El espejo de la infanta

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Como cada uno de nosotros, Cristina de Borbón ha dejado de ser quien era para ser otra. Cada uno es la suma de todos los que fue y, en definitiva, algo distinto: lo que es ahora. El poso empírico, al contrario del de la taza de café, no se fija, está en permanente movimiento y nos transforma.

 

Como cada uno de nosotros, Cristina de Borbón ha dejado de ser quien era para ser otra. Cada uno es la suma de todos los que fue y, en definitiva, algo distinto: lo que es ahora. El poso empírico, al contrario del de la taza de café, no se fija, está en permanente movimiento y nos transforma.

 

Atrás quedó, en el caso de la Infanta, la mujer grácil, cosmopolita, residente en Barcelona, trabajadora en una institución privada y casada con un plebeyo, deportista de éxito y especializado en dirección de empresas. Aquel era un relato que se opaca frente a la imagen que devuelve el video publicado por El País cuando responde a las preguntas de su abogado, Pau Molins, ante el tribunal del caso Nóos.

 

Las incipientes arrugas, la piel mate, las pronunciadas ojeras, todo son noticias en ese rostro contraído que antes brillaba frente a la novedad cotidiana de una rutina blanda. Aunque la revelación más severa que da la imagen es la resignación ante lo incierto. El periodista de El País, Íñigo Domínguez, cuenta un off the record. Al preguntarle a la Infanta en un descanso del juicio cómo se encontraba, ella le respondió con otra pregunta: «¿Cómo quiere que esté?».

 

Al ser un off the record no aparece en el video pero las imágenes muestran claramente la respuesta.

 

«¿Podría decir a este tribunal en cuantas personas confía usted?», le pregunta su abogado durante la vista. «¿Confío o confiaba?», matiza la Infanta. Un primer momento de distención se permiten casi todos los presentes con un una risa discreta, e incluso la interrogada esboza también una leve sonrisa marcada de ironía. «Podemos diferenciar conocimiento histórico del sobrevenido pero vamos a empezar, ya que la imputación tiene que ver con los años 2007 y 2008, en esa época: ¿en cuántas personas confiaba usted?”. Y Cristina de Borbón enumera, como respuesta, siempre en tiempo pasado, una lista que comienza con su marido.

 

El mundo ya no es el que era, ni para ella ni para la Casa Real.

 

En el relato El cumpleaños de la Infanta de Oscar Wilde, la pequeña protagonista del cuento invita a palacio a un enano que la divirtió en la fiesta de su cumpleaños. Al llegar el bufón y mientras espera a su anfitriona se enfrenta a un espejo. La imagen que le devuelve de sí mismo, la primera a la que asiste en su vida, es de un ser deforme y monstruoso a tal punto que no la soporta y cae desplomado. Cuando llega la niña al salón le exige que se incorpore y baile para ella. El chambelán le dice que eso es imposible porque al enano se le ha roto el corazón. La Infanta decide, entonces, no permitir la entrada a palacio a nadie que tenga corazón.

 

Da la impresión, ante las imágenes que vemos en el video, que la lista que enumera Cristina de Borbón, encabezada por el exduque de Palma y que incluye, según expresa, a su «entorno más cercano», son todas personas que preferiría que no vuelvan a entrar en su vida.

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Miguel Roig
Escritor, periodista y publicitario argentino. Escribe regularmente en eldiario.es, infoLibre.es, tintaLibre y en los periódicos argentinos Perfil, La Capital y El Litoral. Su último libro es «El Marketing Existencial» (Península, 2014).