El cuartel abandonado

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El cuartel abandonado de la cresta de Gibraltar, parece un destacamento británico en la Irlanda de La hija de Ryan. Esos muros de ladrillos de cemento, sin revocar, fríos y casi metálicos sobre un mar emplomado y luminoso. El césped ha abierto grietas en el suelo, cuarteándolo; el viento y los orines furtivos de los visitantes han sembrado líquenes en los muros y parapetos; españoles airados han escrito sus apellidos sobre los muros con intención de apropiárselos.

 

 

Que en este eficiente y tecnológico Gibraltar, una cota tan estratégica se haya convertido en un parque asilvestrado, con un soberbio mirador sobre el Estrecho, frecuentado por monos, gaviotas, turistas y senderistas, inspira tranquilidad y benevolencia.

 

 

En los barracones abiertos de los militares aún quedan conexiones eléctricas y cables por el aire, gravitando sobre los excrementos, que dejan allí muchos de los visitantes. Plantar un peñón en lo alto de una cresta gibraltareña consuela mucho a cualquier patriota.

 

 

Este grado de abandono, junto a unos ecos perceptibles de la aburrida soldadesca que hizo guardia y maldijo en esta cumbre; más las cicatrices que el viento de Levante ha dejado en el paraje, le otorgan cierta morbosidad y misterio al recinto.

 

Fotos: Gabriel Faba