El decálogo de Gratchin

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¿Hay alguna receta infalible para escribir? No tengo ni idea. Pero guardo unas notas manuscritas en las que un amigo mío, Allan Baker, apuntó el “Decálogo del escritor” que Eugene Gratchin dictó en una de sus clases de profesor invitado en el Selwyn College de Cambridge, en el curso 1972-73. Allan, que estudiaba en el Selwyn College, me contó que la situación de Gratchin en Cambdrige era complicada. Muchos profesores lo desautorizaban o menospreciaban porque Gratchin no tenía titulación académica de ninguna clase. Además, ni siquiera se llamaba Gratchin, ya que éste era uno de los muchos seudónimos que había usado a lo largo de su carrera (en eso se parecía a su amigo Romain Gary, con quien compartía el gusto por el disfraz literario). Al parecer, Gratchin había usado los seudónimos de Vasil Kipper y también el de Maximilian Bembo, aunque en Estados Unidos era conocido por el apellido Gratchin, que había legalizado cuando se hizo ciudadano norteamericano, aunque parece ser que ése no era su nombre real, sino Eugenii Grashevski o quizá Grashevich. Aparte de sus libros, muchos de los cuales ni siquiera habían sido escritos en inglés, Gratchin no tenía ningún mérito especial para dar clases como profesor invitado de la asignatura de Inglés (en el código administrativo del Selwyn College, Gratchin era un “Class E Fellow”, que no sé muy bien qué quiere decir).

 

En aquella época yo no sabía casi nada de Gratchin, y tampoco sé casi nada ahora. Sé que nació en algún lugar de Centroeuropa en los años veinte (parece ser que fue en 1923), en una región en la que todas las ciudades cambiaron al menos tres veces de nombre en el primer cuarto de siglo. En los años cuarenta, Gratchin emigró a Estados Unidos. Fue un escritor prolífico. Nunca tuvo éxito. Hoy está olvidado. Pero me permito reproducir aquí su Decálogo, ese decálogo que –me temo- no recuerda nadie.

 

 

                          Decálogo

 

 
1. Harás una larga travesía en un barco de carga, y apuntarás todas las conversaciones que mantengas con los marineros, pero no con los oficiales.

2. Harás el amor con una mujer embarazada de ocho meses.

 3. Inventarás un juego para niños y lo pondrás a prueba en una tarde de lluvia sobre el suelo de linóleo.

 4. Encenderás una vela en la capilla de un cementerio, a ser posible en el cementerio de Narvik, Noruega.

 5. Le escribirás un poema de amor a una cajera de supermercado (o si eres chica, a un encargado de supermercado). Y se lo leerás al oído. Y esperarás su respuesta.

 6. Dormirás tres días seguidos en el interior de una cueva de sal.

 7. Trabajarás en un aserradero de troncos.

 8. Redactarás un manual de instrucciones de funcionamiento para un molino de pulido de piedra caliza.

 9. Presenciarás la autopsia de una niña.

 10. Amarás con toda el alma a alguien que no te ame. Y seguirás amándolo diez años después. Quince años después. Veinte años después.

 

 

 Al final de la clase en que dictó su “Decálogo”, Allan Baker, que era entonces un alumno atrevido y desafiante (¡era trotskista!), le preguntó a Gratchin si él había cumplido con los requisitos de su decálogo. Gratchin sonrió sacudiendo la cabeza.

 

-¿Quién le ha dicho a usted que yo soy un escritor? –dijo.

 

Y luego se alejó por el pasillo rumbo al jardín.