El éxito y su Reino Unido

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Escribo ahora con un té británico en vaso, mezcla de tés negros de India, Sri Lanka y Kenia.

Saco el té de la bolsita y lo echó al cacito de agua a punto de hervir, finalmente lo cuelo y me sirvo.

Escribo sobre mi relación con la isla grande y el trozo pequeño de isla al lado mientras bebo:

Mi tío Vicente (el hermano de mi madre, nacido en El Toboso en 1948) se fue a vivir al Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte de joven y allí sigue, con su mujer galesa Libby, sus dos hijas y cuatro nietos. Cada cierto tiempo nos vemos y tomamos un té juntos, con o sin leche, en Romsey o en el pueblo de Dulcinea.

Mi madre fue profesora de inglés, idioma que perfeccionó allí. Ella recuerda el curry de los ochenta y la libertad.

Por la mañana desayuno porridge, plato típico escocés, copos de avena cocidos con miel, canela y avellanas picadas. Es, además, una de las recetas de Hogwarts que prepara el elfo liberado Dobby Doyle sin darse cuenta.

Recuerdo el libro leído en inglés Monsignor Quixote, de Graham Greene.

Recuerdo también Youth, de J. M. Coetzee, el Londres de los años sesenta.

Icons of England by Bill Bryson.

The Sun.

The Guardian.

Recuerdo el viaje a Belfast para conocer lo que quedaba del otro grupo terrorista que también mataba cuando era niño, como ETA aquí. Recuerdo el viaje a Gibraltar y volver a pasear el sábado por el supermercado Morrisons, porque el Eroski estaba cerrado por ser día de sabbat (שבת).

Pero se me va acabando el té, queda un cuarto:

Recuerdo mi primer viaje fuera de España, a Londres, con mi amigo Israel. Recuerdo ir a visitar la tumba de Marx y luego perdernos buscando un estadio de fútbol (del Tottenham) y acabar comiendo un bocadillo en el Subway de un centro comercial. Recuerdo ir al barrio de Osterley a ver por fuera la casa donde vivió mi madre y tomar café al lado de la biblioteca.

Recuerdo a una mujer dando la misa en Liverpool, las banderas británicas dentro de las iglesias anglicanas de Cardiff, paquistaníes jugando al criquet, zorros y caracoles saliendo tras la lluvia, las amapolas a los soldados muertos, el olor de una flor en concreto de Brístol…

Y recuerdo recordar una tarde con mi tío en Romsey cuando visité el antiguo barrio inglés del pueblo de Riotinto en la provincia de Huelva. Recuerdo el bar del club en el que entramos, eran iguales en ambos pueblos, los sillones, la madera, la barra. Recuerdo recordar hablar con mi tío de su juventud por España.

Al final fuimos a la iglesia anglicana, donde acude, donde traduce la hoja informativa sobre el lugar del inglés al español. Recuerdo leerla con mucha emoción en el tren de vuelta.

Pero se me acaba el té, tenía más cosas que escribir y contar, pero ya no queda casi nada. Mañana se ejecuta el brexit (salida de UK de la UE) y no bastará con mostrar el DNI al llegar en avión o por túnel, tendremos que ser más extranjeros, más nosotros y menos los otros, y viceversa.

Apuro lo último del té:

Siempre me gustó del inglés la palabra exit: salida: éxito: porque el éxito, en cualquier campo, siempre soluciona algo, supone dejar atrás por fin, implica la salida efectiva. Recuerdo esa palabra allí, escrita en mayúsculas y junto a las puertas. Creo que puede ser la palabra pública escrita más utilizada del mundo, junto a calle y stop.

Creo que sí.


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