El champán de Teodoro Obiang y Cía.

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Bueno, Cía comprende a su primera mujer, la ambiciosísima Constancia y los demás, hijos, primos, hermanos, etcétera.

 

Pues resulta que en la Guinea del general-presidente Obiang, una dictadura feroz donde el acceso a internet es restringido, los chiquitos de pocos años han adquirido la costumbre de celebrar sus pequeños logros, o alegrías personales, con champán, y no precisamente de estos que nos podemos llevar por un euro en la zona de cajas de algunos supermercados, sino con los más caros. Con Moët Chandon, por ejemplo. De hecho, esta marca es la más mencionada por chicos y chicas casi analfabetos de padres ladrones y violadores de los derechos humanos que celebran eventos como la compra de un coche de primera mano, un ascenso, o el triunfo de cualquier tontería en la que estuvieran metidos. Por ejemplo, brindarían con un champán carísimo si el equipo femenino de fútbol de su estrambótico país, el mismo plagado de extranjeras traídas de a saber dónde, obtiene la victoria en un partido de estos que organizan para realzar su patriotismo.

 

Lo interesante de este hecho es que los bebedores de este carísimo champán son guineanos de muy baja extracción social, si esto se dice desde el punto de vista de los logros en sus comunidades de procedencia y estudios realizados. Son chicos y chicas que habrían nacido en comunidades que no tienen ni casas para todos los hermanos, ni agua potable ni electricidad, y cuyas madres vivían de la agricultura de subsistencia. Así era su entorno hasta que Obiang recibió el dinero del petróleo y permitió a los reidores de sus gracias allegarse al mismo sin que la justicia haga nada. Lo llamativo de este hecho es cómo unos jovencitos que conocen al dedillo la situación de su país, al menos la parte que no es donde viven en la actualidad, pueden haber aprehendido tan llamativas costumbres para que les resultara un grave oprobio realizar el brindis con un producto bebestible más barato que el conocido champán francés.

 

Pues es en este contexto de dispendio y de desprecio a la ciencia y a los derechos de los otros guineanos que no son ellos en que el general-presidente mandó reformar la constitución, eliminó de la misma los artículos que le estorbaban y añadió los que les permitían fajarse a perpetuidad en la silla de la que quitó a su tío Francisco Masié. Fue este proceso que culminó con unas elecciones en las que ganó con mayoría rotunda, asfixiante. Ocurrió anteayer. Como los gritos van al cielo por esta rotundidad, y hablarán y emitirán sus comunicados los hipócritas de siempre, como si descubrieran alguna novedad, nosotros les invitamos a conocer el hecho del champán francés que consumen con alborozo y delectación unos sujetos que son incapaces de proveer a sus ciudades de las comodidades más elementales.

 

Si naces sabiendo que tus necesidades las tienes que realizar bajo los árboles, que el acto de higiene básica lo realizarás en un río no muy limpio, donde cogerás para beber, y que si comes tres veces al día es un milagro y al cabo de pocos años celebras cada alegría íntima con una copa de champán francés, es porque algo grave ha pasado en tu vida. Además, que todo esto concurra con el hecho de que todavía no sabes leer ni escribir, entonces es gravísimo. ¿Y saben qué? Hay 743 personas que están contentas con esta obscenidad, porque sería la manera de que sus supuestos teóricos sobre los individuos de África central se cumplan. Pero detrás de esto hay una maquinaria petroquímica que debe ofrecer su rendimiento a los inversores y es un asunto que viene bien, porque se podrá decir que por la supervivencia de esta industria pueden justificarse todas las tonterías que cometen los nativos, y allá ellos con dónde quieren llegar con su suprema estulticia. Dirán algo como «quién no sabe que el petróleo mancha». Es decir, dirán que porque en el país de estos individuos se explota petróleo, pueden ser adictos a un carísimo champán aunque no sepan leer ni escribir, e incluso desconozcan lo que es la tasa de mortalidad infantil de su petroleado país.  (A veces se pide peras al olmo de manera idiota)

 

Esta es la manera que hemos querido dar la noticia de la victoria de los sucesores de Obiang, estos que ahora mismo están borrachos, estén donde estén, por la posibilidad que el destino les ha brindado para justificar la soberana tontoculez en que viven, teniendo tan grandes posibilidades de ser lo mejor de la mitad mulata de África. Lo de mulata se dice con cualquier intención. Y gracias a ti, Eu, por haber rechazado el champán de estos chicos acomplejados.

 

Barcelona, 4 de abril de 2013

Juan Tomás Ávila Laurel. Es un joven y prolífico escritor, residente en Malabo, donde ejerce como técnico sanitario. Se ha convertido últimamente en un exitoso y asiduo conferenciante de numerosas universidades extranjeras. Ha representado a su país en importantes foros internacionales y ha sido conferenciante invitado en España, Reino Unido y Estados Unidos. Su obra se caracteriza por un compromiso crítico con la realidad social y politíca de su país y con las desigualdades económicas. Estas preocupaciones se traducen en una profunda conciencia histórica, sobre Guinea Ecuatorial en particular y sobe África en general. Tiene más de una docena de libros publicados y otros de inminente publicación, entre ellos las novelas y libros de relatos cortos La carga, El desmayo de Judas, Nadie tiene buena fama en este país y Cuentos crudos. Cuenta tambien con obras de tipo ensayístico, libros de poemas y obras de teatro.