El festín de los Ex

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Un par de semanas atrás se reunió en Madrid una serie de personajes bajo el patrocinio de la Fundación Botín (Banco Santander) para hablar de México y su futuro. Uno de los actos más cínicos que se hayan visto en el ámbito de la política hispanoamericana de los últimos tiempos.

 

 Con el titulo de «México: entre Norte y Sur» (25-26 de octubre 2010), se dieron cita bajo la curaduría –por llamarle así- del ex presidente Carlos Salinas de Gortari un grupo de connotados salinistas y compañeros de viaje del salinismo con el fin de exhibirse y exhibir sus ideas. Entre ellos se coló el distinguido delegado de una gran corporación comunicativa de España, quien recuerda aquel aforismo de Oscar Wilde: no hay nada mejor que una mala reputación, ¿verdad?

 

 Fue convocado también un ex secretario de Hacienda mexicano (vinculado en la prensa a diversos actos de corrupción y nexos con el crimen organizado que nunca fueron investigados por las autoridades). Y ofreció recetas de mejoría que más de uno se preguntó al oírlo qué hizo entonces mientras estuvo en puestos de poder público.

 

 En las mesas de debate fue invitado a su vez un ex procurador de la República, que debió salir de dicha oficina rodeado de un escándalo de corrupción que implicó a sus principales subordinados y delató el grado extremo de corruptelas en el gobierno de Felipe Calderón. Y a su lado se convidó al mexico-salvadoreño Joaquín Villalobos, asesor en materia de seguridad del presidente Calderón y su estrategia fallida contra el narcotráfico, co-responsable confeso del asesinato del poeta Roque Dalton décadas atrás en El Salvador. 

 

 Asimismo, fueron a charlar en dicho foro dos ex funcionarios electorales que en su momento se negaron a indagar los presuntos nexos del ex presidente Vicente Fox con el Cártel de narcotraficantes de Juárez a través de su organismo de financiamiento Amigos de Fox: pretextaron limitaciones y vacíos en la legislación. Hoy presumen en el exterior su “visión de Estado” y sus cercanos los quieren, cada uno por su lado, candidatos a la presidencia de México.

 

 Por último, se anunció a un ex subordinado de tal ex presidente: Marcelo Ebrard, ex priísta disfrazado de adepto al Partido de la Revolución Democrática que ha tenido una nefasta actuación como gobernante del Distrito Federal, territorio estragado por sus redes clientelares, autoritarismo, destrucción de patrimonio cultural, inseguridad, auge del narco-menudeo, ineficacia de los servicios públicos, coacción a los ciudadanos disidentes, sumisión al capital privado, etcétera.  

 

 El poder de Ebrard viene sobre todo de una eficiente política de cariz mediático y de populismo espectacular (apropiación de espacios públicos como el Zócalo o Plaza Mayor, playas artificiales en verano, o pista de hielo en invierno), aunada a una agenda “arco-iris” (bodas entre personas del mismo sexo) y defensa de algunos derechos de la mujer (legalización del aborto). 

 

 Su fe laica lo ha llevado a enfrentar a los personajes más oscurantistas (y zafios) de la iglesia católica… a cuenta del erario público y el uso del poder a favor de su propia imagen: quiere ser presidente de la República a fuerzas. Falto de arraigo electoral que no provenga de sus clientes, este político tiene la aprobación de muchos intelectuales y universitarios mexicanos que le perdonan todo con tal de disponer de un candidato “progresista”. Su grupo se aproxima a los veinte años de medrar del gobierno del Distrito Federal como una secta feroz.

 

 Sin embargo,  y aunque se negó de último momento a participar en aquel foro cuando supo que la prensa le asociaría con el ex presidente mejor conocido como “El Innombrable”, Ebrard parece ser la carta oculta del propio Salinas de Gortari si llega a flaquear la candidatura presidencial de algún priísta, como el actual gobernador del estado de México, Enrique Peña Nieto.

 

 ¿Debo recordar que el propio Carlos Salinas de Gortari fue denunciado públicamente por el ex presidente Miguel de la Madrid en entrevista con la comunicadora Carmen Aristegui meses atrás como protector del narcotráfico al lado de su familia, y luego quiso desdecirse ante el peso de sus palabras? ¿O que la Procuraduría General de la República se negó a proseguir la investigación que el gobierno suizo recomendó a México sobre el origen oscuro de más de 100 millones de dólares de la familia Salinas de Gortari en un banco de allá?

 

Que semejante banda oligárquica vaya a España a entonar sus corridos y hablar del presente y el futuro de México es una auténtica barbaridad. Sobre todo cuando diversos medios comunicativos hispanos dieron una cobertura sobre-dimensionada a alguien tan cuestionable como Ebrard. Eso sí: el foro de “los ex” define la idea del futuro más evitable a toda costa.

Sergio González Rodríguez (Ciudad de México). Estudió Letras Modernas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es narrador y ensayista. Ha sido músico de rock, editor de libros y suplementos culturales y profesor en estudios de postgrado. Desde 1993 es consejero editorial y columnista del diario Reforma y del suplemento cultural El Angel. En 1992 fue Premio Anagrama de Ensayo (finalista ex aequo) en Barcelona, España, con la obra El centauro en el paisaje, y en 1995 recibió el Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez. Dos veces ha sido becario de la Fundación Rockefeller. Autor de diversos libros, en 2002 publicó su relato sobre violencia, narcotráfico y asesinatos contra mujeres en la frontera de México y Estados Unidos titulado Huesos en el desierto, que fue finalista del Premio Internacional de Reportaje Literario Lettre/Ulysses 2003 en Alemania, obra que se ha traducido al italiano y al francés. En 2004 publicó la nouvelle El plan Schreber, en 2005 una novela titulada La pandilla cósmica y en 2006 su ensayo narrativo De sangre y de sol. En 2008 publicó su novela El vuelo y en 2009 su crónica-ensayo sobre decapitaciones y usos rituales de la violencia El hombre sin cabeza, ya traducida al francés. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte de México.