El duelo de los vivos ante los muertos

0
503

Fue en la noche del uno de Noviembre, a los pies de la Cruz de Siglo, una vuelta a los orígenes sorianos. No recuerdo haber vuelto después de tu muerte, esa palabra maldita de la que soy poco amiga. El regreso a Burgo de Osma, a La Rasa, a San Esteban de Gormaz, al Cañón de Río Lobos, a la casa de la infancia, ahora vacía y repleta de polvo, donde no había ascensor y donde siempre acampaban las moscas, donde el pasillo de las habitaciones al salón se alargaba como el tiempo en medio de un bosque sin luna en plena noche, donde todas las noches era capaz de sentir miedo, un miedo atroz. 

 

Fue en la noche del uno de Noviembre, a los pies de la Cruz de Siglo, en los orígenes sorianos. No recuerdo haber vuelto después de tu muerte, esa palabra maldita de la que soy poco amiga. El regreso a Burgo de Osma, a La Rasa, a San Esteban de Gormaz, al Cañón de Río Lobos, a la casa de la infancia, ahora vacía y repleta de polvo, donde no había ascensor y donde siempre acampaban moscas, donde el pasillo de las habitaciones al salón se alargaba como el tiempo en medio de un bosque sin luna en plena noche, donde todas las noches era capaz de sentir el miedo a la oscuridad de la noche. El Burgo, el beso del abuelo, el cementerio, la Cruz, el castillo, el río Avión, la torre de la catedral, la Plaza Mayor, la magia había desaparecido porque ya no estabas, sin embargo, se mantenía firme el miedo, en vigilia, la noche del 1 de noviembre. En tu ausencia, pérdida de sentimiento. En tu ausencia, fotos al viento pero fotos con tu recuerdo en mi memoria y con el corazón tiritando de frío. 

 

Así, la noche del 1 de noviembre, a mi vuelta, después de varios años sin regresos, cuando todos dormían, permanecí despierta, a la espera de escucharte, de poder sentirte, de poder siquiera imaginarte cerca. Acostada en tu cama, donde habías dormido los últimos años con tu mujer, mi abuela, que siempre estuvo enferma pero que tanto nos hacía reír en sus momentos de lucidez, con chistes y canciones. No pude sentirte en la mañana del 1 de noviembre en el cementerio, ni siquiera por Zorrilla, un escritor reconocido en España, que yace junto a ti. No pude sentirte esa mañana, pero estuve esperando todas las horas de la noche el 1 de noviembre. En vela, en tu cama, con la luz de la abuela encendida, con vuestro retrato colgado en la pared, mirando ese pasillo infinito donde la oscuridad te atrapa, temblando de frío a pesar de las mantas.

 

Dicen que, a veces, los muertos hablan, sólo he sentido tu abrazo, hace ahora, un año, ese abrazo que me acercó al cielo. Fue un abrazo entre sueños, como entre sueños, sigues. Fíjate en la escena que se reprodujo frente a tu tumba el 1 de noviembre era la de una familia gitana que lloraba frente a un panteón cargado de flores rojas y blancas. No sé si te diste cuenta, pero les hice una foto porque acapararon toda mi atención. La escena que podía verse frente a tu tumba: el duelo de los vivos ante los muertos. Visten de negro, miran hacia abajo, lloran y acarician con flores los panteones. Y después de las lágrimas, ausencia.

 

familia gitana, cementerio

Duelo de los vivos ante los muertos. 1 de noviembre. Cementerio de Burgo de Osma.

Fátima Margu nace en la antigua Emérita Augusta (Mérida, Extremadura) un caluroso verano de 1981. Ha trabajado como profesora de Universidad, periodista e investigadora. Aficionada a Internet y eterna alumna con una única vocación: cuestionarse qué está pasando para procurar llegar a la Verdad de las cosas. Alma viajera, siempre con la intención de hacer extraordinario aquello que para muchos pasaría desapercibido porque no se pararon a observar la belleza o el trasfondo que una instantánea puede condensar.