El ciclo de la vida

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La ronda de contactos de Sánchez produce tal cantidad de sonrisas a su paso que cualquiera diría que vuelve el talante. Pero no. Si a Zapatero le llamaron Bambi, al nuevo secretario general bien se le podría llamar El Rey León.

 

La ronda de contactos de Sánchez produce tal cantidad de sonrisas a su paso que cualquiera diría que vuelve el talante. Pero no. Si a Zapatero le llamaron Bambi, al nuevo secretario general bien se le podría llamar El Rey León. A uno no le cuesta imaginárselo diciéndole ayer a Tomás Gómez: “Ser rey es mucho más que sólo hacer lo que quieres”. De hecho, se está convencido de que esto es lo que realmente le dijo al aspirante madrileño, a juzgar por su cara de cachorro: una cara de Simba. Otro que parecía que hablaba con Mufasa en vez de con Sánchez era García Page, a quien el nuevo líder le decía sin ningún género de dudas: “Todos estamos conectados en el gran ciclo de la vida”, y el manchego, muy Pumba, parecía responderle: “Repite conmigo; Hakuna Matata”. Sucede todo esto y Rajoy y el PP se van asemejando en su actitud contemplativa a Scar y las hienas: la dudosa estrategia (o la antiestrategia) de que caiga algún incauto en sus dominios. La presencia de Sánchez, pese al cuento socialista que se leen todas las noches los militantes, debe de imponer respeto, y eso que casi lo más destacado de él hasta el momento es que no se separa de su mochila (¡cómo Pocholo!), y que ha jurado no volver a pasar hambre igual que Escarlata O’Hara al amanecer, del que ayer parecía emerger junto a Díaz en imágenes promocionales. Semejante lideresa da la impresión de mover todos los hilos desde el sótano de Andalucía como aquella bruja de Robin Hood desde el sótano de Nottingham, sólo que ésta no es una bruja sino de verdad una señora con mando. Una señora así, con su historial, da un poco de apuro; pero el PSOE se mueve con la pesadez de un cuerpo despertándose y con Díaz y Sánchez a modo de ojos parpadeantes. Parece que España está abocada a gobernarse por políticos de cuna y no por hombres idóneos, y aquí es donde los plumillas encuentran la esperanza: el ciclo de la vida. La diferencia entre hombre y político ha ido creciendo con los años hasta tal punto de que ya casi puede decirse que están separados por la evolución. Uno no deja de ver neandertales por esos escaños, aunque es cierto que tampoco deja de verlos por esas calles. A veces hasta uno mismo se sorprende emitiendo extraños sonidos guturales, como si fueran los primeros síntomas de una moderna rehumanización. Habrá que observar cómo se desarrolla, y mientras uno estará atento a la próxima ronda de contactos de Sánchez, a ver si también salen Timón, Zazú y Rafiki.