El cambio

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Podemos lleva algo en su discurso como los Cheetos: pruebas un Pablo Iglesias y luego tienes que probar un Errejón y así: los Cheetos Pandilla. Uno que, sin embargo, yo aparto siempre (hay algunos más), como la guinda del roscón, es, por ejemplo, a Espinar, el hijo de Espinar (¡ay!, si le pilla Corcuera)...

 

Podemos lleva algo en su discurso como los Cheetos: pruebas un Pablo Iglesias y luego tienes que probar un Errejón y así: los Cheetos Pandilla. Uno que, sin embargo, yo aparto siempre (hay algunos más), como la guinda del roscón, es, por ejemplo, a Espinar, el hijo de Espinar (¡ay!, si le pilla Corcuera), porque debe de llevar ketchup y a mí todos los snacks al ketchup no me gustan nada. Yo voy por ahí últimamente analizando todas esas manifestaciones para ver donde esconden el radicalismo bajo ese sabor adictivo, dónde han metido a Chávez como a Wally, y es verdad que muchas veces no lo encuentro, quizá porque está por todas partes, como la X aquella que encontraba Indiana Jones en busca del Grial porque ocupaba todo el suelo de la iglesia de Venecia. Claro que no son políticos sino politólogos. Yo he hablado aquí de esa equidistancia de sí mismos, que ya es casi una ciencia, un dogma o una jurisprudencia política, la costumbre política como la Ley y los principios generales de la política por la que uno, como mínimo, ya puede ir a trabajar con rastas al Congreso. Lo de las rastas es un símbolo físico que Pablemos (o Monteremos, ya no lo tengo tan claro) convierte en que «la gente», el mantra, ha llegado al Congreso. Hoy estoy más tranquilo porque el otro día vino a decir la alcaldesa de Madrid que el poder judicial y los medios de comunicación entorpecen, y ahí sí que ya veo a Wally sin dificultades, con su gorrito y sus gafas y su jersey a rayas. Abunda Manuela en que los medios de comunicación son un «poder en la sombra», «muy vertical» y «muy masculino» y «muy rígido» que» hacen algo muy preocupante» (lo que hubiera dicho Joyce de esos adverbios). Y yo lo que veo preocupante (pongan juntas todas esas comillas a ver que les evoca), más allá de ese leninismo con pegatina de margarita (sonríe ávida la pandilla podemita con los dientes sudorosos) que se manifiesta desde su púlpito, es que un gobernante utilice los foros a los que tiene acceso debido a su cargo para liberarse de sus complejos personales, incluso íntimos, que es de lo que parece que trata el cambio ese que dicen que los españoles han votado.