El fin de la ingenuidad

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Todo cuerpo tiene su límite y la sociedad no deja de ser un desmembrado tronco que ya no aguanta ni un golpe más. Intuyo, y es que hoy es el Día Internacional del Optimismo, que vamos despertando. Falta mucho, pero hay síntomas positivos. El hecho de que la mayoría de los españoles identifiquen a los bancos como a las entidades con más poder, por encima del Gobierno; la denuncia presentada por dos estudiantes de Harvard contra los registros excesivos en los aeorpuertos de EEUU bajo la disculpa del medio colectivo inoculado por los mismos agentes del poder; las filtraciones de Wikileaks, nada nuevas pero siempre esclarecedoras… Pareciera que se acerca el fin de la ingenuidad o, al menos, que todo se está sincerando, que ahora aceptamos sin vaselina hechos que hace unos años hubieran tumbado gobiernos o, al menos, causado estupor. ¿Será que ya no vamos a convivir más con esta doble moral que parece triple?

Por ejemplo, es una joya de sinceridad compartida la tibieza de los medios occidentales ante la detención de Julian Asange -no quiero pensar cuál hubiera sido la alharaca mediática si esto hubiera acontecido en Irán o en Bolivia-. Otro bombón para el fin de la ingenuidad -al menos de la mía- es la indignación del mundo occidental acaudalado con la imposibilidad de Liu Xiabo de acudir a recoger el Nobel de la Paz a Estocolmo: se individualiza el drama (esas telenovelas nos encantan) y casi no se habla de la violación de Derechos Humanos en China en las maquilas cósmicas donde se fabrica casi todo lo que en nuestro tiempo usamos. Y uno de mis preferidos: los reporteros (bien) educaditos cuentan con fascinación cómo en la Cumbre de Cancún no se ha conseguido un carajo pero todos andamos felices porque al menos se ha firmado un papel no vinculante que, además, viola la decisión de quer todos los acuerdos sean por consenso.

Estoy fascinado con este momento histórico de sinceridad o de estupidez. Si hasta ahora el poder se reía de nosotros en la oscuridad de sus catacumbas, ahora ya o puede hacer con luz y taquígrafos. Creo que me voy a unir a Anonymous para bociotearme a mi mismo.

Me perdí en Otramérica, esa que no es Iberoamérica, ni Latinoamérica, ni Indoamérica, ni Abya Yala... y que es todas esas al tiempo. Hace ya 13 años que me enredé en este laberinto donde aprendí de la guerra en Colombia, de sus tercas secuelas en Nicaragua, de la riqueza indígena en Bolivia o Ecuador, del universo concentrado de Brasil o de la huella de las colonizaciones en Panamá, donde vivo ahora. Soy periodista y en el DNI dice que nací en Murcia en 1971. Ahora, unos añitos después, ejerzo el periodismo de forma independiente (porque no como de él), asesoro a periódicos de varios países de la región (porque me dan de comer) y colaboro con comunidades campesinas e indígenas en la resistencia a los megaproyectos económicos (porque no me como el cuento del desarrollismo). Este blog tratará de acercar esta Otramérica combatiendo con palabras mi propio eurocentrismo y los tópicos que alimentan los imaginarios.