Ese bar en el costado cutre
escondido de todos y de todo
sucio oscuro y algo más
Dentro, tres únicas sombras
Ese bar
Bajé al baño, indescriptible,
y al subir supe con absoluta certeza
que me hubiera quedado
a vivir allí toda mi vida
sentada en la barra más mugrienta
del más feo e imposible escenario
sentada en estrecha conversación con el dueño
ese dueño poseedor de una experta actitud
Mientras, nos íbamos bebiendo len-ta-men-te
todo el whisky el peor whisky
hasta el final del final
o mejor, hasta que ya no hubiera final
El refugio definitivo
el más justo lugar para mí
allí, al alcance de mis dedos ya sabios
en el costado más cutre del mundo
como debe ser
como soy yo
y no esa letanía de mentiras
y desdichadas estrategias
que siempre me esperan
en el espacio luminoso
de los supuestos escogidos
A mí, que nunca me gustó la luz
y sí la oscuridad a tientas
la más negra opaca oculta
la verdad y el misterio de lo de abajo
mis territorios mi reino
casualmente encontrados allí
en esa esquina inmunda de la vida
A veces, uno pierde demasiado el tiempo
no cae fácilmente en la cuenta
de que no hay que ir muy lejos
para encontrar eso que siempre ha esperado
Lo tienes ahí, inmóvil líquido perfecto
lo tienes ahí, escondido en una esquina
verde como una pecera verde
un acuario en el fondo del mar
El bar y yo y el dueño y los otros tres
náufragos todos, en medio del más profundo desierto






