El escándalo Sareb y la libido

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Ya que esto va de palabras, lean en la revista Alternativas Económicas las de la economista Carme Trilla (responsable de acción social en Cáritas Barcelona y experta en políticas de vivienda) sobre la Sareb: “¿Por qué un señor que pagaba una hipoteca de 100.000 euros pierde el piso porque no puede pagarla y este piso pasa a la Sareb por 20.000? ¿Por qué no se le ha dado la posibilidad de una quita al endeudado?”

 
Ya que esto va de palabras, lean en la revista Alternativas Económicas las de la economista Carme Trilla (responsable de acción social en Cáritas Barcelona y experta en políticas de vivienda) sobre la Sareb: “¿Por qué un señor que pagaba una hipoteca de 100.000 euros pierde el piso porque no puede pagarla y este piso pasa a la Sareb por 20.000? ¿Por qué no se le ha dado la posibilidad de una quita al endeudado?”.

 

“P. De facto, a los promotores se les ha hecho.
Sí, y es que además quizá el señor en cuestión hubiera podido pagar 20.000, o incluso 50.000. A las familias se las ha echado a la calle. Han perdido el piso; el banco se ha encontrado con una vivienda vacía; ha sido necesario crear la Sareb; hemos tenido que financiar entre todos el diferencial de precios, y ahora estamos ofreciendo los pisos sin control de plusvalías a compradores-especuladores que probablemente tampoco los van a ocupar esperando su revalorización. Todo ello constituye una operación calificable de escándalo histórico. Cuando se le ha echado en cara a la responsable de la Sareb, ha respondido: “Como no hemos dicho a qué precio vendemos o compramos, todo son suposiciones”. ¡Alardea de falta de transparencia!, en una operación sustentada sobre fondos públicos»Aquí, la entrevista. 

 

También está pasando esto: tienes tu hipoteca con un banco, un día recibes la comunicación de que tu acreedor ha cambiado –porque el banco ha vendido tu hipoteca- en teoría tenías un derecho de retracto y nueve días para ejecutarlo (podrías saldar tu deuda al mismo precio que la ha vendido el banco) pero sólo te enteras cuando ya han hecho la operación. O lo que ha hecho la Comunidad de Madrid en el ensanche de Vallecas: ha vendido empaquetados (es la moda…) los pisos de alquiler público a un fondo de inversión; los inquilinos han recibido una comunicación de que ese fondo es el nuevo dueño. El fondo ha pagado por sus pisos una media de 67.000 euros, pero ellos no han tenido la oportunidad de decir: a ese precio también lo compro yo; han sido hechos consumados. Cuando acabe el periodo de alquiler garantizado, los inquilinos no saben si tendrán garantías de seguir o posibilidad de comprar su piso. Además, esas promociones se han hecho con financiación pública, y ahora el fondo las gestiona y, obviamente, trata de que den beneficios. Cuando el fondo se haya rentabilizado lo suficiente, venderá el paquete en bolsa, habrá un nuevo dueño y vuelta a empezar.  Es como un desfalco a gran escala, a la vista de todos; lo tremendo es que la mayoría de los medios no prestan atención a estas cosas.

 

 

Para cambiar de tercio, unas saludables recomendaciones de mi filóloga de cabecera (Pilar Ruiz-Va):

 

“Se tenga como se tenga la libido, ¿no te ocurre que a veces dudas si acentuarla como llana o como esdrújula…? En ese caso, no hay que temer, no se trata de ningún tipo de frigidez, impotencia sexual ni eyaculación precoz: el diagnóstico es “problema de acentuación”. Lo solucionamos rápidamente.

 

Aunque, el error se produce con gran probabilidad por influencia del adjetivo esdrújulo lívido (amoratado o intensamente pálido), se haya extendido el uso de *líbido como esdrújula, se trata de un error: el deseo sexual se expresa con el sustantivo libido, que es llana. Nada de “El problema de su descenso de *líbido” ni “En ocasiones los anticonceptivos tienen como efecto secundario una disminución de la *líbido”: siempre libido, siempre. Lo correcto es decir “El problema de su descenso de libido” y “En ocasiones los anticonceptivos tienen como efecto secundario una disminución de la libido”.

 

Soy coruñesa con algo de portuguesa, recriada en Madrid. Como tengo tendencia a la dispersión, estudié Ciencias Políticas. Aparte de varios oficios de supervivencia, he sido socióloga, traductora, documentalista y, finalmente, editora y redactora en El País durante veinte años. En mi primer colegio de monjas tuve la suerte de aprender bien latín. Pasar de las monjas al instituto público Beatriz Galindo de Madrid, donde enseñaban Gerardo Diego, Manuel de Terán, Luis Gil…, fue definitivo para cambiar de fase. Creo que si falla el lenguaje, falla el pensamiento y falla la razón.