El guardián entre el centeno

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El guardián entre el centeno siempre ha sido uno de mis libros favoritos. Este libro merece la inmortalidad. Es un libro tocado con una gracia especial, posee una especie de don angélico. Y no quiero decir que el libro sea angelical, sino que tiene algo mágico que cualquier lector puede sentir. La propia imagen del guardián entre el centeno. La imagen del muchacho escondido entre el centeno, vigilando para que los niños no se caigan por el barranco. Es tan maravillosamente absurda que parece exigirnos un acto de fe. Este acto de fe, de devoción y de fe, es el arte. Cualquiera que ame el arte de las palabras y la belleza de la literatura se tendrá que rendir ante esa imagen. Pero ese acto de fe se ve corroborado por la densidad, por la verdad, por la materialidad del cereal elegido, el centeno. Todo el éxito del libro depende de la palabra centeno, del conocimiento que todos nosotros tenemos del centeno, un cereal oscuro, modesto, un cereal de gente pobre, de oscuros inmigrantes centroeuropeos. Y el niño escondido entre el centeno es como un dios, el dios del centeno. Pero ustedes sabrán sin duda que el centeno tuvo un papel muy importante en los cultos y en los misterios antiguos. El cornezuelo de centeno es un hongo que crece espontáneamente en el centeno y que tiene propiedades alucinógenas. Uno dice centeno y piensa en dioses griegos, en misterios y en magia. Y allí está, a pleno sol, y no escondido en misterios ni en magia, nuestro dios americano, como un Pan americano. Pero si Pan es el dios del terror y de la pesadilla, Holden Caulfield es todo lo contrario: un adolescente que siente amor por los demás, que quiere proteger a los que son más pequeños, aunque se trata de un amor extraño, un amor lejano y escondido, escondido entre el centeno. ¡Un adolescente! Ese es otro triunfo del libro, porque América es un país adolescente y también es un país violento y también es un país donde el valor y la temeridad son importantes. Y Holden Caulfield es el sueño de América: un adolescente que no es un salvaje, que no es Pan, un adolescente que cuida de los que son más pequeños. Pero no les impone su cuidado. No pone una barandilla bordeando el precipicio. En América no hay barandillas, y los precipicios son peligrosos. Pero podemos desear que haya alguien que piense en los demás y que se ocupe de vigilar que los más pequeños no se caigan por el terraplén. Holden Caulfield es, en realidad, la república americana. Seguro que el autor nunca lo ha pensado, pero Holden Caulfield representa lo mejor de los republicanos y lo mejor de los demócratas, y en eso reside gran parte de su atractivo. Se preocupa de los demás, como buen demócrata, pero se resiste a colocar una valla en el borde del precipicio, no quiere evitarles a los otros el peligro. Es el control y la ausencia de control al mismo tiempo. Es una metáfora inacabable. En español se suele traducir “guardián” lo que en inglés es “catcher”. Catcher es el que coge, el que coge la pelota en el béisbol por ejemplo. La palabra no puede traducirse, y de este modo el título tiene en español un aire solemne y misterioso que en el original no tiene.

Madrid, 1961. Escritor. Estudió Filología Española en la Universidad Autónoma de Madrid y piano en el conservatorio. Fue pianista de jazz y profesor de español. Vivió en Nueva York durante unos cuantos años y en la actualidad reside en Madrid con su mujer y sus dos hijos. Es autor de las novelas La música del mundo, El mundo en la Era de Varick, La sombra del pajaro lira, El parque prohibido y Memorias de un hombre de madera y del libro de cuentos El perfume del cardamomo. Ganó el premio Bartolomé March por su labor como crítico literario. Ha sido además crítico de música clásica del diario ABC, en cuyo suplemento cultural escribe desde hace varios años su columna Comunicados de la tortuga celeste. Su ópera Dulcinea se estrenó en el Teatro Real en 2006. Acaba de terminar una novela titulada La lluvia de los inocentes.

2 COMENTARIOS

  1. ¿Es un homenaje a John Lennon

    ¿Es un homenaje a John Lennon en el 30 aniversario de su muerte?

  2. A mí también me fascinó, pero

    A mí también me fascinó, pero por distintas razones. Me sorprendió la enorme sensación de verdad que emana de los razonamientos de Caulfield, la célebre conversación con la hermana, la impresión de que Salinger me conocía de algo y había decidido homenajearme incluyendo pensamientos míos en su novela.

    Es obvio que lo que acabo de decir es una suposición absurda, pero cada vez que leo mi pensamiento reproducido en un libro. sé que me encuentro ante un gran escritor. No es narcisismo, es una simple manifestación de la unidad mental de la raza humana. Tal cosa me ha ocurrido con otros libros señeros como El extranjero, El túnel o Corre Conejo, por citar otro autor norteamericano fallecido recientemente.

    Por último, estos arquetipos cercanos a uno tienen la virtud de interpelarnos: Por qué nunca me fui de casa, por qué nunca fui consecuente hasta el final con mis ideas, etcétera. Es una lástima que este hombre escribiera tan poco.

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