El diablo en el ojo

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(Tindersticks: Tindersticks II.This Way Up, 1995)

 


I. No cerraría yo los ojos.

Quizá fue porque los escuché por primera vez junto a un volcán, pero lo cierto es que desde entonces jamás he podido (ni he querido) desprenderme de la lava melancólica de los Tindersticks.

El rumor del Teide marcaba el ritmo con el que pretendía abandonar mis vicios más fieles. Había llegado a la montaña ligero de equipaje. Quería cerrar los ojos, soplar fuerte y  alejar las pavesas de la memoria. Pero el magma avanzaba en mi sangre quemando los propósitos. El corazón ígneo, y la conciencia en fusión. El volcán se hacía el dormido, y la música parecía salir de su cráter.



II. Se esconde el diablo tras los párpados…

El diablo en el ojo, titulada así, en español, abría el segundo disco de Tindersticks y avanzaba los emocionantes senderos por los que discurriría la carrera de la banda más elegante de Nottingham. La letra amenazadora (aquí una sugerente traducción de Rubén Martín), las cuerdas tempestuosas, el crescendo  implacable… todo contribuía a una brutal sensación, a una inquietud subyugante. (Es curioso: aunque el estilo de Tindersticks pudo definirse durante años por la simbiosis entre la voz de Stuart Staples y el violín de Dickon James Hinchliffe, en esta ocasión es la voz de Hinchliffe la que conduce al escalofrío).

El tema apareció más tarde en los excelsos registros de los directos de The Bloomsbury Theatre (This Way Up, 1995)  del Botánico de Bruselas (Live At The Botanique, Tippy Toe, 2001) y del Coliseu Dos Recreios de Lisboa (Tippy Toe, 2003). Cuando suena esta canción me resulta imposible no acordarme de la famosa escena del ojo de Un chien andalou (en ella el violín haría las veces de navaja cercenadora). Otras imágenes que acuden automáticamente a mi cerebro son los fotogramas de La semilla del diablo, claro, pero sobre todo las pupilas de Sharon Tate en The Eyes Of The Devil. Buñuel, Polanski, J. Lee Thompson, son referencias naturales de un grupo muy vinculado al séptimo arte. Habituales de la directora francesa Claire Denis, Tindersticks son los autores de las bandas sonoras de Nenette et Boni (1996), y de la de la muy licántropa Trouble Every Day (protagonizada por Vincent Gallo y Béatrice Dalle, pura lascivia gore, en 2001). Su pasión cinematográfica se encuadra en el tono arty de una banda que no descuida jamás la imagen, la escenografía, las portadas y los clips (dejo un par de ejemplos al final del texto).

Formalmente reducidos a trío desde hace un par de años, Tindersticks editan nuevo álbum en 2010: Falling Down A Mountain, y lo hacen en 4AD, un sello al que, sin duda, parecían predestinados.



III. …y vive el diablo en la mirada.

Aquella noche, junto al volcán, cambié una adicción por otra. Hay momentos en los que puedes aspirar una canción, y un día, sin darte cuenta, la expiras en una nueva mirada. Entonces buscas otra vez ese disco, respiras profundamente, y entiendes que el diablo jamás abandonará tus ojos.


Algunos vídeos de Tindersticks:


9 obras maestras de Martin Wallace pueden contemplarse en el DVD Bareback – nine films by Martin Wallace (Beggar’s Banquet, 2004). De ellas, ésta es mi favorita: Travelling light 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Y Until The Morning Comes (del director Sebastien Gonon, aquí con subtítulos en español):

 

 

 

Sesión continua de Cuelga al dj:

 

Córdoba, 1967. Director de Boronía, revista de creación contemporánea. Licenciado en Sociología por la UCM, y Master de Periodismo El País . Ha colaborado en la Cadena SER, La Sexta, El País de las Tentaciones, El País Madrid, El Europeo, Ajoblanco, Diario Córdoba, El Gran Musical, Mondo Sonoro, Eureka Discos, Cosmopoética, Eutopía, Zum Creativos, etc. Fue director de la discográfica y promotora de conciertos Producciones El Hombre Tranquilo. Escribe una sección sobre música en la revista cultural Kiliedro. Ocasionalmente lee poemas y pincha discos.