El factor humano

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Todavía no se ha dilucidado si la primera víctima del Tesla lo fue por un fallo tecnológico o por culpa de Harry Potter. Lo que parece empezar a estar claro es que junto a la sostenibilidad del planeta necesitamos también prestarle un poco de atención a sus habitantes. De lo contrario no se podrán sostener.

 

El perfil de Nikola Tesla podría ser compatible con el de cualquier emprendedor del Silicon Valley. Los familiarizados con el mundo de la ingeniería eléctrica, sin duda, sabrán porqué. El curriculum de Tesla es tan desconocido para los profanos como inabarcable. Nació a mediados del XIX en Serbia entonces Imperio austrohúngaro, en el umbral de la primera revolución industrial y emigró a Estados Unidos para, entre otras cosas, sentar las bases de los sistemas modernos de corriente alterna que facilitaron el surgimiento de la segunda revolución industrial. En pocas palabras, Tesla llegó al mundo cuando el vapor empezaba a moverlo y él lo sustituyó por electricidad.

 

Elon Musk, al igual que Nikola Tesla es también físico e inventor, creador del primer automóvil eléctrico viable para los criterios de producción masivos y que ha lanzado además, el primer coche con piloto automático, es decir, que se maneja solo. Bautizó sus vehículo con el nombre de Tesla en honor a Nikola.

 

Musk encargó a los hermanos Frise, unos gemelos estadounidenses que ruedan videos y cortos artísticos para las marcas, un spot para el nuevo modelo de Tesla. Los Frise Brothers –así firman sus trabajos– recrearon un mundo apocalíptico en un desierto con pozos de petróleo agonizantes en un blanco y negro cargado de pesimismo y polución en el que un Tesla, autosuficiente, eléctrico y solitario, irrumpe para rescatar a la pareja de sobrevivientes de esa distopía. De fondo, se escucha la voz de Nikola Tesla. ¿Quieren oírla? Pinchen aquí. Es un encendido discurso que pronuncia para proclamar su defensa de la energía eléctrica, a principios del siglo veinte, en detrimento del carbón y el petróleo. «No es un sueño, dice Tesla, es una tarea simple para la ciencia: la energía eléctrica puede mover las máquinas del mundo sin carbón, petróleo o gas».

 

Hace unos días, se produjo el primer accidente mortal que se cobró la vida del conductor de un Tesla. El conductor, que no lo conducía ya que se dejaba llevar por el piloto automático, se estrelló contra un camión y al parecer, en el momento del siniestro, venía leyendo una novela de Harry Potter.

 

El nuevo paradigma o la tercera revolución industrial, la de las nuevas tecnologías, nos lleva a este tipo de avances, el de un coche que se alimenta con energías renovables y nos permite hacer otra cosa que no sea conducirlo mientras nos desplazamos. Un futuro que nos pisa los talones y que encierra múltiples contradicciones. Por una parte, está dando pie a la economía colaborativa. Este sistema permite que, por ejemplo, en Alemania, el 27% de la energía sea verde, es decir, renovable y esté en manos de cooperativas y no de compañías privadas. También hace posible la aparición de los «prosumidores», consumidores que, según explica el sociólogo Jeremy Rifkin, producen aquello que consumen. Así mientras del Silicon Valley sale un coche sostenible, en Chicago ya hay noticias de quienes se hacen un vehículo en casa con una impresora 3D. Suena exagerado. También sonaba raro hace diez años que con el móvil compraríamos entradas para el cine, un billete de avión y que en su pantalla un código QR sustituiría a la tarjeta de embarque. Por un lado, el mundo se vuelve sostenible pero por otro está desapareciendo el trabajo. En algunos supermercados de El Corte Inglés ya hay tantas puestos con cajeros físicos como automáticos para pagar la compra. En las fábricas los trabajadores desaparecen al tiempo que son sustituidos por la robotización. Hace años Richard Sennett señalaba que la clase obrera se había trasladado a Asia. Hoy parece irse diluyendo en el espacio virtual.

 

Todavía no se ha dilucidado si la primera víctima del Tesla lo fue por un fallo tecnológico o por culpa de Harry Potter. Lo que parece empezar a estar claro es que junto a la sostenibilidad del planeta necesitamos también prestarle un poco de atención a sus habitantes. De lo contrario no se podrán sostener.

 

«Nuestro deber es sentar las bases para los que van a venir y para señalar el camino», dice Tesla en el spot. Escúchenlo un momento con los ojos cerrados. No miren el coche.

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Miguel Roig
Escritor, periodista y publicitario argentino. Escribe regularmente en eldiario.es, infoLibre.es, tintaLibre y en los periódicos argentinos Perfil, La Capital y El Litoral. Su último libro es «El Marketing Existencial» (Península, 2014).