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Mientras tantoEl harén de Occidente.

El harén de Occidente.


Vosotras os creéis libres porque  vais destapadas. Mirad vuestros rostros sin derecho a envejecer, vuestros pechos y labios hinchados, vuestro hambre por la talla 38, mientras enriquecéis a grandes hombres de negocios, consejeros, directivos, dueños de laboratorios, de negocios de estética, de moda, de cosmética.

 

Nosotras estamos obligadas a taparnos. Vosotras a destaparos. Nosotras estamos obligadas a no despertar deseo, vosotras estáis obligadas a despertar deseo. ¿Quién está más atrapada?

 

Fatema Mernissi, nació en Fez, es socióloga, profesora de la Universidad de Rabat y especialista en estudios de mujeres en el Islam. Afirma que el harén de occidente es la talla 38 y el imperativo de juventud perpetua.

 

¿Velo sí? ¿velo no?

 

Velo no. El velo es símbolo de sumisión. No es distinción, no es diferencia, es desigualdad. Te tapas el pelo, la cara, hasta la mirada. No despiertes el deseo de los varones. En cuanto a los tuyos propios ni se nos pasa por la mente que puedas tenerlos. Y si se nos pasa es para amputarlos.

 

Pero ellas quieren, es parte de su libertad religiosa.

 

Esto me recuerda la siempre original salida a los debates serios y complejos, que algunos medios eligen no de forma inocente, cuando apelan a la voluntad de las prostitutas  para justificar la legalización de la explotación y comercialización de seres humanos.

 

Para lo que interesa somos sociedad y para lo que no, personas individuales y aisladas que deben decidir. No dejamos a nuestros menores hacer lo que quieran. No permitiríamos que vinieran con una soga al cuello o con esposas en las muñecas. Que alguien quiera  cadenas no significa que las cadenas estén bien. Hay asuntos en los que tenemos que estar de acuerdo: no se puede dar legitimidad pública a conductas que vacían valores y derechos que ha costado siglos conseguir. No todo es relativo.

 

Ahora bien, el deber social de  transmitir a las menores musulmanas partidarias del velo,  que viven en una sociedad en la que ocultar su pelo o su rostro o su mirada, por mandato directo o indirecto de los varones, no se debe permitir, se puede llevar a cabo de muchas formas. La expulsión de un centro educativo porque no existe legislación ni política educativa al respecto, quizá no sea la mejor fórmula.

 

 
Debemos retomar la diferencia entre espacio público y privado y distinguir entre símbolos religiosos que significan lo mismo para varones y mujeres, y símbolos que el espacio público, a través del pacto social que aspira a la igualdad, no puede permitir. El catolicismo en la sociedad occidental, tremendamente discriminatorio con la mujer, ha pasado a segundo plano en la socialización de género, ahora son los medios audiovisuales y la sociedad de consumo los protagonistas absolutos, por eso no todas las comparaciones son válidas.

 

La presión sobre la imagen de las mujeres, su cosificación por parte de los medios y su explotación por el negocio de la estética, son otros frentes que debemos abrir, pero no justifiquemos unas formas de discriminación y violencia con otras.

 

Velo no. Ni harén de oriente ni de occidente.

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