El Día del Indio en Brasil

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Hoy -todavía es 19 de abril por estos lares- ha sido el Día del Indio en Brasil, y pasó sin pena ni gloria por la prensa y por la cotidianeidad de esta inmensa y loca ciudad que es São Paulo. No sé muy bien qué pensar de esto de los días de…, pero siempre será bueno si nos llama a la reflexión. Yo utilicé la fecha como la disculpa para detenerme en algunas lecturas que tenía pendientes, en particular una edición especial de la recomendable revista brasileña Caros Amigos.

El 19 de abril conmemora el Primer Congreso Indigenista Interamericano, que se celebró en 1940 en México. 71 años después, la situación para los 225 pueblos indígenas reconocidos en Brasil no ha mejorado mucho. Ante todo, en un país donde el gran problema social sigue siendo el desigual reparto de la tierra, rural o urbana, los indígenas siguen sufriendo el asedio de las haciendas y del agronegocio. Su situación es extrema en estados como Mato Grosso do Sul, donde se concentra una de las mayores poblaciones originarias brasileñas, la de los Guarani-Kaiowa. Un informe de la ONG Survival International calificó su situación como «una de las peores entre todos los pueblos indígenas de América». Lo cierto es que los 45.000 kaiowa enfrentan una esperanza de vida de 45 años (frente a la media nacional de 72,7 años), una de las mayores tasas de suicidios del mundo y un clima de violencia constante. Un informe de la ONU de 2009 daba fe de las «tensiones entre pueblos indígenas y colonos no indígenas» en la región. Colonos y empresarios agropecuarios se oponen furiosamente a las reivindicaciones indígenas para conseguir más territorios. Algunos líderes indígenas han sido asesinados en Mato Grosso. Mientras, centenares de indígenas viven, algunos hace más de tres décadas, en una veintena de campamentos precariamente asentados al filo de las carreteras.

Entre tanto, al avance inexorable de los cultivos de soja, la caña de azúcar, el ganado o la industria maderera se ha sumado en la Amazonia un peligro cada vez más acuciante: las centrales hidroeléctricas. El polémico proyecto de Belo Monte es el más notorio, por su tamaño -dice el Gobierno que será la tercera usina del mundo en volumen de producción- y por su ubicación: alterará el flujo del río Xingú, uno de los principales afluentes del río Amazonas, que recorre 2.700 kilómetros y abriga una de las mayores áreas protegidas del mundo. Unas 50.000 personas podrían ser desplazadas si, como todo parece indicar pese a las muchas trabas legales que está encontrando el proyecto -y al tirón de orejas de la Organización de Estados Americanos-. El Gobierno alega que se han introducido cambios al proyecto para hacerlo social y ambientalmente viable; los afectados responden que, aunque efectivamente ninguna población será inundada, el río Xingú dejará de ser navegable y los indígenas perderán su principal fuente de alimentación, la pesca. Pero, si por sus dimensiones Belo Monte ha atraído la mirada de la prensa internacional y las protestas de estrellas como el cineasta James Cameron o el cantante Sting, no es ni mucho menos un caso aislado: el Gobierno planea construir 58 hidroeléctricas y muchas de ellas se ubicarán en el Amazonas. Los indígenas afectados por la construcción de la central de Itaipú, en la frontera con Paraguay, la segunda mayor central del mundo, dan fe de las consecuencias que tamaña obra conlleva para su modo de vida y su supervivencia. ¿De veras no existe una manera mejor de producir energía para los 190 millones de brasileños que alterar el curso de los ríos de la reserva biológica más importante del planeta? ¿Cómo se calcula el coste de las imprevisibles consecuencias ecológicas de semejantes obras?

Para el Brasil desarrollista, el gran exportador de soja y carne, la potencia latinoamericana que quiere ser líder global, pareciera que los indígenas estorban. Ellos siguen resistiendo. Y tienen muchas lecciones que enseñarnos.

Nací en Extremadura, pero soy -también- madrileña. Periodista por vocación y convicción, llegué a América Latina en 2008, a esa ciudad caótica y fascinante que es São Paulo. Después de unos años entre samba y tango, me establecí en Buenos Aires, desde donde trabajo como 'freelance' y colaboro para medios como El Mundo y Le Monde Diplomatique. Aunque, cada vez más, apuesto por los proyectos independientes: la revista Números Rojos, la web Carro de Combate -dedicada al consumo responsable y la denuncia del trabajo esclavo- y, por supuesto, este Fronterad.   Afincada por fin en Buenos Aires, una ciudad que me cautivó desde mucho antes de visitarla, cuando se me mostraba desde las páginas de Julio Cortázar, sigo descubriendo este continente diverso y complejo, este continente con las venas abiertas que, sin embargo -o por eso mismo-, tiene tanto que enseñarle al mundo.

2 COMENTARIOS

    • Muchas gracias, Iben Xavier!

      Muchas gracias, Iben Xavier! Ahora mismo le echo un ojo.

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