero mucho me temo que esa chocante y rentable coalición de cinismo, ingenuidad, imagen material e imagen electrónica, esa enésima vuelta de tuerca sobre el tema del autor, la obra y su reproducción, no podía dejarle indiferente. Aquí van algunos links por si quieren pasar un rato extraño:

 

http://www.chinaoilpaintingwholesale.com

http://www.painting-palace.com

http://www.akoilpainting.com

http://www.canvaz.com

http://www.europic-art.com

http://www.yoyart.com