El Barrio

0
636
EL Barrio es un reportaje multimedia sobre la situación de la población afro-descendiente en el Pacífico colombiano

[swf file=»https://www.fronterad.com/wp-content/files/el_barrio3.mov» params=»width=480&&height=271″]

 

 

EL BARRIO

 

 

Tumaco es un municipio colombiano situado en la costa del Pacífico, dentro del Departamento de Nariño. Su economía se basa, principalmente, en la agricultura y la pesca. En esta localidad se produce el 100% de la palma africana, el 92% del cacao y el 51% del coco de Nariño.

       Su situación estratégica en la desembocadura del Pacífico la ha convertido en el segundo puerto pesquero más importante de Colombia, después de Coveñas, y el primer puerto petrolero colombiano en el Pacífico.

       Tumaco es también uno de los municipios más afectados por el desplazamiento interno en el sur de Colombia. La situación que se vive aquí no es más que un reflejo de lo que sucede en el Departamento de Nariño, el más afectado por la violencia en el año 2007.

       La violencia se incrementó en esta región tras la implantación del Plan Colombia y el inicio de las fumigaciones en los departamentos de Putumayo y Caquetá. A partir de ese momento los cultivos de coca se desplazaron a la costa del Pacífico. En los últimos años, Tumaco se ha convertido en el territorio con mayor área cultivada del país, concentrando un 20% de la producción total de cocaína. Este hecho provocó que las fuerzas de seguridad se instalaran en la zona y los conflictos entre los distintos grupos armados se agravasen, con el consecuente incremento de la violencia y el número de desplazados.

       El aumento de la producción de coca y la condición de puerto marítimo que tiene esta ciudad ha hecho que Tumaco se convierta un punto neurálgico para el tráfico de drogas, donde la presencia de narcotraficantes se es cada vez más notoria.

       No sólo aumentaron en los últimos años los cultivos de coca en la región, si no que a causa de los mismos, comenzaron las fumigaciones aéreas en Nariño. Los cultivos, los bosques y los ríos quedaron contaminados a causa del glifosato, afectando a la población de este departamento, y obligando a muchos a desplazarse.

       La lucha por la tierra ha sido otro de los factores que ha impulsado el desplazamiento interno. La Ley 70 de 1993 protege los territorios colectivos ocupados por la comunidad afrocolombiana mayoritaria en esta región, y prohíbe la compra-venta de los mismos. Sin embargo, el interés de expansión en estos territorios de las compañías dedicadas al cultivo de la palma africana y la aparición de un mayor número de plantaciones de coca han hecho que aumente la presión sobre esta comunidad. Muchos de los afrocolombianos de este área rural se hayan visto obligados a desplazarse a la ciudad en busca de un ambiente más seguro.

       Todos estos factores han hecho que se incremente el número de personas desplazadas en Tumaco. El municipio cuenta con una población de 170.000 habitantes, de los cuales aproximadamente el 10% son desplazados internos. La mayoría es de origen afro-descendiente.

       Este grupo supone el 8% de la población colombiana. Una cuarta parte del total de los desplazados colombianos pertenecen a la comunidad afrocolombiana. Tal y como denuncia CODHES (Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento), más del 12% de las personas pertenecientes a esta comunidad  han tenido que salir huyendo de sus territorios y un 98% de ellos viven por debajo del umbral de la pobreza.

       En Tumaco se da el ejemplo de la precariedad en la que vive esta comunidad. Miles de familias afro-descendientes se han instalado en las barriadas que han ido surgiendo durante los últimos años. Son familias que huyen del conflicto armado, de la violencia, del narcotráfico, de la lucha por la tierra y de las fumigaciones. A pesar de su situación carecen del respaldo estatal y cuentan con muy pocas ayudas para salir adelante.

       La vida en estas comunidades es dura. El barrio nació hace cuatro años, cuando las primeras familias empezaron a instalarse a las afueras del municipio, una zona de bajamar que se inunda cada vez que sube la marea. El terreno en el que se asentaron las primeras construcciones hechas de plástico no posee las condiciones adecuadas para la edificación.  Los comienzos fueron duros, carecían de electricidad y agua y de las condiciones sanitarias básicas para asegurar una vida digna. Con los años y la ayuda de distintas organizaciones internacionales, como ACNUR, la situación ha mejorado levemente.

       Actualmente viven unas 140 familias en El barrio, asentadas en casas de madera y elevadas sobre el nivel del mar. Aunque carecen de tuberías, cuentan con agua gracias a la construcción de unos tanques que almacenan agua de lluvia y que fueron construidos por ACNUR. Esta organización también construyó servicios sanitarios y les está ayudando a mejorar las calles con serrín y materiales desechables de las obras. Cuentan también con un generador eléctrico, aunque el sueldo que perciben estas familias no les da para pagar las facturas de la electricidad.

       Otro de los problemas a los que se enfrenta la comunidad afro-descendiente en Colombia es la precariedad laboral y la discriminación. Según los datos obtenidos en la Encuesta de Verificación Nacional, el 96,4% de los afrocolombianos desplazados posee un trabajo precario con sueldo insuficiente, viéndose obligados a prolongar sus jornadas laborales, lo que empeora su situación familiar. Además, en muchos casos, es la madre la encargada de sostener a la familia, y por lo general se ve triplemente discriminada por su condición de mujer, desplazada y negra.

       Este el caso de Camila Cortés que se vio obligada a dejar su vida y su hogar e instalarse en El barrio. Trabaja por 80.000 pesos al mes (unos 30 euros), y apenas le alcanza para mantener a su familia. Lucha por dar una mejor vida a sus hijos y ofrecerles una educación que les permita mejorar su situación.

 

* Iñigo Alcañiz (Bilbao, 1976) estudió fotografía en el London College of Communication. El objetivo principal de su trabajo durante este año ha consistido en descubrir y experimentar con nuevas formas de narración documental. Sus proyectos incorporan fotografía, audio y vídeo

 

Otros artículos de esta serie:

El restaurante de la coca

Un centro de salud en la frontera

Empezar de nuevo

Inkal Awa, en la encrucijada


Autor: Iñigo Alcañiz