El Frac del 29

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Auténtico Frac del 29

 

 

En medio de esta crisis mundial (fatalidad de Lemmings Brothers) solo se me ocurre a mí buscar un negocio en el que invertir los pocos ahogos que guardo en el banco.


   No veía ninguna forma de hacerme rico. Había probado con abonos del estado y jugado a la tontería nacional (por si toca). Digo yo, si «dinero llama a dinero», coño, a ver si me devuelve alguna llamada.


   Y la iluminación me llegó un día paseando. Caminaba yo agobiado por los números rojos ¡que no soporto a los pelochos! cuando vi a unas buenas personas que anunciaban abrazos gratis en unos cartones. Al instante oí la voz del pesetillas que todos llevamos dentro: «Hijo, lo barato sale caro» o, «si cuesta más será que es mejor».


   Y a la mañana siguiente me puse al lado de esta buena gente en plan mopa hostil ofreciendo un abrazo por 1 euro.


   Exitazo. Una cola de 200 mujeres se arremolinaba a mi alrededor desde las ocho de la mañana ¡y sólo era el primer día! Me puse un poco nervioso ¿tendría suficientes abrazos para todas? Pero no podía hacerlas esperar, soy un profesional y me debo a mi público.


   Jarro de agua fría, no, más bien jarronazo en la cabeza.


   Se acercó la primera de la cola, había venido con una excursión desde Toledo y me preguntó «¿Qué es eso de un embarazo por 1 euro?»


   Menos mal que siempre llevo el carné de disléxico encima y unas pelotas de humo de esas que llevan los ninjas, que no te volatilizan pero las puedes arrojar a la cara y cuando el enemigo cierre los ojos te hacen invisible.


   No desistí, simplemente cambié de zona y poco a poco fui consiguiendo mis parroquianos. A los tres meses ya éramos dos dando abrazos, con camisetas personalizadas y muñequeras a juego.


   La gente ya no hacía cola porque podían pedir hora.


   Pero llegaron los chinos con sus copias baratas y lo jodieron todo. ¡Ahora que estábamos preparando la versión para Ipad! «Abarazos pol 0`60 céntimos». No podíamos hacer frente ni a su tasa de abrazabilidad ni a sus horarios. Entonces nos volvimos locos porque negocios son negocios y a la competencia desleal hay que hacerle frente hasta la quiebra. Empezamos con el clásico 2×1 y terminamos regalando bolsos de Hermès con los tres primeros abrazos.


   InSOStenible.


   La desesperación casi me llevó a hacer una inversión en alta mar y desaparecer. ¿Quizá el alquiler de ropa para bodas sería el negocio perfecto? Evidentemente no, después del Frac del 29.


   Entonces un buen amigo me sopló una idea. «Invierte en fibra», decía, «es un negocio que te cagas».


   ¡Salvado!


   Y lo vi claro. Me fui al supermercado más cercano a por todos los yogures que tuvieran fibra, porque para ganar dinero hay que gastar dinero. Pero reconozco que me pudo la avaricia, así que los yogures eran mitad Savia de Danone cortados con otros de marca blanca. Durante un tiempo creí haber encontrado el bisnes que me retiraría. Trabajaba los geriátricos, hogares de jubilado y algunas guarderías de la zona. Y diversificando el género: yogur con fibra óptica para los enganchados a la red; un cóctel especial a base de ciruela, manzana rallada y cereales (servido en taza, por supuesto); laxantín para cuando daba el bajón; y el remedio infalible para hacer de vientrilocuo: por la mañana, café y cigarro ¡muñeco de barro!


   Todos sabían que yo tenía la mejor mierda, amigo.


   El problema es que me llegó una partida de ciruelas de Hamburgo que estaban chungas o eso parecía. Llegaron todas golpeadas y pochas, no se habían saltado ni un control de tarazabilidad.


   Menudo marrón. Tuve el negocio tanto tiempo parado que perdí la clientela. Ahora estoy esperando la indemnización de la UE. Pero ya me ha advertido mi amigo: reláxante y espera sentado.


   He estudiado más ofertas y posibles franquicias, y lo mejor que puede hacer cualquier persona es invertir en algo saludable, así que «Hola» y «Adiós».

Si tuviera un título noveliario sería de suspense o de humor y si pudiera viejar me gustaría llegar a los 90 con buena salud. Mi madre siempre me regañaba por ser un optimista, no por ver el vaso medio lleno o medio vacío, sino por creer que podía beber directamente de la botella. También desde pequeño empecé a desarrollar el gusto por la música, ya que carezco de oído y tacto para tocar cualquier instrumento. Me confieso disléxico habitual, de los que van al cine a leer y devora los bocadillos de los cómics. Así que, bienavenidos a este viaje en blogo porque la realidad que nos rodea es diferente según el cristal con el que se mira, pero quizá, haciendo la vista gorda, podamos verla sin cristal. Por tanto, lo que nos queda es tomarnos la vida con mucho rumor, que la certeza absoluta nunca la vamos a tener e, iluminados por la lámpara del genio, veamos las coincidencias y las coinfusiones cotidianas. Que ustedes lo pacen bien.